Protagonistas!

Cap 11.- Mi historia

martes, 26 de julio de 2011

Mi vida. Mi historia. Todo lo que forma parte de mi vida parece que no tiene fin. Me gustaría que con toda la fuerza del mundo pudiera decir “por fin, vivieron felices para siempre” pero eso no parecía tocarme a mí. Solo a la gente con verdadera suerte se zafaba de líos grandes, de problemas graves y después estaban tranquilos. Que era todo lo contrario que pasaba conmigo. Conmigo es como si me estuviera cayendo cada vez más en un agujero negro donde no tenía fin y cada vez se ponía más oscuro. Así conmigo está mi vida.
Suspiré.
-¿En qué piensas? –me preguntó después de haber convivido un poco.
-En el futuro –respondí con sinceridad.
Por dentro quería que no preguntara sobre lo sucedido con mi padre. Fingir que nada había pasado frente a mi madre y Bill era como tener que mentirme a mí misma. Mi padre nunca volvió al “reencuentro ni al convivio” se mantuvo distante durante muchas horas y al final solo bajó para despedirse. Aunque su rostro ya no me parecía tan preocupado.
-Te da miedo –me aseguró mientras se le escapaba una de sus risitas. Pero vaya que sí tenía miedo.
Su mano me acarició la pierna tiernamente dándome a entender que no tenía nada por qué temer.
Lo miré con mis ojos brillosos hacia su rostro mientras sonreía de oreja a oreja.
-Hoy que hablé con tus padres –comentó Bill con una sonrisa mientras yo lo miraba atento- me sentí bien conmigo mismo. No sé que le hayas dicho a tu mamá pero cambió mucho su actitud hacia conmigo. Te lo agradezco.
Me miró a los ojos quintándome todo el aliento. Mi corazón latió fuertemente lanzándome a él. Lo besé.
-Neily estoy manejando.
-Lo siento –me disculpé avergonzada- simplemente no pude evitarlo. Creo que fue Kate.
-¿Quién?
Oh oh. Había olvidado decirle que me había gustado un nombre para mi hija, pero no lo había platicado con él.
-Ka-t-e –Tartamudeé hasta sentirme que mis manos comenzaron a temblarme- me gusta ese nombre.
-¿Kate? –su rostro definitivamente no parecía muy convencido- ese nombre…la verdad que no lo sé.
-No es definitivo –me desanimé- aun podemos platicar sobre los nombres.
Y así un largo viaje y una larga charla nos esperaba.
No puedo decir que en la primera charla quedó el nombre de nuestra primera hija porque estaba dándole lata con que quería que se llamara “kate”
-¿Por qué? –renegaba Bill – que te gusta de ese nombre.
La verdad no tenía idea del porque, pero era un nombre que me gustaba mucho. Así que preferimos dejarlo a un lado.
Tampoco era de esperarse que los demás quisieran contribuir a los nombres para la “nueva integrante” decían los chicos cada vez que miraban mi enorme barriga.
“Sophie, Leila, Wendy, Raven, Alex” Ese último se le ocurrió a Tom.
No negaba que los chicos eran una base importante en mi vida. Ellos me hacían tomar muchas fuerzas, incluidos los comentarios absurdos de Tom.
-¿Cuándo explotaras? –Miraba Tom atónito mi abdomen-.
-Ahora- gritaba y al mismo tiempo lo golpeaba con mi barriga. Solo entonces me reia.
Bill aun se mantenía distante conmigo. Cada noche intentaba acariciarlo por las noches y juraba que mi bebe manejaba esa parte de mí. Pero Bill se negaba y se limitaba a dormir “Bunas noches” le susurraba en voz baja mientras intentaba hacer desaparecer el nudo en la garganta.
“Tranquila Kate” acariciaba mi vientre, “tengo la esperanza de que cambiara”
Y la misma rutina de diario comenzaba. Me levantaba, justo al lado de mí se encontraba una rosa..Imaginaria –me gustaba recordar lo que hacía en el pasado- sonreía despreocupada al mirar hacia el otro lado de la cama “vacía” Suspiré.
-Buenos días –canturreó Shelly la nueva sirvienta de la casa y la que me ayudaría a pasar los meses restantes de mi embarazo. Aquella señora robusta con su cabello rubio cenizos y ojos de color gris. Su piel siempre me pareció sudorosa pero nunca con un olor desagradable. –¿Como has amanecido el día de hoy?
-Bien –solté una carcajada. Aquella señora fue gentil conmigo desde el momento en que la contrataron. Me gustaba llamarla por su nombre y no como la sirvienta.
-¿Solo bien?
La miré a los ojos. Asentí con mi cabeza para no tener que lidiar con los resentimientos y palabras tristemente cortantes.
-Shelly necesito de verdad un pedazo de pan con chocolate.
Shelly me miró con los ojos como platos. Tragó saliva e intentó acomodar mi desayuno sobre la cama. Parecía estar pensándolo.
-Perdona, pero que él señor Bill la regañaría.
Olvidé decir que ella tenía el acento un poco extraño y era demasiado cortés.
-No me importa. Hay tantas cosas que Bill me oculta, estoy segura y que tiene de malo ocultarle que comeré un pedazo de chocolate.
-Pero él lo notara –estaba más asustada que yo y eso me dio un poco de risa.
-Descuide –la tomé por los hombros- no la despedirán por mi culpa. Usted mantendrá su trabajo después de cuarenta días que haya nacido mi bebe.
Eso la tranquilizó pero no parecía convencerla del todo. Me rendí.
-Todo por una maldita revista –me quejé-.
-Pagan mucho dinero por una fotografía de embarazada y más viniendo de usted –comentó Shelly un poco sonriente.
-Crees que estoy gorda.
-No para nada –se apresuró a decirme-.
-Entonces no creo que un pan con chocolate pueda hacerme más gorda, además mi bebe lo pide a gritos.
Ahora sí que se la estaba pensando. Terminó de acomodarme todo el desayuno completo sobre mi cama; Jugo de naranja, solo un poco, avena, apio, lechuga, un cuarto de leche, yogurt y un huevo estrellado.
-Lo siento mucho –tragó saliva y se retiro.
Después de pensarlo, hubiera sido una buena idea haberla amenazado con su trabajo. Tal vez por eso sonreía.
Desayuné sola –como todos los días- comía sin ganas. Simplemente masticaba lo que los demás llamaban “comida” yo realmente deseaba una hamburguesa, un hot-cake, pastelillos, galletas y chocolates.
Tragué saliva al recordar el dulce sabor y aroma que provocaban en mi boca al morder.
Bajé instantáneamente con mi desayuno para lavarlos yo misma.
-¡Que hace! –Intervino Shelly quitándome los platos sucios- déjeme hacerlo yo.
-Que tiene de malo hacerlos yo misma –solté una carcajada-.
-Entonces estaría haciendo mi trabajo.
Suspiré.
Al detenerme a mirar el estudio en el que estaba rodeada no pude evitar escuchar los sonidos que proferían del último cuarto.
Llegué hasta ahí sin importar lo que dirían como otras veces “Neily, ve a descansar” pero ¿Qué descansaría si todo el tiempo me tenía recostada en mi cama todo el tiempo”
Abrí la puerta solo un poco mientras echaba un ojo. Bill y Tom estaban sentados mientras Gustav golpeaba la batería. Era como si lo estuvieran estudiando para que cometiera un error. Yo solo veía a un chico feliz tocando la batería muy rápidamente.
“Genial” solté al ver a Gustav demasiado rápido tocar la batería.
-¡Neily! –Gritó Tom al verme-.
Me asusté y cerré la puerta rápidamente antes de que me vieran los demás aunque sabía que era demasiado tarde. Lo suficiente para que….
-¡Bill! –exclamé al verlo salir del cuarto-.
-Realmente necesitamos privacidad –dijo seriamente-.
-Lo entiendo –apreté los labios fuertemente- no volveré a hacerlo.
-Perdóname, pero en cuanto salga iremos a comprar algunos muebles para el cuarto del bebe.
Mi risa fue débil a comparación a la de él. Me dio un beso en la mejilla y entró como si nada hubiera pasado.
Me sentí una niña queriendo entrar al estudio de papá. Ahora más que nunca deseaba estar en mi casa, no importaba que yo y mi mamá estuviéramos peleando. Ahora daba todo por estar con ellos.
Me senté en el último escalón de la escalera mientras deprimía mis penas.
-Quita esa cara –pasó Georg a un lado de mí con tres bebidas en la mano-.
Sonreí forzadamente intentando bromear.
-Recuerda que hay un piano –me guiñó el ojo.
Me levanté sin ánimos y fui a la sala en la que se encontraba el piano.
Aunque me parecía demasiado familiar, como si ya hubiera estado ahí hace poco. Fue entonces cuando recordé el incidente que había ocurrido en mi sueño.
Caminé hacia él con timidez hasta tocarlo con las yemas de mi mano.
-Cuando crezcas –aunque pareciera tonto, comencé a hablarle a la única persona que quizá me escucharía- te enseñaré a tocar el piano, como lo hizo mi padre conmigo.
Era difícil tocar el piano ahora que estaba embarazada, pero nada me quitaba las ganas de hacerlo. Toqué una canción que mi padre me enseñó. Fue una de las primeras canciones que hice con él.
Estaba tan concentrada que sin esperarlo, la puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió instantáneamente, haciendo que mi corazón se acelerara esperando lo peor; la continuación de mis pesadillas.

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