Antes que nada disculpen mis faltas de ortografía.
Ahí va una de mis primeras disculpas.
Como ustedes han visto, ya no he publicado ningun capitulo y no es que no deseé escribir más. Si no que simplemente la inspiración se me fue. Y escribir sin inspiración es como escuchar musica sin ningun sentido (Creo que saben a lo que me refiero) Me disculpo también por no avisar o mandar apenas un mensaje despues de tanto tiempo. Espero puedan comprenderme. Han pasado tantas cosas en las cuales me ha sido dificil escribir. Pero estoy segura que muy pronto volveré a escribir para terminar está novela que está apunto de terminar. Y les prometo que pondré lo mejor de mí.
Si desean contactarme pueden meterse a la pagina de Facebook de "Living Without Limits" ahí mismo aparecera mi perfil ;D
Pero el día que vuelvan a escuchar una nueva canción de Tokio Hotel no duden en que pondré un capitulo donde podrán darse cuenta que hasta la forma de pensar en mí ha cambiado.
De antemano muchas gracias por su atencion.
Espero vernos muy pronto.
Protagonistas!
Cap 16
martes, 11 de octubre de 2011
-¡¡¡Aaahhhhhh!!!
Los gritos se hacían cada vez con mayor intensidad sin poder hacer nada al respecto, pues la tia july no hacía nada por callarlos. Y no solamente los hijos de la tia july, también estaban más parientes de los cuales jamás en mi vida había visto. Todos corriendo alrededor de la casa, brincando de un lado a otro sin dejar de gritar. Justo pensé que me iba a volver loca cuando llegó uno de mis primos de Los Angeles quien me parecía demasiado atractivo y muy bien vestido. Aquel chico con quien siempre jugaba desde que era una bebe pero por circunstancias su familia se mudó.
-Isaac –grité de emoción sin dejar de abrazarlo –has crecido.
Y eso era verdad, pues estaba más alto a pesar de ser de la misma edad.
-Tu sigues igual de bella –me dio un beso en la mejilla.
-Pensé que tu familia no vendrían –aun estaba inquieta asimilando que estaba aquí.
-Mi familia dependía mucho de mí, si en el trabajo no me daban el permiso, mi familia no iría por más que yo les rogara, pero hice lo imposible y aquí estoy –señaló sus manos como si me presumiera de su cuerpazo.
Solté una carcajada.
De pronto aquellos angeles que me cantaban el rui señor ahora fueron reemplazados por los gritos de innumerables niños corriendo sin cesar.
-Yo me encargó –sonrió Isaac al juzgar por mi rostro y en un dos por tres logró calmar a los ruidosos mocosos. Suspiré como nunca.
-Neilyy –gritó desde arriba mi madre donde supe que estaba desesperada. Había otro caos en la parte de arriba y es que prefería mil veces estar en la parte de abajo que en la de arriba. ¿Por qué? Fácil; arriba estaban todas las chicas arreglándose y peinándose mientras intentaban cumplir todo lo que se le apeteciera a mi madre…oseaa.
-Neilyy –volvió a gritar mi madre y eso instantáneamente me hizo correr hacia ella.
-¿Qué pasa? –cuando llegué al cuarto de mi madre ya estaba más que lista con su hermoso vestido blanco, su peinado recogido acompañado de su velo. Estaba bellísima, pero no entendía muy bien para que me quisiera. Todas estaban de un lado a otro tratando de peinarse cinco mujeres en un solo espejo.
-Hablo tu tio fredick –estaba un poco preocupada sentada sobre una silla con su cuerpo inclinado apoyándose sobre la pared como si estuviera decaída- vendrán más familiares de lo esperado, cincuenta personas más.
¡Fuck! Pensé inmediatamente.
-No te preocupes mamá, se resolverá pronto, el lugar es apto para muchas personas –mentí- ¿Lo recuerdas? –le guiñé el ojo solo para que eso intentara tranquilizarla y solo lo había logrado un poco.
De pronto sus ojos de estar cansado se abrieron de par en par
-¡¡¡¿¿Y tú que estás esperando??!!! –Me gritó alterada.
Era verdad, ni siquiera estaba lista, solo me había maquillado un poco y el peinado apenas me lo estaba terminando Sandy –otra prima que en años no veía.
Saben…esto de las bodas o fiestas familiares hacen que reúnas a casi toda la familia completa y eso es algo que extrañamente no se ve mucho siempre.
De repente me miré como mi madre, si yo me casara justamente ser vería así mi fiesta. Mi corazón se encendió de nuevo aturdiéndome por completo.
-Apresúrate –me jaló Sandy trayéndome de nuevo al mundo. –Se te hará tarde y tú eres justamente una de las madrinas.
Sandy me llevó justo a donde alguna vez fue mi cuarto y estaba repleto de chicas de mi edad o más chicas.
Eran mis primas pero sentía que las desconocía por completo y me cohibí sin querer.
Sandy me sentó en una silla y comenzó a darme los últimos retoques en mi cabello.
-¿Así que es verdad que eres novia de uno de los integrantes de la banda Tokio Hotel o simplemente es un truco sucio?
-Este hijo es de él.
Los murmullos desaparecieron quedando en total silencio la habitación. Me hizo sentirme demasiado incomoda, deseaba con todas mis fuerzas que por lo menos alguien estornudara.
-¿Y qué será? –alguien por fin quebró el silencio.
-S-e-r-á…u-n-a…n-i-ñ-a –Tartamudeé sin dejar de temblar, pero después de eso los murmullos aparecieron y cada quien volvió a su rutina.
-¿Piensas casarte? –escuché otra voz.
-No lo sé –intentaban recordar un pequeño pensamiento que ya había tenido pocos segundos antes de estar en la habitación. Me era imposible ponerme en los zapatos de mi madre pero todo indicaba ir para esa dirección sin tener otra opción. Ese era mi destino “no planeado”.
Mi corazón intentó volver a la normalidad pero a la vez intentaba quitarme esa sensación de mi cabeza pues en nada me favorecía. Era la boda de mi madre y no la echaría perder por mi culpa de mis caras extrañas.
En cuanto estuve lista no pude evitar correr hacia el baño, me sentía realmente mareada y a la vez nerviosa. Está sería la primera vez que la familia completa conocería a mi novio realmente. ¿Qué pasaría? ¿Se le echarían encima? La prensa lo sabría? Puff! Esa pregunta era obvia. La prensa se entera de todo.
Me puse mi vestido donde claramente podía reflejarse a una gorda. El vestido era rosa palo. Mi figuraba resalta gracias a las piedritas que terminaban debajo de mi busto para que mi vestido dejará caer tela transparente hasta el suelo. Estaba hermoso, lo amé, pero no me quitaba de mi cabeza que pudiera haberlo lucido mucho mejor delgada.
-No es que no te quiera –acaricié a mi bebe- es que estoy demasiado gorda-. Seguido de eso solté una carcajada.
Sonó el clac son típico del automóvil deportivo de Tom. “Son ellos” pensé enseguida. Todos pegaron carrera a la ventana para mirar el automóvil más lujosos del país.
Me miré al espejo acomodando los últimos detalles de mi rostro y accesorio que me hacían falta. Corrí por las prisas y casi tropezaba de no haber sido por mi primo que me sujetó a tiempo.
Bill estaba en la puerta demasiado guapo, con traje y el cabello recogido. Me sonrojé.
-Hola hermoso –lo abracé dándole un beso en la mejilla.
-¿Nos vamos? –sonrió de buena forma abrazándome desprevenida juntando sus labios junto a los míos.
De repente sentí calor.
-Si –sonreí sonrojada-.
De ahí en adelante todas las chicas que terminaban de arreglarse, se fueron hiendo carro por carro. Todas por la prisa y casi cayendo como yo.
Bill no venía solo, como era de esperarse iba acompañado de Alex, Tom y David.
-¿Georg y Gustav? –pregunté a Bill un poco desconcierta sabiendo que ellos vendrían.
-Llevaran compañía- intervino Tom sonriéndome- vienen detrás de nosotros.
Dicho me detuve a mirar hacia atrás antes de subir un pie al auto. Ahí estaban, cada quien muy bien acompañado. ¡Genial! Sonreí y me subí al auto.
-Vaya que han hecho un milagro contigo –mencionó David sin dejar de reir.
-¿Por qué lo dices?
-En ti pude ver el milagro que hace el maquillaje.
- ohh –me enfurecí – pensé que el de las bromas estúpidas era Tom.- sonreí-.
Pude ver por el retrovisor como se le borró la sonrisa instantáneamente.
-Oyee –se quejó Tom-.
-Sin ofender.
-Pues yo estoy de acuerdo con eso –se cruzó de brazos Alex creciéndole una sonrisa.
¿Otra vez ella? ¿Por qué me hace enojar?
Creo que Alex vio lo mismo que yo cuando me giré hacia ella. Alcancé a sentir su mano sobre mi rodilla para que me calmara pero lo ignoré por completo. Inclusive pensé que Tom se pondría enfrente de mí pero la tomó de la mano fuertemente y yo sonreí.
-Pues yo creería en los milagros el día que yo te vea a ti con maquillaje, a ver si así luces por lo menos bonita –todo se silenció brevemente- ohh espera ¿lo traes puesto?
-Neily basta –me gritó Bill.
Guardé silencio acomodándome bien en mi asiento.
-Prefiero salir natural que 20 kilos de maquillaje y de peso.
Les juro que escuche como todos expresaron la “o” de sorpresa y eso me enfureció.
-Alex –le gritó Tom jalándola de la mano- no seas así.
-Estúpida –murmuré por lo más bajo pero creo que algunos si me alcanzaron a leer los labios, incluido Bill.
-Ya basta –dijo David un poco molesto- parecen niñas.
Pensé que de mis labios saldría algo más “horrible” pero en realidad se mantuvo en silencio. Mis pensamientos brevemente los incliné hacia la boda de mis padres y es que lo más extraño de todo es que Alex de pronto tenga ese tipo de actitudes. Pensé que nos llevaríamos mejor pero sin duda con esto solo acabo de darme cuenta que será peor de lo que imaginé.
Bajamos del auto como personas un poco más civilizadas. Hacer de cuenta que nada pasó era una de mis especialidades. Caminamos cada quien de la mano mientras aun mi rostro parecía estar inmovilizada. Mis cejas fruncidas y mis labios apretándolos fuertemente.
-Deberías de ser un poco más educada –opinó Bill justo cuando estábamos lo suficientemente alejados para que nos escuchara la otra pareja que venía detrás de nosotros. Estábamos a punto de llegar a la iglesia y varios de mis familiares nos vieron llegar.
-Ella es la que empieza….
-Alex se refería a que estaba de acuerdo en que Tom hacía las bromas estúpidas –me interrumpió Bill- lo mal interpretaste.
Idiota, pensé enseguida. Rectificando todo me pude dar cuenta de mi grave error y lo peor es que era demasiado tarde.
Pues justo cuando me volteé para pedir una gran disculpa, los familiares se me acercaron sin dejar de ver los rostros admirados por los artistas que me acompañaban. La gente que nunca me habló, de repente ahora me sonreía. Más de alguna chica le pidió una foto a Bill y a Tom mientras yo esperaba de brazos cruzados a mi madre quien no tardaba en llegar.
-Estás hermosa –sonrió mi padre quien me abrazó rápidamente-.
-Gracias papá tu luces verdaderamente guapo-.
No pude evitar echar un vistazo a los varios vestidos que hoy nos acompañaban y más en Alex. Realmente lucía hermosa con el cabello suelto y ondulado y un maquillaje suave. Mis primas lucían del mismo modo que yo pero la única diferencia es que estaba embarazada.
Era la hora, mi madre había llegado luciendo su hermoso vestido blanco. Apenas podía distinguir su vientre quien ya esperaba su bebe. Sonreí de oreja a oreja y comenzamos a caminar hacia el altar. De pronto sentí ponerme en el lugar de mi madre. Tenía un pequeño ramo de flores acompañado de mi novio Bill quien no dejaba de mirarme. Estábamos caminando hacia el altar y nadie me quitaba la mirada de encima. Sin duda le eché la culpa a Bill y Tom. Aun así me sentí nerviosa y una sensación diferente a todo lo que había experimentado. Simplemente grandioso…….
Los gritos se hacían cada vez con mayor intensidad sin poder hacer nada al respecto, pues la tia july no hacía nada por callarlos. Y no solamente los hijos de la tia july, también estaban más parientes de los cuales jamás en mi vida había visto. Todos corriendo alrededor de la casa, brincando de un lado a otro sin dejar de gritar. Justo pensé que me iba a volver loca cuando llegó uno de mis primos de Los Angeles quien me parecía demasiado atractivo y muy bien vestido. Aquel chico con quien siempre jugaba desde que era una bebe pero por circunstancias su familia se mudó.
-Isaac –grité de emoción sin dejar de abrazarlo –has crecido.
Y eso era verdad, pues estaba más alto a pesar de ser de la misma edad.
-Tu sigues igual de bella –me dio un beso en la mejilla.
-Pensé que tu familia no vendrían –aun estaba inquieta asimilando que estaba aquí.
-Mi familia dependía mucho de mí, si en el trabajo no me daban el permiso, mi familia no iría por más que yo les rogara, pero hice lo imposible y aquí estoy –señaló sus manos como si me presumiera de su cuerpazo.
Solté una carcajada.
De pronto aquellos angeles que me cantaban el rui señor ahora fueron reemplazados por los gritos de innumerables niños corriendo sin cesar.
-Yo me encargó –sonrió Isaac al juzgar por mi rostro y en un dos por tres logró calmar a los ruidosos mocosos. Suspiré como nunca.
-Neilyy –gritó desde arriba mi madre donde supe que estaba desesperada. Había otro caos en la parte de arriba y es que prefería mil veces estar en la parte de abajo que en la de arriba. ¿Por qué? Fácil; arriba estaban todas las chicas arreglándose y peinándose mientras intentaban cumplir todo lo que se le apeteciera a mi madre…oseaa.
-Neilyy –volvió a gritar mi madre y eso instantáneamente me hizo correr hacia ella.
-¿Qué pasa? –cuando llegué al cuarto de mi madre ya estaba más que lista con su hermoso vestido blanco, su peinado recogido acompañado de su velo. Estaba bellísima, pero no entendía muy bien para que me quisiera. Todas estaban de un lado a otro tratando de peinarse cinco mujeres en un solo espejo.
-Hablo tu tio fredick –estaba un poco preocupada sentada sobre una silla con su cuerpo inclinado apoyándose sobre la pared como si estuviera decaída- vendrán más familiares de lo esperado, cincuenta personas más.
¡Fuck! Pensé inmediatamente.
-No te preocupes mamá, se resolverá pronto, el lugar es apto para muchas personas –mentí- ¿Lo recuerdas? –le guiñé el ojo solo para que eso intentara tranquilizarla y solo lo había logrado un poco.
De pronto sus ojos de estar cansado se abrieron de par en par
-¡¡¡¿¿Y tú que estás esperando??!!! –Me gritó alterada.
Era verdad, ni siquiera estaba lista, solo me había maquillado un poco y el peinado apenas me lo estaba terminando Sandy –otra prima que en años no veía.
Saben…esto de las bodas o fiestas familiares hacen que reúnas a casi toda la familia completa y eso es algo que extrañamente no se ve mucho siempre.
De repente me miré como mi madre, si yo me casara justamente ser vería así mi fiesta. Mi corazón se encendió de nuevo aturdiéndome por completo.
-Apresúrate –me jaló Sandy trayéndome de nuevo al mundo. –Se te hará tarde y tú eres justamente una de las madrinas.
Sandy me llevó justo a donde alguna vez fue mi cuarto y estaba repleto de chicas de mi edad o más chicas.
Eran mis primas pero sentía que las desconocía por completo y me cohibí sin querer.
Sandy me sentó en una silla y comenzó a darme los últimos retoques en mi cabello.
-¿Así que es verdad que eres novia de uno de los integrantes de la banda Tokio Hotel o simplemente es un truco sucio?
-Este hijo es de él.
Los murmullos desaparecieron quedando en total silencio la habitación. Me hizo sentirme demasiado incomoda, deseaba con todas mis fuerzas que por lo menos alguien estornudara.
-¿Y qué será? –alguien por fin quebró el silencio.
-S-e-r-á…u-n-a…n-i-ñ-a –Tartamudeé sin dejar de temblar, pero después de eso los murmullos aparecieron y cada quien volvió a su rutina.
-¿Piensas casarte? –escuché otra voz.
-No lo sé –intentaban recordar un pequeño pensamiento que ya había tenido pocos segundos antes de estar en la habitación. Me era imposible ponerme en los zapatos de mi madre pero todo indicaba ir para esa dirección sin tener otra opción. Ese era mi destino “no planeado”.
Mi corazón intentó volver a la normalidad pero a la vez intentaba quitarme esa sensación de mi cabeza pues en nada me favorecía. Era la boda de mi madre y no la echaría perder por mi culpa de mis caras extrañas.
En cuanto estuve lista no pude evitar correr hacia el baño, me sentía realmente mareada y a la vez nerviosa. Está sería la primera vez que la familia completa conocería a mi novio realmente. ¿Qué pasaría? ¿Se le echarían encima? La prensa lo sabría? Puff! Esa pregunta era obvia. La prensa se entera de todo.
Me puse mi vestido donde claramente podía reflejarse a una gorda. El vestido era rosa palo. Mi figuraba resalta gracias a las piedritas que terminaban debajo de mi busto para que mi vestido dejará caer tela transparente hasta el suelo. Estaba hermoso, lo amé, pero no me quitaba de mi cabeza que pudiera haberlo lucido mucho mejor delgada.
-No es que no te quiera –acaricié a mi bebe- es que estoy demasiado gorda-. Seguido de eso solté una carcajada.
Sonó el clac son típico del automóvil deportivo de Tom. “Son ellos” pensé enseguida. Todos pegaron carrera a la ventana para mirar el automóvil más lujosos del país.
Me miré al espejo acomodando los últimos detalles de mi rostro y accesorio que me hacían falta. Corrí por las prisas y casi tropezaba de no haber sido por mi primo que me sujetó a tiempo.
Bill estaba en la puerta demasiado guapo, con traje y el cabello recogido. Me sonrojé.
-Hola hermoso –lo abracé dándole un beso en la mejilla.
-¿Nos vamos? –sonrió de buena forma abrazándome desprevenida juntando sus labios junto a los míos.
De repente sentí calor.
-Si –sonreí sonrojada-.
De ahí en adelante todas las chicas que terminaban de arreglarse, se fueron hiendo carro por carro. Todas por la prisa y casi cayendo como yo.
Bill no venía solo, como era de esperarse iba acompañado de Alex, Tom y David.
-¿Georg y Gustav? –pregunté a Bill un poco desconcierta sabiendo que ellos vendrían.
-Llevaran compañía- intervino Tom sonriéndome- vienen detrás de nosotros.
Dicho me detuve a mirar hacia atrás antes de subir un pie al auto. Ahí estaban, cada quien muy bien acompañado. ¡Genial! Sonreí y me subí al auto.
-Vaya que han hecho un milagro contigo –mencionó David sin dejar de reir.
-¿Por qué lo dices?
-En ti pude ver el milagro que hace el maquillaje.
- ohh –me enfurecí – pensé que el de las bromas estúpidas era Tom.- sonreí-.
Pude ver por el retrovisor como se le borró la sonrisa instantáneamente.
-Oyee –se quejó Tom-.
-Sin ofender.
-Pues yo estoy de acuerdo con eso –se cruzó de brazos Alex creciéndole una sonrisa.
¿Otra vez ella? ¿Por qué me hace enojar?
Creo que Alex vio lo mismo que yo cuando me giré hacia ella. Alcancé a sentir su mano sobre mi rodilla para que me calmara pero lo ignoré por completo. Inclusive pensé que Tom se pondría enfrente de mí pero la tomó de la mano fuertemente y yo sonreí.
-Pues yo creería en los milagros el día que yo te vea a ti con maquillaje, a ver si así luces por lo menos bonita –todo se silenció brevemente- ohh espera ¿lo traes puesto?
-Neily basta –me gritó Bill.
Guardé silencio acomodándome bien en mi asiento.
-Prefiero salir natural que 20 kilos de maquillaje y de peso.
Les juro que escuche como todos expresaron la “o” de sorpresa y eso me enfureció.
-Alex –le gritó Tom jalándola de la mano- no seas así.
-Estúpida –murmuré por lo más bajo pero creo que algunos si me alcanzaron a leer los labios, incluido Bill.
-Ya basta –dijo David un poco molesto- parecen niñas.
Pensé que de mis labios saldría algo más “horrible” pero en realidad se mantuvo en silencio. Mis pensamientos brevemente los incliné hacia la boda de mis padres y es que lo más extraño de todo es que Alex de pronto tenga ese tipo de actitudes. Pensé que nos llevaríamos mejor pero sin duda con esto solo acabo de darme cuenta que será peor de lo que imaginé.
Bajamos del auto como personas un poco más civilizadas. Hacer de cuenta que nada pasó era una de mis especialidades. Caminamos cada quien de la mano mientras aun mi rostro parecía estar inmovilizada. Mis cejas fruncidas y mis labios apretándolos fuertemente.
-Deberías de ser un poco más educada –opinó Bill justo cuando estábamos lo suficientemente alejados para que nos escuchara la otra pareja que venía detrás de nosotros. Estábamos a punto de llegar a la iglesia y varios de mis familiares nos vieron llegar.
-Ella es la que empieza….
-Alex se refería a que estaba de acuerdo en que Tom hacía las bromas estúpidas –me interrumpió Bill- lo mal interpretaste.
Idiota, pensé enseguida. Rectificando todo me pude dar cuenta de mi grave error y lo peor es que era demasiado tarde.
Pues justo cuando me volteé para pedir una gran disculpa, los familiares se me acercaron sin dejar de ver los rostros admirados por los artistas que me acompañaban. La gente que nunca me habló, de repente ahora me sonreía. Más de alguna chica le pidió una foto a Bill y a Tom mientras yo esperaba de brazos cruzados a mi madre quien no tardaba en llegar.
-Estás hermosa –sonrió mi padre quien me abrazó rápidamente-.
-Gracias papá tu luces verdaderamente guapo-.
No pude evitar echar un vistazo a los varios vestidos que hoy nos acompañaban y más en Alex. Realmente lucía hermosa con el cabello suelto y ondulado y un maquillaje suave. Mis primas lucían del mismo modo que yo pero la única diferencia es que estaba embarazada.
Era la hora, mi madre había llegado luciendo su hermoso vestido blanco. Apenas podía distinguir su vientre quien ya esperaba su bebe. Sonreí de oreja a oreja y comenzamos a caminar hacia el altar. De pronto sentí ponerme en el lugar de mi madre. Tenía un pequeño ramo de flores acompañado de mi novio Bill quien no dejaba de mirarme. Estábamos caminando hacia el altar y nadie me quitaba la mirada de encima. Sin duda le eché la culpa a Bill y Tom. Aun así me sentí nerviosa y una sensación diferente a todo lo que había experimentado. Simplemente grandioso…….
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Cap 16
Cap. 15
martes, 20 de septiembre de 2011
-¿De qué pretendes hablar? –me miró divertida Fanny.
Miré atentamente su rostro. Me fascinaba tener que interpretar este hermoso papel en el que tenía que interrogar a la culpable.
-Lo que no entiendo es….¡¡¿EN QUE DIABLOS PENSABAS??!!
Ella soltó una carcajada fingiendo detenerse. Continuó de un lado a otro como si estuviese pensando en alguna respuesta. Yo no entendí su gracia.
-Me gusta molestar a la gente –respondió incrédula.
-Estabas a punto de terminar una relación –me justifiqué. Me chocaba cuando Fanny tenía ese tipo de papeles. Odiaba cada vez que se comportaba de esa manera.
De repente su mirada cambió a ser sorpresiva.
-¿Y tú quien eres? ¿Mi madre? –reprochó
Enmudecí. Y luego odiaba me odiaba a mí misma. Yo también cometía ese tipo de errores y me divertía en su tiempo. Aun así había hecho mal.
-Tienes razón –tragué saliva- no soy nadie para decir nada, pero no eres nadie para destruir una relación y lo sabes.
-Descuida –se encogió de hombros- ya no me interesa lo que haya pasado con Tom ni su “novia” Simplemente supuse que como muchas otras veces Tom no me rechazaría así que acepté.
Suspiré.
-¡Y tú que! –¿Acaso me estaba haciendo una pregunta?
-¿Qué?
-Te has casado para siempre, perdiste tu oportunidad de seguir divirtiéndote, de interactuar con otros chicos, por culpa de ese maldito embarazo.
-Calmaaateee –wow me sorprendió mucho su comentario. Realmente no lo esperaba.- Yo lo decidí y estoy dispuesta a dejar lo que sea para que esto de verdad funcione.
-¡Qué asco! ¿Apoco te sientes lista para ser madre?
De nuevo enmudecí. Había aceptado el hecho de ser madre y dejar atrás todo lo que más amaba; Tomar, bailar, ir de fiesta en fiesta. Me costó un poco de trabajo dejar a un lado, pero sabía que primeramente estaba mi bebe y Bill antes que nadie. El problema era exactamente ese “Saber si estaba lista para ser madre” digo, no cualquier puede serlo ¿O si?
Hotel Müstag
Con el cabello despampanado continuó manejando con gran velocidad a mas de 120 km/hr. Sonreía cada que podía mientras imaginaba degollar la cabeza de Neily y luego soltaba una carcajada fuertemente apretando las manos sobre el volante. Unos lentes oscuros cubrían sus ojos malévolos junto con su hermosa sonrisa.
Conducía en su propio auto rojo que marcaba la diferencia entre “lento y rápido” llegando a su destino como por obra de magia
-Buenos días señorita Ani –saludó cordialmente el chico que se encargaba de todos los autos de los clientes que se hospedaban en aquel hotel.
Lo primer en resaltar de ella fueron sus tacones rojos altos y elegantes.
-Buenos días –saludó con una enorme sonrisa- arrojándole las llaves con la misma seguridad que había cerrado la puerta.
-Se ve encantadora el día de hoy –la halagó mientras ignoraba las miradas que alrededor se formaban para ver aquella chica que había bajado de aquel auto.
Ani se sentía la persona más segura de todos. Pues sabía que ahora que su padre “antes de morir” le había encomendado una misión y por supuesto le había dejado un puesto súper importante donde millones de personas la protegerían de cualquier cosa.
Caminó despacio intenta disimular la tranquilidad y la felicidad que enmarcaba por completo su rostro. Se sentía cómoda y segura de sí misma.
Llegó a su habitación sin problema alguno; nada fuera de lo común.
Abrió la puerta –donde se situaba en el edificio más alto en uno de los departamentos más codiciados de toda la ciudad- no sin antes echar un vistazo para asegurar que sus guardias estaban a su disposición a unos metros de su departamento guiñándoles un ojo como muestra de seguridad y entró.
-Te tardaste demasiado –reprochó la vocecita que venía desde la cocina.
-Fui a echar un vistazo a Neily –soltó una carcajada arrojando su bolsa a quien siempre paseaba de un lado a otro.
-No pregunté eso –contestó enojada.
Ani suspiró sin dejar de sonreír.
-¡No me reproches! –le gritó un poco calmada.
Kristin se calló de inmediato, pero sin borrar su enojo por su respuesta.
-¡Porqué no la matas?! –Reprochó de nuevo sin importar las consecuencias a pesar de que las piernas le temblaban. Aun así intentó mantenerse segura de sí misma- Sabes a donde va siempre, ¿por que no la matas de una vez.?
Ani la miró desconcertada. Luego de eso comenzó a analizarla, algo que a Kristin le puso los nervios de punta.
-Porque quiero que sufra –le susurró al oído- porque quiero que muera lentamente. –Sonrió de nuevo- y quiero que llames a las demás, es tiempo de reunirnos y de crear el plan.
-No crees que es muy pronto –le tembló la voz.
-Neily está a punto de dar a luz así que tenemos que darnos prisa……
Miré atentamente su rostro. Me fascinaba tener que interpretar este hermoso papel en el que tenía que interrogar a la culpable.
-Lo que no entiendo es….¡¡¿EN QUE DIABLOS PENSABAS??!!
Ella soltó una carcajada fingiendo detenerse. Continuó de un lado a otro como si estuviese pensando en alguna respuesta. Yo no entendí su gracia.
-Me gusta molestar a la gente –respondió incrédula.
-Estabas a punto de terminar una relación –me justifiqué. Me chocaba cuando Fanny tenía ese tipo de papeles. Odiaba cada vez que se comportaba de esa manera.
De repente su mirada cambió a ser sorpresiva.
-¿Y tú quien eres? ¿Mi madre? –reprochó
Enmudecí. Y luego odiaba me odiaba a mí misma. Yo también cometía ese tipo de errores y me divertía en su tiempo. Aun así había hecho mal.
-Tienes razón –tragué saliva- no soy nadie para decir nada, pero no eres nadie para destruir una relación y lo sabes.
-Descuida –se encogió de hombros- ya no me interesa lo que haya pasado con Tom ni su “novia” Simplemente supuse que como muchas otras veces Tom no me rechazaría así que acepté.
Suspiré.
-¡Y tú que! –¿Acaso me estaba haciendo una pregunta?
-¿Qué?
-Te has casado para siempre, perdiste tu oportunidad de seguir divirtiéndote, de interactuar con otros chicos, por culpa de ese maldito embarazo.
-Calmaaateee –wow me sorprendió mucho su comentario. Realmente no lo esperaba.- Yo lo decidí y estoy dispuesta a dejar lo que sea para que esto de verdad funcione.
-¡Qué asco! ¿Apoco te sientes lista para ser madre?
De nuevo enmudecí. Había aceptado el hecho de ser madre y dejar atrás todo lo que más amaba; Tomar, bailar, ir de fiesta en fiesta. Me costó un poco de trabajo dejar a un lado, pero sabía que primeramente estaba mi bebe y Bill antes que nadie. El problema era exactamente ese “Saber si estaba lista para ser madre” digo, no cualquier puede serlo ¿O si?
Hotel Müstag
Con el cabello despampanado continuó manejando con gran velocidad a mas de 120 km/hr. Sonreía cada que podía mientras imaginaba degollar la cabeza de Neily y luego soltaba una carcajada fuertemente apretando las manos sobre el volante. Unos lentes oscuros cubrían sus ojos malévolos junto con su hermosa sonrisa.
Conducía en su propio auto rojo que marcaba la diferencia entre “lento y rápido” llegando a su destino como por obra de magia
-Buenos días señorita Ani –saludó cordialmente el chico que se encargaba de todos los autos de los clientes que se hospedaban en aquel hotel.
Lo primer en resaltar de ella fueron sus tacones rojos altos y elegantes.
-Buenos días –saludó con una enorme sonrisa- arrojándole las llaves con la misma seguridad que había cerrado la puerta.
-Se ve encantadora el día de hoy –la halagó mientras ignoraba las miradas que alrededor se formaban para ver aquella chica que había bajado de aquel auto.
Ani se sentía la persona más segura de todos. Pues sabía que ahora que su padre “antes de morir” le había encomendado una misión y por supuesto le había dejado un puesto súper importante donde millones de personas la protegerían de cualquier cosa.
Caminó despacio intenta disimular la tranquilidad y la felicidad que enmarcaba por completo su rostro. Se sentía cómoda y segura de sí misma.
Llegó a su habitación sin problema alguno; nada fuera de lo común.
Abrió la puerta –donde se situaba en el edificio más alto en uno de los departamentos más codiciados de toda la ciudad- no sin antes echar un vistazo para asegurar que sus guardias estaban a su disposición a unos metros de su departamento guiñándoles un ojo como muestra de seguridad y entró.
-Te tardaste demasiado –reprochó la vocecita que venía desde la cocina.
-Fui a echar un vistazo a Neily –soltó una carcajada arrojando su bolsa a quien siempre paseaba de un lado a otro.
-No pregunté eso –contestó enojada.
Ani suspiró sin dejar de sonreír.
-¡No me reproches! –le gritó un poco calmada.
Kristin se calló de inmediato, pero sin borrar su enojo por su respuesta.
-¡Porqué no la matas?! –Reprochó de nuevo sin importar las consecuencias a pesar de que las piernas le temblaban. Aun así intentó mantenerse segura de sí misma- Sabes a donde va siempre, ¿por que no la matas de una vez.?
Ani la miró desconcertada. Luego de eso comenzó a analizarla, algo que a Kristin le puso los nervios de punta.
-Porque quiero que sufra –le susurró al oído- porque quiero que muera lentamente. –Sonrió de nuevo- y quiero que llames a las demás, es tiempo de reunirnos y de crear el plan.
-No crees que es muy pronto –le tembló la voz.
-Neily está a punto de dar a luz así que tenemos que darnos prisa……
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Cap 15
Cap 14-. "Mi familia"
miércoles, 24 de agosto de 2011
-¡Bill, necesito….! –Lloré -¿Qué sucede conmigo? –lloré aun más.
Bill puso los ojos en blanco.
-No me hagas esa cara –me enfurecí con él- odio que no me comprendas ni un poquito –lloré.
Bill suspiró sin dejar de sonreír.
-Hace cinco minutos eras una chica demasiado caliente –bromeó- ahora ¿Qué eres?
-Nadie –contesté de mala manera y me crucé de brazos deseando no cruzar ni una palabra más con él.
Estaba enfurecida que no comprendiera y que no me entendiera ni un poquito. Qué todo lo tomara como si fuera una broma. Lo más cansado de todo era tenerlo que aguantar todos los días y lo peor de todo es que no me complaciera en lo absoluto. Ya sé que a veces cambió drásticamente de humor pero……….
Mis ojos poco a poco se fueron abriendo. Tardé muy pocos segundos para darme cuenta de que me había dormido recordando ¿Cómo fue posible eso? Recordé haberme enojado con Bill y después……nada.
Me encontraba acostada en la cama en la que Bill y yo dormíamos juntos.
-¡Qué raro! –me sorprendí y más viendo una rosa junto a mí.
¡Una rosa! Era increíble y más sabiendo que Bill no me había enviado una rosa en mucho tiempo.
La tomé cuidadosamente mientras la miraba detenidamente. ¡¡Asombrosooo!!
Incluso llegue a olerla como si aquello me dejara sin aliento, aunque fue lógico que no sucediera así.
Sonreí a un más.
“Bill” suspiré desencadenando su propio nombre en voz baja.
¿Habría vuelto a ser el mismo de antes?
-Bill –grité su nombre y me levanté de la cama como si me prendieran una mecha- Bill –lo grité mas fuerte buscándolo como loca.
-No está –respondió otra vez esa voz que siempre silenciaba mis ilusiones.
-David –canté mientras lo muraba sentado sobre el sillón hablando por celular- ¿Sabes donde puede estar? –mi pregunta había sonado demasiado apagado. Aquella mecha se había pagado.
Solo negó con su cabeza desinteresado.
¡Demonios! Ahora entendí la rosa. Suspiré demasiada cansada para soportarlo encerrada “de nuevo”.
Volví a tomar las llaves de Bill y me lancé hacia el coche de Bill.
-Neily –me gritó David sin soltar su teléfono celular quien parecía que estaba pegado a su oído todo el tiempo. –Bill me pidió que no salieras, no es bueno para ti ni para el bebe.
Arranqué antes de que pudiera detenerme. ¿Ahora resulta que no puedo salir? Pero estaba bien quedarme encerrada completamente sola. Ni loca.
Sabía que estaba quebrando las leyes y admito que eso de salir a manejar junto con mi bebe no era lo mejor, pero estaba cansándome. Y aunque decidí salirme de casa por las únicas razones de que no estaba conforme con las reglas de mantenían mis padres y ahora…huía y deseaba estar junto a ellos. Ahora lo veía más difícil. No podía irme y dejar todo a la ligera a Bill. Ahora tenía compromisos muy grande con mi familia…..¿Mi familia?
Qué gran paso y solo tengo 21 años ….
Había llegado a mi…perdón a casa de mis padres. Justo a tiempo para no pensar en si estaba lista para ser madre..
Bajé del auto y me dirigí hacia la puerta. Toqué una, dos, tres veces y nada. Golpeé la puerta mucho más fuerte y escuché como leves pasos se hacían mas grande el sonido conforme avanzaba. ¿Aquellos sonidos eran tacones? Mi madre no usa tacones ¿O sí?
Quizás estaba entrenando para su boda que sería dentro de poco.
Abrieron la puerta.
Me quedé boca abierta cuando la vi y más porque era mucho el tiempo que no la había visto.
-¡Chelsey! –grité y me abalancé hacia ella.
Mis primeras preguntas se hicieron como un eco interminable dentro de mi cabeza. Estaba emocionada, y me había quedado sin palabras justo después de mis brazos rodearon por completo su cuerpo. Aun así, lo pregunta que más resaltaba ante las demás era ¿Qué estaba haciendo ella aquí? Estaba segura de que Chelsey, de haber querido encontrarme me había encontrado de alguna forma, pero no importaba ya nada. Lo más importante de todo era que ella estaba aquí
-¡Chelsey! –que testaruda, volví a decir su nombre. Mi risa estúpida ahora le seguía. Me sentí torpe. –No puedo creer que estés aquí.
Al principio no sabía si mi abrazo quizás la habría sacado fuera de sus casillas, pero luego supe que esa mirada que siempre me aterraba ahora estaba presente más que nada.
-Estas embarazadas…… -todo silenció. ¿Y qué? Porque eso la causaba tanta remordimiento en su rostro.
-Falta poco para que nazca…. –intenté descifrar que había detrás de esa mirada, pero en un dos por tres cambió su rostro.
-Es broma –me abrazó fuertemente. Estaba a punto de decir “espera un momento” para que intentara acomodar las piezas en su lugar pero no me dejó- estoy contenta. Tu papá fue muy cordial en invitarme a su boda.
-Es por eso que estás aquí –aseguré contenta- Me parece fantástico.
-¿Tú ya estás lista para la boda de tus padres?
Me sorprendió mucho la forma en que había cambiado su rostro y eso me inquieto.
-No del todo –respondí automáticamente sin dejar de mirarla y tratar de entender que pasaba. Estaba segura de que ocultaba algo.
-Hablando de eso –sonrió segura con su enorme dentadura blanca con su hermosa, tés de piel. Me había olvidado lo blanca que era y que su cabellera era pelirroja. Sin dunda se me hizo hermosa, sintiéndome como un mendigo a su lado.- tengo que ir por mi vestido.
-¿Te vas?
-Volveré pronto –me guiñó el ojo subiendo a un auto deportivo color rojo. Había cambiado de auto y eso me dio a entender que le estaba yendo bien donde quiera que estuviera.
Las dudas ahora más que nada no dejaron de cesar, pero intenté no enfocarme mucho en ella. Habría mucho más tiempo para charlar con ella sobre cómo iban las cosas con Ani, quien me aseguraba que ella lo tenía todo bajo control.
Cuando subí a la habitación de mis padres, mi madre se medía su vestido que utilizaría en la boda.
Su vestido era blanco dándole un toque en beige con pequeños adornos a lo largo del vestido. Su corsee estaba adornado por diamantes y pedrería de lo más fino, con encajes floreados a su alrededor. No tenía mangas el vestido, lo cual la hacía lucir más delgada. Justo debajo del corsee era como si la tela comenzara a pegarse al cuerpo obteniendo una forma de sirena hasta llegar a la parte de abajo donde terminaba un poco más abierto. Simplemente hermoso.
-¡Estas bellísima! –me adentré a la habitación sin quitar la mirada del vestido. Sentí que mis ojos me brillaron.
-Sé que tengo buenos gustos –Fanny se puso frente a mí.
-Demonios Fanny –me alegré abrazándola también- a ti ya no te volví a ver desde que me visitaste el día que llegué aquí.
-Supuse que solo querías odiarme más por el incidente.
-Me gusta escuchar varias versiones –sé a lo que se refería. Un recuerdo de Tom no se olvidaba ni mucho menos viniendo de mi prima.
-¿Por qué? –mi prima se silenció. Sabía a lo que me refería pero lo más sorprendente de todo es que fui muy directa con ella. Fui al grano.
-A veces te desconozco – volvió a sonreír intentando fingir que miraba a detalle el vestido de mi madre. –No creo que este sea un buen lugar para hablar de esto.
Mi madre nos ignoraba por completo o al menos fingía no escucharnos.
Caminé unos cuantos pasos hacia la puerta para abrirla. Ella sonrió maliciosa y se dejó venir hacia la puerta.
-No tardaremos –le avisé a mi madre quien miraba atónita.
Bill puso los ojos en blanco.
-No me hagas esa cara –me enfurecí con él- odio que no me comprendas ni un poquito –lloré.
Bill suspiró sin dejar de sonreír.
-Hace cinco minutos eras una chica demasiado caliente –bromeó- ahora ¿Qué eres?
-Nadie –contesté de mala manera y me crucé de brazos deseando no cruzar ni una palabra más con él.
Estaba enfurecida que no comprendiera y que no me entendiera ni un poquito. Qué todo lo tomara como si fuera una broma. Lo más cansado de todo era tenerlo que aguantar todos los días y lo peor de todo es que no me complaciera en lo absoluto. Ya sé que a veces cambió drásticamente de humor pero……….
Mis ojos poco a poco se fueron abriendo. Tardé muy pocos segundos para darme cuenta de que me había dormido recordando ¿Cómo fue posible eso? Recordé haberme enojado con Bill y después……nada.
Me encontraba acostada en la cama en la que Bill y yo dormíamos juntos.
-¡Qué raro! –me sorprendí y más viendo una rosa junto a mí.
¡Una rosa! Era increíble y más sabiendo que Bill no me había enviado una rosa en mucho tiempo.
La tomé cuidadosamente mientras la miraba detenidamente. ¡¡Asombrosooo!!
Incluso llegue a olerla como si aquello me dejara sin aliento, aunque fue lógico que no sucediera así.
Sonreí a un más.
“Bill” suspiré desencadenando su propio nombre en voz baja.
¿Habría vuelto a ser el mismo de antes?
-Bill –grité su nombre y me levanté de la cama como si me prendieran una mecha- Bill –lo grité mas fuerte buscándolo como loca.
-No está –respondió otra vez esa voz que siempre silenciaba mis ilusiones.
-David –canté mientras lo muraba sentado sobre el sillón hablando por celular- ¿Sabes donde puede estar? –mi pregunta había sonado demasiado apagado. Aquella mecha se había pagado.
Solo negó con su cabeza desinteresado.
¡Demonios! Ahora entendí la rosa. Suspiré demasiada cansada para soportarlo encerrada “de nuevo”.
Volví a tomar las llaves de Bill y me lancé hacia el coche de Bill.
-Neily –me gritó David sin soltar su teléfono celular quien parecía que estaba pegado a su oído todo el tiempo. –Bill me pidió que no salieras, no es bueno para ti ni para el bebe.
Arranqué antes de que pudiera detenerme. ¿Ahora resulta que no puedo salir? Pero estaba bien quedarme encerrada completamente sola. Ni loca.
Sabía que estaba quebrando las leyes y admito que eso de salir a manejar junto con mi bebe no era lo mejor, pero estaba cansándome. Y aunque decidí salirme de casa por las únicas razones de que no estaba conforme con las reglas de mantenían mis padres y ahora…huía y deseaba estar junto a ellos. Ahora lo veía más difícil. No podía irme y dejar todo a la ligera a Bill. Ahora tenía compromisos muy grande con mi familia…..¿Mi familia?
Qué gran paso y solo tengo 21 años ….
Había llegado a mi…perdón a casa de mis padres. Justo a tiempo para no pensar en si estaba lista para ser madre..
Bajé del auto y me dirigí hacia la puerta. Toqué una, dos, tres veces y nada. Golpeé la puerta mucho más fuerte y escuché como leves pasos se hacían mas grande el sonido conforme avanzaba. ¿Aquellos sonidos eran tacones? Mi madre no usa tacones ¿O sí?
Quizás estaba entrenando para su boda que sería dentro de poco.
Abrieron la puerta.
Me quedé boca abierta cuando la vi y más porque era mucho el tiempo que no la había visto.
-¡Chelsey! –grité y me abalancé hacia ella.
Mis primeras preguntas se hicieron como un eco interminable dentro de mi cabeza. Estaba emocionada, y me había quedado sin palabras justo después de mis brazos rodearon por completo su cuerpo. Aun así, lo pregunta que más resaltaba ante las demás era ¿Qué estaba haciendo ella aquí? Estaba segura de que Chelsey, de haber querido encontrarme me había encontrado de alguna forma, pero no importaba ya nada. Lo más importante de todo era que ella estaba aquí
-¡Chelsey! –que testaruda, volví a decir su nombre. Mi risa estúpida ahora le seguía. Me sentí torpe. –No puedo creer que estés aquí.
Al principio no sabía si mi abrazo quizás la habría sacado fuera de sus casillas, pero luego supe que esa mirada que siempre me aterraba ahora estaba presente más que nada.
-Estas embarazadas…… -todo silenció. ¿Y qué? Porque eso la causaba tanta remordimiento en su rostro.
-Falta poco para que nazca…. –intenté descifrar que había detrás de esa mirada, pero en un dos por tres cambió su rostro.
-Es broma –me abrazó fuertemente. Estaba a punto de decir “espera un momento” para que intentara acomodar las piezas en su lugar pero no me dejó- estoy contenta. Tu papá fue muy cordial en invitarme a su boda.
-Es por eso que estás aquí –aseguré contenta- Me parece fantástico.
-¿Tú ya estás lista para la boda de tus padres?
Me sorprendió mucho la forma en que había cambiado su rostro y eso me inquieto.
-No del todo –respondí automáticamente sin dejar de mirarla y tratar de entender que pasaba. Estaba segura de que ocultaba algo.
-Hablando de eso –sonrió segura con su enorme dentadura blanca con su hermosa, tés de piel. Me había olvidado lo blanca que era y que su cabellera era pelirroja. Sin dunda se me hizo hermosa, sintiéndome como un mendigo a su lado.- tengo que ir por mi vestido.
-¿Te vas?
-Volveré pronto –me guiñó el ojo subiendo a un auto deportivo color rojo. Había cambiado de auto y eso me dio a entender que le estaba yendo bien donde quiera que estuviera.
Las dudas ahora más que nada no dejaron de cesar, pero intenté no enfocarme mucho en ella. Habría mucho más tiempo para charlar con ella sobre cómo iban las cosas con Ani, quien me aseguraba que ella lo tenía todo bajo control.
Cuando subí a la habitación de mis padres, mi madre se medía su vestido que utilizaría en la boda.
Su vestido era blanco dándole un toque en beige con pequeños adornos a lo largo del vestido. Su corsee estaba adornado por diamantes y pedrería de lo más fino, con encajes floreados a su alrededor. No tenía mangas el vestido, lo cual la hacía lucir más delgada. Justo debajo del corsee era como si la tela comenzara a pegarse al cuerpo obteniendo una forma de sirena hasta llegar a la parte de abajo donde terminaba un poco más abierto. Simplemente hermoso.
-¡Estas bellísima! –me adentré a la habitación sin quitar la mirada del vestido. Sentí que mis ojos me brillaron.
-Sé que tengo buenos gustos –Fanny se puso frente a mí.
-Demonios Fanny –me alegré abrazándola también- a ti ya no te volví a ver desde que me visitaste el día que llegué aquí.
-Supuse que solo querías odiarme más por el incidente.
-Me gusta escuchar varias versiones –sé a lo que se refería. Un recuerdo de Tom no se olvidaba ni mucho menos viniendo de mi prima.
-¿Por qué? –mi prima se silenció. Sabía a lo que me refería pero lo más sorprendente de todo es que fui muy directa con ella. Fui al grano.
-A veces te desconozco – volvió a sonreír intentando fingir que miraba a detalle el vestido de mi madre. –No creo que este sea un buen lugar para hablar de esto.
Mi madre nos ignoraba por completo o al menos fingía no escucharnos.
Caminé unos cuantos pasos hacia la puerta para abrirla. Ella sonrió maliciosa y se dejó venir hacia la puerta.
-No tardaremos –le avisé a mi madre quien miraba atónita.
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Cap 14
Cap 13.- Necesidades
jueves, 11 de agosto de 2011
(He puesto dos canciones en las que me inspirarón para escribir este gran capitulo. Es de su preferencia si desean o no escuchar la musica. Yo lo recomiendo pero no es necesario. En caso de que no puedan escucharlas, puedes avisarme por chat. Gracias por su atencion y disfruten el capitulo)
-¿Puede verlo? –apuntó la doctora hacia la pantalla mirando como unas imágenes no tan definidas y claras mostraban una pequeña parte de mi bebe. Bill y yo seguíamos asombrados de que un pedazo de nosotros se mantuviera adentro de mí.
Mi bebe todo el tiempo se mantuvo del mismo modo como todos los bebes. Era hermoso e increíble. La doctora se mantuvo la mayor parte del tiempo examinando todas las posiciones y las partes de su cuerpecito para que todo estuviera a la perfección. Yo no podía quitar la mirada de mi bebe pero me era imposible no mirar a la doctora temiendo que me dijera lo peor o que algo marchara mal, pero su rostro jamás expresó una mala cara, y más le valía sino le ponía las manos encima casi ahorcándola.
La mirada de Bill fue la que más me causaba todo tipo de emociones. ¿Decepción tal vez? Pero mi favorita sobre todo era la de felicidad y la de “No puedo creerlo ¿Es nuestra hija?”
Y es que de tantas veces que había venido yo sola la mayor parte del tiempo o acompañada de Tom o alguien de los chicos, le pedí que ya fuera tiempo de que la conociera por primera vez. Estaba segura de que al principio no estuvo muy de acuerdo pero de alguna forma que yo no comprendí, accedió. Y ahora estaba más que maravillado.
-Dentro de tres semanas podemos llevar a cabo la operación –aseguró la doctora.
-¿Tres semanas? –preguntamos al mismo tiempo Bill y yo. La doctora simplemente soltó una carcajada.
-Así es -asintió con la cabeza-.
-Usted acaba de mencionar que será una operación ¿Será de cesárea? –preguntó Bill desconcierto.
-El bebe no ha tomado la forma para que sea por parto normal. Sus nalgas se encuentran muy abajo, así que intervendremos por operación.
¡¡Hay Dios!! Dolooorrr!!
No se trataba de dolor, sino que mi mente hizo que la Cesárea solo pensara en el dolor. ¿Sería eso posible?
-No hay posibilidades de que sea parto normal –renegué. Estaba en contra de eso.
-Hay un rumor –respondió la doctora enchuecando la boca y mirándome de mala gana- dicen que ponerse de cuatro patas como andar a gata ayuda al bebe –luego de eso nos echó un vistazo a ambos y soltó de nuevo una carcajeada- y no estaría mal tener relaciones.
-¿Se refiere al sexo? –pregunté intentando no sonar desesperada, pero no lo logre.
La doctor volvió a mirarnos con despreció pero no dijo nada, solo sonrió y se fue de la habitación.
Miré a Bill dramáticamente retirándome del lugar rápidamente dejándolo con los resultados del día de hoy y me encaminé hacia el auto.
Me dirigí hacia la parte de atrás del auto y me puse de cuatro patas.
-¿Hablas en serio? ¿Te irás así todo el camino? –preguntó Bill lanzándome una mirada extraña.
-Preocúpate por manejar
Bill negó con su cabeza sonriendo de oreja sin poder creerlo. Pero no me importaba, estaba dispuesta a hacer lo que sea para que mi bebe naciera por parto natural. Incluso tendría sexo está noche si eso lo hacía más fácil.
Nos dirigimos a comprar algunos muebles para lo que próximamente sería para el cuarto de mi bebe. Todo de rosa, automáticamente todo. Cunas finas extremadamente caras. Aun me costaba trabajo creer que podíamos comprar lo que sea con la tarjeta de Bill. ¡Así que porque no aprovechar! Ropa, zapatitos, juguetes, biberones, mantas, peluches, talcos, leche en polvo, pañales, toallitas etc. etc. Solo podía ver el rostro de Bill de las cosas que se gastaban pero no me importaba. Por una vez en la vida…perdón, por segunda vez en mi vida me dejé llevar por la tarjeta de Bill y eso me causaba felicidad.
-¡Mira esa carriola! ¡Qué hermosa está! –Anuncié entusiasmada- Me la llevaré –anuncié sin ni siquiera molestarme en mirar el precio.
Pude mirar de reojo como Bill ponía sus ojos en blanco pero nunca mencionó nada o algo. Su rostro nunca me pareció tan molesto, incluso lo estaba tomando muy bien. Con sus lentes oscuros bien puesto y una gorra cubría gran parte de su cabellera. Me pareció de lo más apuesto.
-Debería dejarme crecer el bigote y la barba para verme como un verdadero padre –me comentó mientras sus manos se pasaban por su barbilla fingiendo tener barba como si la estuviera tocando.- Me vería muy sexi.
-Te ves sexi de todas formas –le sonreí y solo durante dos segundos sentí como sus labios chocaron contra los míos.
Luego de eso no pude evitar sonreír.
-Su tarjeta señor –interrumpió la señorita que nos atendió extendiendo la tarjeta de Bill. Me sonrojé un poco mientras que Bill con mucha calma tomaba la tarjeta.
-Te amo –le susurré.
-Yo te amo más.
Me sentí como una chiquilla que había recibido su primer beso. Me sentí tan feliz que no dejaba de ocultarlo. Tuve que colocarme unos lentes oscuros antes de poder salir del centro comercial y ver ante nuestros propios ojos el auto lleno de cosas.
-Te comenté que te pagarían mucho dinero si te fotografiaban desnuda estando embarazada –sonrió Bill.
-Sabes que ni por un millón de dólares lo haría –le di un pequeño golpe en su hombro.
-Qué lástima que no puedas ponerte de gatas –dijo sarcásticamente mirando hacia atrás.
La parte de atrás se encontraba demasiado ocupado, lleno de cosas para nuestra bebe, que apenas cabíamos Bill y yo.
-Una revista le hizo una oferta muy tentativa a David para tener las primeras fotos del bebe.
-¿Solamente la bebe?
-No, los tres.
“Tres” suspiré para mis adentros justo cuando mi pensamiento revoloteó al escuchar esa palabra. Me encantó, no espera, me maravilló que Bill mencionara “Tres” ahora éramos una familia. Me sentí completamente en las nubes deseando jamás poder olvidar aquella sensación tan maravillosa. Incluso los movimientos bruscos en mi estomago se hicieron notar.
-¡Se movió! –Toqué instantáneamente mi vientre- Siéntelo –tomé la mano de Bill y lo coloqué justo donde la patada se hizo notar antes.
Se movió.
-¿Lo sentiste?
Se carcajeo sin dejar de reír. Estaba maravillada con este momento intentando no olvidarlo. De nuevo volví a sentir sus labios sobre los míos. Esta vez los saboreé con tranquilidad sin detenerme.
“Neily, no te aceleres” pensé para mis adentros, pero aquello me obsesionó tanto que de repente ya sentía toda la adrenalina. ¿Cómo es posible? Pero realmente eran preguntas sin importancia, ahora lo que quería realmente era que me cogiera en ese momento.
-¡Hazlo! –le pedí exhausta casi gritándoselo al oído mientras mi brazo lo tenía enrollado a su cuello- ¡Hazlo! –volví a rogarle mientras intentaba calmar lo que podía decirse “sed de sexo” era una exigencia, lo necesitaba y pronto pues mi vagina poco a poco se iba incendiando.
-Tranquila –volvió a reír despreocupado.
-Es en serio Bill –lo miré con mis manos libres ahora y con mis ojos de par en par- necesito que me lo hagas ya mismo.
Bill se preocupo. Tal vez era por la razón de que jamás le había pedido que me lo hiciera en medio de la nada y menos por un beso que quizá no había durado lo suficiente como para que Bill le sucediera lo mismo.
-¿Te duele algo?
-Mi vagina arde en llamas –le chillé demasiado desesperada. Ni yo misma entendía lo que me sucedía. Esto era en verdad una situación extraña y supuse que tal vez era una necesidad. Tal vez era una de esas necesidades como cuando estás embarazada.
Intenté calmarme mirando hacia alrededores pero ver un simple carro detrás del otro me hizo incendiarme más.
-No puedo –grité cerrando mis ojos bruscamente. Pero solo pude ver imágenes realmente provocativas….. –Ahhhh!! ¡Hagámoslo!
Me lancé hacia él besándolo realmente desesperada mientras Bill intentaba calmarme o quizá nunca lo hizo. Al final de cuentas logró detenerme y arranco el carro. Mi respiración estaba demasiado rápida logrando escapar de las dichosas imágenes que me perturbaban.
-¡Bill, necesito….! –Lloré -¿Qué sucede conmigo? –lloré aun más.
Bill puso los ojos en blanco.
-No me hagas esa cara –me enfurecí con él- odio que no me comprendas ni un poquito –lloré.
Bill suspiró sin dejar de sonreír.
-Hace cinco minutos eras una chica demasiado caliente –bromeó- ahora ¿Qué eres?
-Nadie –contesté de mala manera y me crucé de brazos deseando no cruzar ni una palabra más con él.
Estaba enfurecida que no comprendiera y que no me entendiera ni un poquito. Qué todo lo tomara como si fuera una broma. Lo más cansado de todo era tenerlo que aguantar todos los días y lo peor de todo es que no me complaciera en lo absoluto. Ya sé que a veces cambió drásticamente de humor pero……….
-¿Puede verlo? –apuntó la doctora hacia la pantalla mirando como unas imágenes no tan definidas y claras mostraban una pequeña parte de mi bebe. Bill y yo seguíamos asombrados de que un pedazo de nosotros se mantuviera adentro de mí.
Mi bebe todo el tiempo se mantuvo del mismo modo como todos los bebes. Era hermoso e increíble. La doctora se mantuvo la mayor parte del tiempo examinando todas las posiciones y las partes de su cuerpecito para que todo estuviera a la perfección. Yo no podía quitar la mirada de mi bebe pero me era imposible no mirar a la doctora temiendo que me dijera lo peor o que algo marchara mal, pero su rostro jamás expresó una mala cara, y más le valía sino le ponía las manos encima casi ahorcándola.
La mirada de Bill fue la que más me causaba todo tipo de emociones. ¿Decepción tal vez? Pero mi favorita sobre todo era la de felicidad y la de “No puedo creerlo ¿Es nuestra hija?”
Y es que de tantas veces que había venido yo sola la mayor parte del tiempo o acompañada de Tom o alguien de los chicos, le pedí que ya fuera tiempo de que la conociera por primera vez. Estaba segura de que al principio no estuvo muy de acuerdo pero de alguna forma que yo no comprendí, accedió. Y ahora estaba más que maravillado.
-Dentro de tres semanas podemos llevar a cabo la operación –aseguró la doctora.
-¿Tres semanas? –preguntamos al mismo tiempo Bill y yo. La doctora simplemente soltó una carcajada.
-Así es -asintió con la cabeza-.
-Usted acaba de mencionar que será una operación ¿Será de cesárea? –preguntó Bill desconcierto.
-El bebe no ha tomado la forma para que sea por parto normal. Sus nalgas se encuentran muy abajo, así que intervendremos por operación.
¡¡Hay Dios!! Dolooorrr!!
No se trataba de dolor, sino que mi mente hizo que la Cesárea solo pensara en el dolor. ¿Sería eso posible?
-No hay posibilidades de que sea parto normal –renegué. Estaba en contra de eso.
-Hay un rumor –respondió la doctora enchuecando la boca y mirándome de mala gana- dicen que ponerse de cuatro patas como andar a gata ayuda al bebe –luego de eso nos echó un vistazo a ambos y soltó de nuevo una carcajeada- y no estaría mal tener relaciones.
-¿Se refiere al sexo? –pregunté intentando no sonar desesperada, pero no lo logre.
La doctor volvió a mirarnos con despreció pero no dijo nada, solo sonrió y se fue de la habitación.
Miré a Bill dramáticamente retirándome del lugar rápidamente dejándolo con los resultados del día de hoy y me encaminé hacia el auto.
Me dirigí hacia la parte de atrás del auto y me puse de cuatro patas.
-¿Hablas en serio? ¿Te irás así todo el camino? –preguntó Bill lanzándome una mirada extraña.
-Preocúpate por manejar
Bill negó con su cabeza sonriendo de oreja sin poder creerlo. Pero no me importaba, estaba dispuesta a hacer lo que sea para que mi bebe naciera por parto natural. Incluso tendría sexo está noche si eso lo hacía más fácil.
Nos dirigimos a comprar algunos muebles para lo que próximamente sería para el cuarto de mi bebe. Todo de rosa, automáticamente todo. Cunas finas extremadamente caras. Aun me costaba trabajo creer que podíamos comprar lo que sea con la tarjeta de Bill. ¡Así que porque no aprovechar! Ropa, zapatitos, juguetes, biberones, mantas, peluches, talcos, leche en polvo, pañales, toallitas etc. etc. Solo podía ver el rostro de Bill de las cosas que se gastaban pero no me importaba. Por una vez en la vida…perdón, por segunda vez en mi vida me dejé llevar por la tarjeta de Bill y eso me causaba felicidad.
-¡Mira esa carriola! ¡Qué hermosa está! –Anuncié entusiasmada- Me la llevaré –anuncié sin ni siquiera molestarme en mirar el precio.
Pude mirar de reojo como Bill ponía sus ojos en blanco pero nunca mencionó nada o algo. Su rostro nunca me pareció tan molesto, incluso lo estaba tomando muy bien. Con sus lentes oscuros bien puesto y una gorra cubría gran parte de su cabellera. Me pareció de lo más apuesto.
-Debería dejarme crecer el bigote y la barba para verme como un verdadero padre –me comentó mientras sus manos se pasaban por su barbilla fingiendo tener barba como si la estuviera tocando.- Me vería muy sexi.
-Te ves sexi de todas formas –le sonreí y solo durante dos segundos sentí como sus labios chocaron contra los míos.
Luego de eso no pude evitar sonreír.
-Su tarjeta señor –interrumpió la señorita que nos atendió extendiendo la tarjeta de Bill. Me sonrojé un poco mientras que Bill con mucha calma tomaba la tarjeta.
-Te amo –le susurré.
-Yo te amo más.
Me sentí como una chiquilla que había recibido su primer beso. Me sentí tan feliz que no dejaba de ocultarlo. Tuve que colocarme unos lentes oscuros antes de poder salir del centro comercial y ver ante nuestros propios ojos el auto lleno de cosas.
-Te comenté que te pagarían mucho dinero si te fotografiaban desnuda estando embarazada –sonrió Bill.
-Sabes que ni por un millón de dólares lo haría –le di un pequeño golpe en su hombro.
-Qué lástima que no puedas ponerte de gatas –dijo sarcásticamente mirando hacia atrás.
La parte de atrás se encontraba demasiado ocupado, lleno de cosas para nuestra bebe, que apenas cabíamos Bill y yo.
-Una revista le hizo una oferta muy tentativa a David para tener las primeras fotos del bebe.
-¿Solamente la bebe?
-No, los tres.
“Tres” suspiré para mis adentros justo cuando mi pensamiento revoloteó al escuchar esa palabra. Me encantó, no espera, me maravilló que Bill mencionara “Tres” ahora éramos una familia. Me sentí completamente en las nubes deseando jamás poder olvidar aquella sensación tan maravillosa. Incluso los movimientos bruscos en mi estomago se hicieron notar.
-¡Se movió! –Toqué instantáneamente mi vientre- Siéntelo –tomé la mano de Bill y lo coloqué justo donde la patada se hizo notar antes.
Se movió.
-¿Lo sentiste?
Se carcajeo sin dejar de reír. Estaba maravillada con este momento intentando no olvidarlo. De nuevo volví a sentir sus labios sobre los míos. Esta vez los saboreé con tranquilidad sin detenerme.
“Neily, no te aceleres” pensé para mis adentros, pero aquello me obsesionó tanto que de repente ya sentía toda la adrenalina. ¿Cómo es posible? Pero realmente eran preguntas sin importancia, ahora lo que quería realmente era que me cogiera en ese momento.
-¡Hazlo! –le pedí exhausta casi gritándoselo al oído mientras mi brazo lo tenía enrollado a su cuello- ¡Hazlo! –volví a rogarle mientras intentaba calmar lo que podía decirse “sed de sexo” era una exigencia, lo necesitaba y pronto pues mi vagina poco a poco se iba incendiando.
-Tranquila –volvió a reír despreocupado.
-Es en serio Bill –lo miré con mis manos libres ahora y con mis ojos de par en par- necesito que me lo hagas ya mismo.
Bill se preocupo. Tal vez era por la razón de que jamás le había pedido que me lo hiciera en medio de la nada y menos por un beso que quizá no había durado lo suficiente como para que Bill le sucediera lo mismo.
-¿Te duele algo?
-Mi vagina arde en llamas –le chillé demasiado desesperada. Ni yo misma entendía lo que me sucedía. Esto era en verdad una situación extraña y supuse que tal vez era una necesidad. Tal vez era una de esas necesidades como cuando estás embarazada.
Intenté calmarme mirando hacia alrededores pero ver un simple carro detrás del otro me hizo incendiarme más.
-No puedo –grité cerrando mis ojos bruscamente. Pero solo pude ver imágenes realmente provocativas….. –Ahhhh!! ¡Hagámoslo!
Me lancé hacia él besándolo realmente desesperada mientras Bill intentaba calmarme o quizá nunca lo hizo. Al final de cuentas logró detenerme y arranco el carro. Mi respiración estaba demasiado rápida logrando escapar de las dichosas imágenes que me perturbaban.
-¡Bill, necesito….! –Lloré -¿Qué sucede conmigo? –lloré aun más.
Bill puso los ojos en blanco.
-No me hagas esa cara –me enfurecí con él- odio que no me comprendas ni un poquito –lloré.
Bill suspiró sin dejar de sonreír.
-Hace cinco minutos eras una chica demasiado caliente –bromeó- ahora ¿Qué eres?
-Nadie –contesté de mala manera y me crucé de brazos deseando no cruzar ni una palabra más con él.
Estaba enfurecida que no comprendiera y que no me entendiera ni un poquito. Qué todo lo tomara como si fuera una broma. Lo más cansado de todo era tenerlo que aguantar todos los días y lo peor de todo es que no me complaciera en lo absoluto. Ya sé que a veces cambió drásticamente de humor pero……….
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Cap 13
Cap 12-. El plan perfecto
miércoles, 3 de agosto de 2011
Era difícil tocar el piano ahora que estaba embarazada, pero nada me quitaba las ganas de hacerlo. Toqué una canción que mi padre me enseñó. Fue una de las primeras canciones que hice con él.
Estaba tan concentrada que sin esperarlo, la puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió instantáneamente, haciendo que mi corazón se acelerara esperando lo peor; la continuación de mis pesadillas.
Me giré espantada esperando lo peor.
-¡Bill! –Exclamé mientras me tentaba mi pecho donde mi corazón no dejaba de palpitar- Me asustaste –me detuve para respirar.
-Lo siento –sonrió- vine a disculparme por mi actitud tan grotesca. Perdóname –en serio parecía lamentarlo. De seguro los chicos le comentaron eso a Bill- Pero es que en serio necesitamos trabajar duro para este proyecto.
-Lo sé –admití- yo debería de disculparme por no darte tu espacio.
-Descuida, te prometí que saldríamos y eso haré cuando salgamos.
Me quedé totalmente quieta mientras mi miraba se detenía a mirar su rostro perfecto. No dije absolutamente nada y supuse que esperaba algo. Se quedó quieto por unos segundos para luego desaparecer como tantas veces.
De repente todo esto ya se estaba formando rutinario. Lo más importante para mí desaparecía cada que lo necesitaba.
Golpeé fuertemente algunas teclas del piano mientras dejaba pasar el coraje.
“No dejaré que nadie arruina mis días” y sin más preámbulos me dirigí hacia la puerta principal del estudio.
-¡Neily que haces! –me gritó David a lo lejos- al menos necesitas un acompañante.
-No –le grité.
Había tomado las llaves del carro de Bill sin nadie que estuviera siguiéndome o cuidándome. Está vez me las arreglaría yo sola si llegaba a haber una cámara frente a mí. Ya nadie me diría que hacer.
-Neily –me siguió gritando- no te vayas.
-Volveré temprano –solté una risita divertida por lo que estaba haciendo- lo prometo.
Conducía a toda velocidad hasta llegar a la casa de mis padres. Justo donde deseaba estar más que nada. Las llamadas a mi celular pronto comenzaron a cesar, algo que preferí no saber de quién eran.
Llegué a casa de mis padres tocando como una simple avergonzada. Tantas veces me quería escapar antes y ahora que he salido, deseo estar con ellos. ¡Qué lio!
Abrió mi mamá.
-¡Neily! –al aparecer le sorprendía- de haber sabido que vendrías le diría a tu padre.
-¿No se encuentra?
-No –ambas nos dirigimos a la sala a sentarnos.- Desde él día de tu última visita tu padre se ha comportado muy extraño.
Eso sin lugar a dudas me asustó. Si mi padre les decía a todos la verdad ahora tendría que hacer un escándalo y eso significaría más preocupaciones para los demás y más atención para mí respecto a los medios de comunicación.
-¿Sabes dónde puedo encontrarlo? –la única forma de arreglar esto era hablando con él.
-La verdad no –lo dudó un poco- creo que tiene su celular, podrías marcarle de ahí.
Suspiré.
-Mamá lo siento mucho pero debo irme.
-Tan pronto.
-Es urgente.
Al principio pensé que me preguntaría acerca de todo esto. Pero lo pensó muy lentamente para asentir con su cabeza lentamente. Me alegró mucho que no preguntara y me dirigí rápidamente al auto.
Mi celular estaba lleno de mensajes a los cuales preferí no prestarle atención. Marqué el número de mi padre sin detenerme a conducir, puesto que todo aquello ya estaba provocando en mí una adrenalina que en mucho tiempo no había sentido.
-¡Papá! –me sobresalté cuando escuché su voz. Fue cuando supe que iba demasiado rápido-necesito que hablemos.
-¿Qué ha ocurrido, Ani te hizo algo?
-Es justo de lo que quería que habláramos.
-¡Ani te hizo algo! –ahora era él el sobresaltado.
-¡No! –le grité. Luego comencé a reír. Estaba completamente loca, o al menos así me sentía- pero sería bueno vernos. Donde podemos vernos.
-¿Recuerdas el lugar donde supuestamente me mataron?
-Como olvidarlo –respondí sarcásticamente- te veré ahí.
Las preguntas realmente en mi cabeza nunca dejaban de cesar. ¿Porqué habría escogido ese lugar habiendo tantos lugares donde pudiéramos platicar.
Tragué saliva al ver ante mis ojos el lugar donde conocí a Ani por primera vez. Fue en el baño donde escuché toda la conversación y desde ahí comenzó una etapa de mi vida que nunca planeé o que por lo menos fue una de las más difíciles y hasta la fecha es una etapa en la que no he podido salir d ahí.
Miré atenta el lugar como si aquello me hiciera recordar algo o por lo menos entender “el porqué de las cosas”
Bajé del auto como si nada y me encaminé por los alrededores del lugar solo para verificar si había llegado él.
-Quería que habláramos ¿no? –apareció de la nada.
Me asusté.
-¡Papá! –lo miré con cuidado. Me gustaba analizarlo cada vez que podía cuando las situaciones se me eran más que sospechosas.- Así es –asentí con la cabeza mientras me dirigía hacia él.
Nos sentamos juntos en uno de los arboles que adornaban aquel lugar que parecía tan simple, pero cuando oscurecía era uno de los lugares más brillantes donde la gente le gustaba bailar y conocer gente nueva.
Nos sentamos juntos en el pasto verde al lado del árbol que nos cubría del sol.
-No quiero que nadie se entere –vacilé mientras me le declaraba, nada de esto era fácil para mí y lo más decepcionante de todo es que la adrenalina que se había formado en mí había desaparecido- Lo de Aní. No quiero preocuparlos a todos.
Soltó una carcajada.
-Es en serio –ahora estaba disgustada- no quiero poner en riesgo a los demás por mis estúpidos problemas.
-¿Cómo es posible que los llames como tus problemas? –se rehusó negando la cabeza varias veces. Intenté entenderlo. –Fui yo quien te metió en esto.
Lo miré un poco confundida. Parecía que estaba enfurecido pero trataba de ocultarlo.
-Nunca lo has comprendido –continuó él- cuando me dieron este trabajo supe que mi familia estaría en riesgo. El padre de Ani es uno de los señores más ricos y peligrosos que he conocido en mi vida. Pero realmente necesitaba capturarlo. Mi tarea era simple, ganarme su confianza haciéndome pasar por un colega más de él. Dejando a un lado lo que más amaba. Tu madre y tú. Fue por eso que decidimos separarnos, más que nada por su seguridad.
-Eso ya lo sabía –lo interrumpí con una risita. Mi padre me miró de tal modo que hizo que me arrepintiera haberlo interrumpido.
-Cuando supe que él tenía una hija –prosiguió- todos comenzaron a mencionar que podría ser una gran fuente para poder capturarlos con más seguridad y claro, saber qué es lo que deseaban ellos. Tú eras perfecta para esta misión en la que yo estaba decidido a arriesgarte. Nunca pensé que las cosas podrían salirse de control así que les sugerí un plan en el que te incluyeran. Aunque no te lo mencionaríamos jamás.
No fue de la nada por la que te llamé y te dije que vinieras a conocer mi trabajo. Desde que llegaste todo estaba planeado. Chelsey estaba decidida a protegerte y darnos la información necesaria en caso de que Ani cambiara de planes. Y estábamos seguros de que Ani te necesitaba porque sabía que estabas cercas de los chicos. Tuvo una relación con Tom pero nunca se le facilitó entrar a la casa, algo que tú habías hecho con facilidad.
-Espera –mi cabeza estaba procesando información que quizá yo nunca supe- ¿Por qué Chelsey nunca hizo el trabajo sucio, porque yo?
-Ani sospecharía.
-Ohh entonces fui de mucha ayuda –sonreí intentando no hacer el momento más incomodo.
-Pero tu actitud grotesca –eso fue un golpe bajo- siempre nos hizo un poco más difícil el plan y no podíamos decirte nada.
-¿Por qué?
-No eres buena mintiendo –otro golpe bajo- así que tuvimos que fingir mi muerte por muchas razones. Una de ellas era según eso para “protegerte” cuando en realidad deseábamos que permanecieras dentro de la casa y Ani pudiera hacer el trabajo sucio fácilmente. Cuando llegó el día de que tú por fin entregarías los papeles, que por cierto siempre fueron falsos, estábamos seguros de que los entregarías, pero no lo hiciste. Te robaron un cariño que nosotros nunca nos esperábamos. Por eso decidimos ir al plan perfecto. Al plan en el que teníamos todo autorizado y las pruebas necesarias para capturarlos.
-Sabes que pudieron haberme matado –renegué mientras podía hundirme a lo que sería mi tenebroso pasado.
-Pero nunca te dejé sola. Cada vez que tu ibas sola siempre estaba a tu lado aunque tú no te dieras cuenta.
-¿Y qué tienen planeado para esta vez?
-Nada –respondió rápidamente muy a secas.
-¿Es en serio? Yo sé cuando mientes.
-De acuerdo, si hay un plan. Lamentablemente no estás incluida –soltó una carcajada.
Valla, verlo sonreía durante una larga charla hizo que todo esto valiera la pena. Pero aun así no podíamos reír confiados. Ani era demasiado letal o al menos para mí hacía parecer un Lucifer en persona.
-¡Sabes que si de todos modos Ani aparece y la capturan, volverá a salir de la cárcel.
-Nadie habló sobre capturarla.
Quise responder “¿Entonces?” pero me bastó para poder entender a lo que se referían. “La muerte” era la única opción por la cual quizá no estaba incluida yo y aunque no lo crean, me alegraba saber que no tenía nada que ver en la muerte.
Estaba tan concentrada que sin esperarlo, la puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió instantáneamente, haciendo que mi corazón se acelerara esperando lo peor; la continuación de mis pesadillas.
Me giré espantada esperando lo peor.
-¡Bill! –Exclamé mientras me tentaba mi pecho donde mi corazón no dejaba de palpitar- Me asustaste –me detuve para respirar.
-Lo siento –sonrió- vine a disculparme por mi actitud tan grotesca. Perdóname –en serio parecía lamentarlo. De seguro los chicos le comentaron eso a Bill- Pero es que en serio necesitamos trabajar duro para este proyecto.
-Lo sé –admití- yo debería de disculparme por no darte tu espacio.
-Descuida, te prometí que saldríamos y eso haré cuando salgamos.
Me quedé totalmente quieta mientras mi miraba se detenía a mirar su rostro perfecto. No dije absolutamente nada y supuse que esperaba algo. Se quedó quieto por unos segundos para luego desaparecer como tantas veces.
De repente todo esto ya se estaba formando rutinario. Lo más importante para mí desaparecía cada que lo necesitaba.
Golpeé fuertemente algunas teclas del piano mientras dejaba pasar el coraje.
“No dejaré que nadie arruina mis días” y sin más preámbulos me dirigí hacia la puerta principal del estudio.
-¡Neily que haces! –me gritó David a lo lejos- al menos necesitas un acompañante.
-No –le grité.
Había tomado las llaves del carro de Bill sin nadie que estuviera siguiéndome o cuidándome. Está vez me las arreglaría yo sola si llegaba a haber una cámara frente a mí. Ya nadie me diría que hacer.
-Neily –me siguió gritando- no te vayas.
-Volveré temprano –solté una risita divertida por lo que estaba haciendo- lo prometo.
Conducía a toda velocidad hasta llegar a la casa de mis padres. Justo donde deseaba estar más que nada. Las llamadas a mi celular pronto comenzaron a cesar, algo que preferí no saber de quién eran.
Llegué a casa de mis padres tocando como una simple avergonzada. Tantas veces me quería escapar antes y ahora que he salido, deseo estar con ellos. ¡Qué lio!
Abrió mi mamá.
-¡Neily! –al aparecer le sorprendía- de haber sabido que vendrías le diría a tu padre.
-¿No se encuentra?
-No –ambas nos dirigimos a la sala a sentarnos.- Desde él día de tu última visita tu padre se ha comportado muy extraño.
Eso sin lugar a dudas me asustó. Si mi padre les decía a todos la verdad ahora tendría que hacer un escándalo y eso significaría más preocupaciones para los demás y más atención para mí respecto a los medios de comunicación.
-¿Sabes dónde puedo encontrarlo? –la única forma de arreglar esto era hablando con él.
-La verdad no –lo dudó un poco- creo que tiene su celular, podrías marcarle de ahí.
Suspiré.
-Mamá lo siento mucho pero debo irme.
-Tan pronto.
-Es urgente.
Al principio pensé que me preguntaría acerca de todo esto. Pero lo pensó muy lentamente para asentir con su cabeza lentamente. Me alegró mucho que no preguntara y me dirigí rápidamente al auto.
Mi celular estaba lleno de mensajes a los cuales preferí no prestarle atención. Marqué el número de mi padre sin detenerme a conducir, puesto que todo aquello ya estaba provocando en mí una adrenalina que en mucho tiempo no había sentido.
-¡Papá! –me sobresalté cuando escuché su voz. Fue cuando supe que iba demasiado rápido-necesito que hablemos.
-¿Qué ha ocurrido, Ani te hizo algo?
-Es justo de lo que quería que habláramos.
-¡Ani te hizo algo! –ahora era él el sobresaltado.
-¡No! –le grité. Luego comencé a reír. Estaba completamente loca, o al menos así me sentía- pero sería bueno vernos. Donde podemos vernos.
-¿Recuerdas el lugar donde supuestamente me mataron?
-Como olvidarlo –respondí sarcásticamente- te veré ahí.
Las preguntas realmente en mi cabeza nunca dejaban de cesar. ¿Porqué habría escogido ese lugar habiendo tantos lugares donde pudiéramos platicar.
Tragué saliva al ver ante mis ojos el lugar donde conocí a Ani por primera vez. Fue en el baño donde escuché toda la conversación y desde ahí comenzó una etapa de mi vida que nunca planeé o que por lo menos fue una de las más difíciles y hasta la fecha es una etapa en la que no he podido salir d ahí.
Miré atenta el lugar como si aquello me hiciera recordar algo o por lo menos entender “el porqué de las cosas”
Bajé del auto como si nada y me encaminé por los alrededores del lugar solo para verificar si había llegado él.
-Quería que habláramos ¿no? –apareció de la nada.
Me asusté.
-¡Papá! –lo miré con cuidado. Me gustaba analizarlo cada vez que podía cuando las situaciones se me eran más que sospechosas.- Así es –asentí con la cabeza mientras me dirigía hacia él.
Nos sentamos juntos en uno de los arboles que adornaban aquel lugar que parecía tan simple, pero cuando oscurecía era uno de los lugares más brillantes donde la gente le gustaba bailar y conocer gente nueva.
Nos sentamos juntos en el pasto verde al lado del árbol que nos cubría del sol.
-No quiero que nadie se entere –vacilé mientras me le declaraba, nada de esto era fácil para mí y lo más decepcionante de todo es que la adrenalina que se había formado en mí había desaparecido- Lo de Aní. No quiero preocuparlos a todos.
Soltó una carcajada.
-Es en serio –ahora estaba disgustada- no quiero poner en riesgo a los demás por mis estúpidos problemas.
-¿Cómo es posible que los llames como tus problemas? –se rehusó negando la cabeza varias veces. Intenté entenderlo. –Fui yo quien te metió en esto.
Lo miré un poco confundida. Parecía que estaba enfurecido pero trataba de ocultarlo.
-Nunca lo has comprendido –continuó él- cuando me dieron este trabajo supe que mi familia estaría en riesgo. El padre de Ani es uno de los señores más ricos y peligrosos que he conocido en mi vida. Pero realmente necesitaba capturarlo. Mi tarea era simple, ganarme su confianza haciéndome pasar por un colega más de él. Dejando a un lado lo que más amaba. Tu madre y tú. Fue por eso que decidimos separarnos, más que nada por su seguridad.
-Eso ya lo sabía –lo interrumpí con una risita. Mi padre me miró de tal modo que hizo que me arrepintiera haberlo interrumpido.
-Cuando supe que él tenía una hija –prosiguió- todos comenzaron a mencionar que podría ser una gran fuente para poder capturarlos con más seguridad y claro, saber qué es lo que deseaban ellos. Tú eras perfecta para esta misión en la que yo estaba decidido a arriesgarte. Nunca pensé que las cosas podrían salirse de control así que les sugerí un plan en el que te incluyeran. Aunque no te lo mencionaríamos jamás.
No fue de la nada por la que te llamé y te dije que vinieras a conocer mi trabajo. Desde que llegaste todo estaba planeado. Chelsey estaba decidida a protegerte y darnos la información necesaria en caso de que Ani cambiara de planes. Y estábamos seguros de que Ani te necesitaba porque sabía que estabas cercas de los chicos. Tuvo una relación con Tom pero nunca se le facilitó entrar a la casa, algo que tú habías hecho con facilidad.
-Espera –mi cabeza estaba procesando información que quizá yo nunca supe- ¿Por qué Chelsey nunca hizo el trabajo sucio, porque yo?
-Ani sospecharía.
-Ohh entonces fui de mucha ayuda –sonreí intentando no hacer el momento más incomodo.
-Pero tu actitud grotesca –eso fue un golpe bajo- siempre nos hizo un poco más difícil el plan y no podíamos decirte nada.
-¿Por qué?
-No eres buena mintiendo –otro golpe bajo- así que tuvimos que fingir mi muerte por muchas razones. Una de ellas era según eso para “protegerte” cuando en realidad deseábamos que permanecieras dentro de la casa y Ani pudiera hacer el trabajo sucio fácilmente. Cuando llegó el día de que tú por fin entregarías los papeles, que por cierto siempre fueron falsos, estábamos seguros de que los entregarías, pero no lo hiciste. Te robaron un cariño que nosotros nunca nos esperábamos. Por eso decidimos ir al plan perfecto. Al plan en el que teníamos todo autorizado y las pruebas necesarias para capturarlos.
-Sabes que pudieron haberme matado –renegué mientras podía hundirme a lo que sería mi tenebroso pasado.
-Pero nunca te dejé sola. Cada vez que tu ibas sola siempre estaba a tu lado aunque tú no te dieras cuenta.
-¿Y qué tienen planeado para esta vez?
-Nada –respondió rápidamente muy a secas.
-¿Es en serio? Yo sé cuando mientes.
-De acuerdo, si hay un plan. Lamentablemente no estás incluida –soltó una carcajada.
Valla, verlo sonreía durante una larga charla hizo que todo esto valiera la pena. Pero aun así no podíamos reír confiados. Ani era demasiado letal o al menos para mí hacía parecer un Lucifer en persona.
-¡Sabes que si de todos modos Ani aparece y la capturan, volverá a salir de la cárcel.
-Nadie habló sobre capturarla.
Quise responder “¿Entonces?” pero me bastó para poder entender a lo que se referían. “La muerte” era la única opción por la cual quizá no estaba incluida yo y aunque no lo crean, me alegraba saber que no tenía nada que ver en la muerte.
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Nayelitita
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Cap 12
Cap 11.- Mi historia
martes, 26 de julio de 2011
Mi vida. Mi historia. Todo lo que forma parte de mi vida parece que no tiene fin. Me gustaría que con toda la fuerza del mundo pudiera decir “por fin, vivieron felices para siempre” pero eso no parecía tocarme a mí. Solo a la gente con verdadera suerte se zafaba de líos grandes, de problemas graves y después estaban tranquilos. Que era todo lo contrario que pasaba conmigo. Conmigo es como si me estuviera cayendo cada vez más en un agujero negro donde no tenía fin y cada vez se ponía más oscuro. Así conmigo está mi vida.
Suspiré.
-¿En qué piensas? –me preguntó después de haber convivido un poco.
-En el futuro –respondí con sinceridad.
Por dentro quería que no preguntara sobre lo sucedido con mi padre. Fingir que nada había pasado frente a mi madre y Bill era como tener que mentirme a mí misma. Mi padre nunca volvió al “reencuentro ni al convivio” se mantuvo distante durante muchas horas y al final solo bajó para despedirse. Aunque su rostro ya no me parecía tan preocupado.
-Te da miedo –me aseguró mientras se le escapaba una de sus risitas. Pero vaya que sí tenía miedo.
Su mano me acarició la pierna tiernamente dándome a entender que no tenía nada por qué temer.
Lo miré con mis ojos brillosos hacia su rostro mientras sonreía de oreja a oreja.
-Hoy que hablé con tus padres –comentó Bill con una sonrisa mientras yo lo miraba atento- me sentí bien conmigo mismo. No sé que le hayas dicho a tu mamá pero cambió mucho su actitud hacia conmigo. Te lo agradezco.
Me miró a los ojos quintándome todo el aliento. Mi corazón latió fuertemente lanzándome a él. Lo besé.
-Neily estoy manejando.
-Lo siento –me disculpé avergonzada- simplemente no pude evitarlo. Creo que fue Kate.
-¿Quién?
Oh oh. Había olvidado decirle que me había gustado un nombre para mi hija, pero no lo había platicado con él.
-Ka-t-e –Tartamudeé hasta sentirme que mis manos comenzaron a temblarme- me gusta ese nombre.
-¿Kate? –su rostro definitivamente no parecía muy convencido- ese nombre…la verdad que no lo sé.
-No es definitivo –me desanimé- aun podemos platicar sobre los nombres.
Y así un largo viaje y una larga charla nos esperaba.
No puedo decir que en la primera charla quedó el nombre de nuestra primera hija porque estaba dándole lata con que quería que se llamara “kate”
-¿Por qué? –renegaba Bill – que te gusta de ese nombre.
La verdad no tenía idea del porque, pero era un nombre que me gustaba mucho. Así que preferimos dejarlo a un lado.
Tampoco era de esperarse que los demás quisieran contribuir a los nombres para la “nueva integrante” decían los chicos cada vez que miraban mi enorme barriga.
“Sophie, Leila, Wendy, Raven, Alex” Ese último se le ocurrió a Tom.
No negaba que los chicos eran una base importante en mi vida. Ellos me hacían tomar muchas fuerzas, incluidos los comentarios absurdos de Tom.
-¿Cuándo explotaras? –Miraba Tom atónito mi abdomen-.
-Ahora- gritaba y al mismo tiempo lo golpeaba con mi barriga. Solo entonces me reia.
Bill aun se mantenía distante conmigo. Cada noche intentaba acariciarlo por las noches y juraba que mi bebe manejaba esa parte de mí. Pero Bill se negaba y se limitaba a dormir “Bunas noches” le susurraba en voz baja mientras intentaba hacer desaparecer el nudo en la garganta.
“Tranquila Kate” acariciaba mi vientre, “tengo la esperanza de que cambiara”
Y la misma rutina de diario comenzaba. Me levantaba, justo al lado de mí se encontraba una rosa..Imaginaria –me gustaba recordar lo que hacía en el pasado- sonreía despreocupada al mirar hacia el otro lado de la cama “vacía” Suspiré.
-Buenos días –canturreó Shelly la nueva sirvienta de la casa y la que me ayudaría a pasar los meses restantes de mi embarazo. Aquella señora robusta con su cabello rubio cenizos y ojos de color gris. Su piel siempre me pareció sudorosa pero nunca con un olor desagradable. –¿Como has amanecido el día de hoy?
-Bien –solté una carcajada. Aquella señora fue gentil conmigo desde el momento en que la contrataron. Me gustaba llamarla por su nombre y no como la sirvienta.
-¿Solo bien?
La miré a los ojos. Asentí con mi cabeza para no tener que lidiar con los resentimientos y palabras tristemente cortantes.
-Shelly necesito de verdad un pedazo de pan con chocolate.
Shelly me miró con los ojos como platos. Tragó saliva e intentó acomodar mi desayuno sobre la cama. Parecía estar pensándolo.
-Perdona, pero que él señor Bill la regañaría.
Olvidé decir que ella tenía el acento un poco extraño y era demasiado cortés.
-No me importa. Hay tantas cosas que Bill me oculta, estoy segura y que tiene de malo ocultarle que comeré un pedazo de chocolate.
-Pero él lo notara –estaba más asustada que yo y eso me dio un poco de risa.
-Descuide –la tomé por los hombros- no la despedirán por mi culpa. Usted mantendrá su trabajo después de cuarenta días que haya nacido mi bebe.
Eso la tranquilizó pero no parecía convencerla del todo. Me rendí.
-Todo por una maldita revista –me quejé-.
-Pagan mucho dinero por una fotografía de embarazada y más viniendo de usted –comentó Shelly un poco sonriente.
-Crees que estoy gorda.
-No para nada –se apresuró a decirme-.
-Entonces no creo que un pan con chocolate pueda hacerme más gorda, además mi bebe lo pide a gritos.
Ahora sí que se la estaba pensando. Terminó de acomodarme todo el desayuno completo sobre mi cama; Jugo de naranja, solo un poco, avena, apio, lechuga, un cuarto de leche, yogurt y un huevo estrellado.
-Lo siento mucho –tragó saliva y se retiro.
Después de pensarlo, hubiera sido una buena idea haberla amenazado con su trabajo. Tal vez por eso sonreía.
Desayuné sola –como todos los días- comía sin ganas. Simplemente masticaba lo que los demás llamaban “comida” yo realmente deseaba una hamburguesa, un hot-cake, pastelillos, galletas y chocolates.
Tragué saliva al recordar el dulce sabor y aroma que provocaban en mi boca al morder.
Bajé instantáneamente con mi desayuno para lavarlos yo misma.
-¡Que hace! –Intervino Shelly quitándome los platos sucios- déjeme hacerlo yo.
-Que tiene de malo hacerlos yo misma –solté una carcajada-.
-Entonces estaría haciendo mi trabajo.
Suspiré.
Al detenerme a mirar el estudio en el que estaba rodeada no pude evitar escuchar los sonidos que proferían del último cuarto.
Llegué hasta ahí sin importar lo que dirían como otras veces “Neily, ve a descansar” pero ¿Qué descansaría si todo el tiempo me tenía recostada en mi cama todo el tiempo”
Abrí la puerta solo un poco mientras echaba un ojo. Bill y Tom estaban sentados mientras Gustav golpeaba la batería. Era como si lo estuvieran estudiando para que cometiera un error. Yo solo veía a un chico feliz tocando la batería muy rápidamente.
“Genial” solté al ver a Gustav demasiado rápido tocar la batería.
-¡Neily! –Gritó Tom al verme-.
Me asusté y cerré la puerta rápidamente antes de que me vieran los demás aunque sabía que era demasiado tarde. Lo suficiente para que….
-¡Bill! –exclamé al verlo salir del cuarto-.
-Realmente necesitamos privacidad –dijo seriamente-.
-Lo entiendo –apreté los labios fuertemente- no volveré a hacerlo.
-Perdóname, pero en cuanto salga iremos a comprar algunos muebles para el cuarto del bebe.
Mi risa fue débil a comparación a la de él. Me dio un beso en la mejilla y entró como si nada hubiera pasado.
Me sentí una niña queriendo entrar al estudio de papá. Ahora más que nunca deseaba estar en mi casa, no importaba que yo y mi mamá estuviéramos peleando. Ahora daba todo por estar con ellos.
Me senté en el último escalón de la escalera mientras deprimía mis penas.
-Quita esa cara –pasó Georg a un lado de mí con tres bebidas en la mano-.
Sonreí forzadamente intentando bromear.
-Recuerda que hay un piano –me guiñó el ojo.
Me levanté sin ánimos y fui a la sala en la que se encontraba el piano.
Aunque me parecía demasiado familiar, como si ya hubiera estado ahí hace poco. Fue entonces cuando recordé el incidente que había ocurrido en mi sueño.
Caminé hacia él con timidez hasta tocarlo con las yemas de mi mano.
-Cuando crezcas –aunque pareciera tonto, comencé a hablarle a la única persona que quizá me escucharía- te enseñaré a tocar el piano, como lo hizo mi padre conmigo.
Era difícil tocar el piano ahora que estaba embarazada, pero nada me quitaba las ganas de hacerlo. Toqué una canción que mi padre me enseñó. Fue una de las primeras canciones que hice con él.
Estaba tan concentrada que sin esperarlo, la puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió instantáneamente, haciendo que mi corazón se acelerara esperando lo peor; la continuación de mis pesadillas.
Suspiré.
-¿En qué piensas? –me preguntó después de haber convivido un poco.
-En el futuro –respondí con sinceridad.
Por dentro quería que no preguntara sobre lo sucedido con mi padre. Fingir que nada había pasado frente a mi madre y Bill era como tener que mentirme a mí misma. Mi padre nunca volvió al “reencuentro ni al convivio” se mantuvo distante durante muchas horas y al final solo bajó para despedirse. Aunque su rostro ya no me parecía tan preocupado.
-Te da miedo –me aseguró mientras se le escapaba una de sus risitas. Pero vaya que sí tenía miedo.
Su mano me acarició la pierna tiernamente dándome a entender que no tenía nada por qué temer.
Lo miré con mis ojos brillosos hacia su rostro mientras sonreía de oreja a oreja.
-Hoy que hablé con tus padres –comentó Bill con una sonrisa mientras yo lo miraba atento- me sentí bien conmigo mismo. No sé que le hayas dicho a tu mamá pero cambió mucho su actitud hacia conmigo. Te lo agradezco.
Me miró a los ojos quintándome todo el aliento. Mi corazón latió fuertemente lanzándome a él. Lo besé.
-Neily estoy manejando.
-Lo siento –me disculpé avergonzada- simplemente no pude evitarlo. Creo que fue Kate.
-¿Quién?
Oh oh. Había olvidado decirle que me había gustado un nombre para mi hija, pero no lo había platicado con él.
-Ka-t-e –Tartamudeé hasta sentirme que mis manos comenzaron a temblarme- me gusta ese nombre.
-¿Kate? –su rostro definitivamente no parecía muy convencido- ese nombre…la verdad que no lo sé.
-No es definitivo –me desanimé- aun podemos platicar sobre los nombres.
Y así un largo viaje y una larga charla nos esperaba.
No puedo decir que en la primera charla quedó el nombre de nuestra primera hija porque estaba dándole lata con que quería que se llamara “kate”
-¿Por qué? –renegaba Bill – que te gusta de ese nombre.
La verdad no tenía idea del porque, pero era un nombre que me gustaba mucho. Así que preferimos dejarlo a un lado.
Tampoco era de esperarse que los demás quisieran contribuir a los nombres para la “nueva integrante” decían los chicos cada vez que miraban mi enorme barriga.
“Sophie, Leila, Wendy, Raven, Alex” Ese último se le ocurrió a Tom.
No negaba que los chicos eran una base importante en mi vida. Ellos me hacían tomar muchas fuerzas, incluidos los comentarios absurdos de Tom.
-¿Cuándo explotaras? –Miraba Tom atónito mi abdomen-.
-Ahora- gritaba y al mismo tiempo lo golpeaba con mi barriga. Solo entonces me reia.
Bill aun se mantenía distante conmigo. Cada noche intentaba acariciarlo por las noches y juraba que mi bebe manejaba esa parte de mí. Pero Bill se negaba y se limitaba a dormir “Bunas noches” le susurraba en voz baja mientras intentaba hacer desaparecer el nudo en la garganta.
“Tranquila Kate” acariciaba mi vientre, “tengo la esperanza de que cambiara”
Y la misma rutina de diario comenzaba. Me levantaba, justo al lado de mí se encontraba una rosa..Imaginaria –me gustaba recordar lo que hacía en el pasado- sonreía despreocupada al mirar hacia el otro lado de la cama “vacía” Suspiré.
-Buenos días –canturreó Shelly la nueva sirvienta de la casa y la que me ayudaría a pasar los meses restantes de mi embarazo. Aquella señora robusta con su cabello rubio cenizos y ojos de color gris. Su piel siempre me pareció sudorosa pero nunca con un olor desagradable. –¿Como has amanecido el día de hoy?
-Bien –solté una carcajada. Aquella señora fue gentil conmigo desde el momento en que la contrataron. Me gustaba llamarla por su nombre y no como la sirvienta.
-¿Solo bien?
La miré a los ojos. Asentí con mi cabeza para no tener que lidiar con los resentimientos y palabras tristemente cortantes.
-Shelly necesito de verdad un pedazo de pan con chocolate.
Shelly me miró con los ojos como platos. Tragó saliva e intentó acomodar mi desayuno sobre la cama. Parecía estar pensándolo.
-Perdona, pero que él señor Bill la regañaría.
Olvidé decir que ella tenía el acento un poco extraño y era demasiado cortés.
-No me importa. Hay tantas cosas que Bill me oculta, estoy segura y que tiene de malo ocultarle que comeré un pedazo de chocolate.
-Pero él lo notara –estaba más asustada que yo y eso me dio un poco de risa.
-Descuide –la tomé por los hombros- no la despedirán por mi culpa. Usted mantendrá su trabajo después de cuarenta días que haya nacido mi bebe.
Eso la tranquilizó pero no parecía convencerla del todo. Me rendí.
-Todo por una maldita revista –me quejé-.
-Pagan mucho dinero por una fotografía de embarazada y más viniendo de usted –comentó Shelly un poco sonriente.
-Crees que estoy gorda.
-No para nada –se apresuró a decirme-.
-Entonces no creo que un pan con chocolate pueda hacerme más gorda, además mi bebe lo pide a gritos.
Ahora sí que se la estaba pensando. Terminó de acomodarme todo el desayuno completo sobre mi cama; Jugo de naranja, solo un poco, avena, apio, lechuga, un cuarto de leche, yogurt y un huevo estrellado.
-Lo siento mucho –tragó saliva y se retiro.
Después de pensarlo, hubiera sido una buena idea haberla amenazado con su trabajo. Tal vez por eso sonreía.
Desayuné sola –como todos los días- comía sin ganas. Simplemente masticaba lo que los demás llamaban “comida” yo realmente deseaba una hamburguesa, un hot-cake, pastelillos, galletas y chocolates.
Tragué saliva al recordar el dulce sabor y aroma que provocaban en mi boca al morder.
Bajé instantáneamente con mi desayuno para lavarlos yo misma.
-¡Que hace! –Intervino Shelly quitándome los platos sucios- déjeme hacerlo yo.
-Que tiene de malo hacerlos yo misma –solté una carcajada-.
-Entonces estaría haciendo mi trabajo.
Suspiré.
Al detenerme a mirar el estudio en el que estaba rodeada no pude evitar escuchar los sonidos que proferían del último cuarto.
Llegué hasta ahí sin importar lo que dirían como otras veces “Neily, ve a descansar” pero ¿Qué descansaría si todo el tiempo me tenía recostada en mi cama todo el tiempo”
Abrí la puerta solo un poco mientras echaba un ojo. Bill y Tom estaban sentados mientras Gustav golpeaba la batería. Era como si lo estuvieran estudiando para que cometiera un error. Yo solo veía a un chico feliz tocando la batería muy rápidamente.
“Genial” solté al ver a Gustav demasiado rápido tocar la batería.
-¡Neily! –Gritó Tom al verme-.
Me asusté y cerré la puerta rápidamente antes de que me vieran los demás aunque sabía que era demasiado tarde. Lo suficiente para que….
-¡Bill! –exclamé al verlo salir del cuarto-.
-Realmente necesitamos privacidad –dijo seriamente-.
-Lo entiendo –apreté los labios fuertemente- no volveré a hacerlo.
-Perdóname, pero en cuanto salga iremos a comprar algunos muebles para el cuarto del bebe.
Mi risa fue débil a comparación a la de él. Me dio un beso en la mejilla y entró como si nada hubiera pasado.
Me sentí una niña queriendo entrar al estudio de papá. Ahora más que nunca deseaba estar en mi casa, no importaba que yo y mi mamá estuviéramos peleando. Ahora daba todo por estar con ellos.
Me senté en el último escalón de la escalera mientras deprimía mis penas.
-Quita esa cara –pasó Georg a un lado de mí con tres bebidas en la mano-.
Sonreí forzadamente intentando bromear.
-Recuerda que hay un piano –me guiñó el ojo.
Me levanté sin ánimos y fui a la sala en la que se encontraba el piano.
Aunque me parecía demasiado familiar, como si ya hubiera estado ahí hace poco. Fue entonces cuando recordé el incidente que había ocurrido en mi sueño.
Caminé hacia él con timidez hasta tocarlo con las yemas de mi mano.
-Cuando crezcas –aunque pareciera tonto, comencé a hablarle a la única persona que quizá me escucharía- te enseñaré a tocar el piano, como lo hizo mi padre conmigo.
Era difícil tocar el piano ahora que estaba embarazada, pero nada me quitaba las ganas de hacerlo. Toqué una canción que mi padre me enseñó. Fue una de las primeras canciones que hice con él.
Estaba tan concentrada que sin esperarlo, la puerta que se encontraba a mis espaldas se abrió instantáneamente, haciendo que mi corazón se acelerara esperando lo peor; la continuación de mis pesadillas.
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Cap 11
Cap 10.- Algo nos une
lunes, 18 de julio de 2011
-Creo que mi actitud hacia ustedes no fue la correcta. Por eso quiero disculparme por las actitudes que tomé durante los días pasados, aunque mi única intención jamás fue herirlos. No me gustaría que por aquella actitud mía, ustedes se distanciaran sin motivo alguno.
Tomé la mano apretándola fuertemente mientras sonreía por dentro. Aquellas palabras me hicieron sentirme orgullosa de tener a alguien así a mi lado. Realmente parecía que lo lamentaba y eso, supongo que era parte del plan. Aun mis instintos me indicaban que Bill no se sentía lo suficiente cómodo para sincerarse.
-Una actitud demasiado inmadura –interrumpió mi madre con la misma actitud de arrogante. Inmediatamente puse los ojos en blanco.
Creo que en este momento lo que más deseaba era que mi madre hiciera el menor esfuerzo de llevársela bien con él, pero inclusive era algo que yo misma mía no me la creía.
-Es cierto –admitió Bill a pesar de que él le respondía de una manera muy gentil para que mi madre la mereciera- pero estoy dispuesto a hacer lo que sea que a Neily la haga feliz.
-Sí, seguro –bufó mi madre cruzándose de brazos evitando nuestras miradas.
-Mamá –le llamé la atención de una forma desesperante.
-Pues no me convence –se levantó del sillón con su orgullo más que nada y caminó hacia la cocina.
Ahora éramos tres extraños mirándonos los rostros en una sala que ahora parecía ser inservible.
No era justo, hoy más que nada deseaba “las paces” pero gracias a la arrogancia de mi madre, eso jamás iba a hacer posible.
Sin perder mis estribos me dirigí rápidamente hacia con ella. No iba a dejar que todo se echara para atrás y menos ahora que Bill estaba dispuesto.
-¿Podemos hablar? –la jalé antes de que subiera a las escaleras. Por más que tratara de que no sonara como una pregunta, al final de cuentas sonó así.
-No –negó secamente subiendo como sí nada.
Yo la seguí.
Ella intentó meterse a su cuarto queriéndome cerrar la puerta en mis narices, pero alcancé a detenerla justo después de poner mi pie en medio del cuarto.
Empujé la puerta sin mucho esfuerzo y cerré la puerta para evitar que nuestras palabras llegaran a la parte de abajo.
-¿Al menos podrías hacer el intento de llevártela bien? –me queje mientras me aventaba a la cama como si aquello me llegara a hacerme sentir mejor.
-No confió en él.
-¿por qué?
-Es un presentimiento, no lo sé, quizá, tenga mucho miedo de perderte.
-¿Pero perderme por qué? –ahora pensé que a mi madre se le había zafado un tornillo.
-Tú me entiendes –su voz increíblemente me pareció asustada y temerosa. Incluso bajó la voz como si la estuviesen vigilando. –cuando supe lo que había pasado contigo por lo de tú papá y lo de Bill, siempre supe que no era una buena idea. Tuve miedo al pensar que te había perdido la primera vez, y no quiero volverme arriesgar.
-Pero Bill no es el culpable de todas las cosas malas que me pasen a mí –lo defendí casi intentando no reírme.
-Te digo que es un presentimiento muy malo –me repitió temerosa, casi rogándome que lo dejara. –Verte embarazada me enfureció mucho más, por qué algo los unirá para siempre.
-Lo sé –asentí entusiasmada. Mi sonrisa creció pero en un instante desapareció al ver el rostro de mi madre serio.
-Temo por ti –admitió finalmente y solo ahí pude recordar el rostro de Ani, mirándome sigilosamente esperando a que yo llegara a ella.
Mi corazón se exaltó y mi cuerpo comenzó a adormilarse poco a poco hasta no sentir nada. Un sudor frío recorrió mi nuca rápidamente hasta sentir escalofríos.
-¿Podrías intentar llevarte bien con él? Sabes que, pronto seremos familia –hablé pausadamente para que no notara lo nerviosa que estaba. Pues en cada una de las palabras se podía repetir constantemente el nombre de “Ani, Ani, Ani” que temía tanto decirla.
-¿Te casaras con él? –mis ojos se abrieron de par en par mientras la respiración de mi madre se detuvo bruscamente.
-No –solté mientras me detenía a parpadear. –Simplemente ahora habrá algo que no unirá para siempre como tú lo dices. –le señalé justo en mi abdomen mientras esperaba su respuesta.
Suspiró un poco cansada, luego se acercó a mí acariciando suavemente mi frente sin dejar de mirarme a los ojos.
-Solo espero nunca decirte “te lo advertí”
No pude dejar de vitar que eso me causo miedo, tanto que solo asentí con la cabeza mientras la escena de Ani se esparcía más por mi cabeza.
Me faltó el aire y todo comenzó a darme vueltas la cabeza. Mi madre ni siquiera lo notó. Se había retirado justo cuando corrí por un vaso de agua. Mi corazón se aceleró sin dejar de tranquilizarme. Un sudor frio recorrió toda mi frente haciendo que mi cuerpo se entumiera lentamente.
Me detuve a respirar poco a poco. Me estaba asustando pero no sabía por qué.
Me giré para ver a través de la puerta la escena en la que mi madre saludaba de buena manera a Bill. “Que bonito, dije sin dejar de ver la escena……….
-¿Y a ti que te sucede? –me asustó mi padre quien me habló justo detrás de mí.
-Nada –intenté calmarme. ¿Por qué justo ahora me tenía que sentir tan mal?
Mi padre no me creyó –como era de esperarse- y se detuvo a escanearme el rostro. Intenté bajarla, por miedo a que me descubriera.
Después de analizarme muy bien, sus ojos se abrieron como platos y soltó el vaso que sostenía de agua.
-¡Has visto a Ani!
Hubiera deseado que me lo preguntara, para por lo menos negarlo, pero no se trataba de una pregunta, sino de una afirmación.
En ningún momento su voz me pareció fuerte, sino todo lo contrario, habló en voz baja para que nadie lo escuchara.
-¿Qué ocurre? –gritó mi madre al otro lado de la sala.
Nadie de los dos dijimos nada. Hubiera deseado ser yo la que dijera “nada, solo un mal entendido, mi padre ha entendido muy mal las cosas” pero nada de eso pasó. Dejé que el silencio me invadiera y dejé que pasara el momento.
-Nada –gritó al fin mi papá un poco más tranquilo.
¡Corre! Escuché una voz en mi interior, pero antes de poderme largar –como siempre me gustaba hacer- la mano fuerte y dura de mi padre me detuvo mi brazo haciendo que me detuviera justo antes de tocar la puerta y eso que me faltaba muy poco.
-Puedes explicármelo –sentí como un dolor me estremecía por todo el brazo hasta adormilarse. Ahora era una exigencia que no podía hacerla parar. ¿Pero qué le diría? ¿Nada? Ya no me creería. ¡Era mala con las mentiras!
-Suéltame –jaloneé haciendo mi voz dura pero no tan fuerte para que nadie pudiera escuchar. “Error” solo estaba afirmando que mi padre tenía razón. ¿Por qué? Fácil; Si hubiera sido “inteligente” hubiera negado rápidamente “No papá, es solo que esto del embarazo hace que me dé mareos intensos” y no hubiera tenido que bajar la voz, pero opté por la peor respuesta “Suéltame” traducido es “déjame huir” y bajé la voz porque tenía miedo de que los demás oyeran.
Me soltó.
-Me lo dirás –volvió a exigirme- esto es importante y más justo en estos momentos- Sus ojos me señalaron a mi vientre que se encontraba en medio de nosotros.
Era verdad, no solo estaba en juego yo, sino también mi bebe Aquella ternura indefensa. Me asusté.
-No te espantes –me tranquilizó enseguida- simplemente debes decirme que ocurrió.
-Solo la vi –mi voz temblorosa hizo el trabajo sucio- estaba en la calle, pude verla mientras íbamos en el auto.
Mi padre me tomó por los hombros acercándose más a mi rostro. Su rostro era pura preocupación. ¿Cómo no asustarme por ello?
Pensé que me diría algo, pero no lo hizo. Me soltó y se largó sin decir palabra alguna.
Intenté tomar un agua tratando de que mi mano no temblara tanto, pero era inevitable y más fingir que me encontraba bien frente a Bill y mi madre quienes me esperaban impacientes para lo que sería nuestra primera convivencia juntos. Y yo lo había echado a perder.
Tomé la mano apretándola fuertemente mientras sonreía por dentro. Aquellas palabras me hicieron sentirme orgullosa de tener a alguien así a mi lado. Realmente parecía que lo lamentaba y eso, supongo que era parte del plan. Aun mis instintos me indicaban que Bill no se sentía lo suficiente cómodo para sincerarse.
-Una actitud demasiado inmadura –interrumpió mi madre con la misma actitud de arrogante. Inmediatamente puse los ojos en blanco.
Creo que en este momento lo que más deseaba era que mi madre hiciera el menor esfuerzo de llevársela bien con él, pero inclusive era algo que yo misma mía no me la creía.
-Es cierto –admitió Bill a pesar de que él le respondía de una manera muy gentil para que mi madre la mereciera- pero estoy dispuesto a hacer lo que sea que a Neily la haga feliz.
-Sí, seguro –bufó mi madre cruzándose de brazos evitando nuestras miradas.
-Mamá –le llamé la atención de una forma desesperante.
-Pues no me convence –se levantó del sillón con su orgullo más que nada y caminó hacia la cocina.
Ahora éramos tres extraños mirándonos los rostros en una sala que ahora parecía ser inservible.
No era justo, hoy más que nada deseaba “las paces” pero gracias a la arrogancia de mi madre, eso jamás iba a hacer posible.
Sin perder mis estribos me dirigí rápidamente hacia con ella. No iba a dejar que todo se echara para atrás y menos ahora que Bill estaba dispuesto.
-¿Podemos hablar? –la jalé antes de que subiera a las escaleras. Por más que tratara de que no sonara como una pregunta, al final de cuentas sonó así.
-No –negó secamente subiendo como sí nada.
Yo la seguí.
Ella intentó meterse a su cuarto queriéndome cerrar la puerta en mis narices, pero alcancé a detenerla justo después de poner mi pie en medio del cuarto.
Empujé la puerta sin mucho esfuerzo y cerré la puerta para evitar que nuestras palabras llegaran a la parte de abajo.
-¿Al menos podrías hacer el intento de llevártela bien? –me queje mientras me aventaba a la cama como si aquello me llegara a hacerme sentir mejor.
-No confió en él.
-¿por qué?
-Es un presentimiento, no lo sé, quizá, tenga mucho miedo de perderte.
-¿Pero perderme por qué? –ahora pensé que a mi madre se le había zafado un tornillo.
-Tú me entiendes –su voz increíblemente me pareció asustada y temerosa. Incluso bajó la voz como si la estuviesen vigilando. –cuando supe lo que había pasado contigo por lo de tú papá y lo de Bill, siempre supe que no era una buena idea. Tuve miedo al pensar que te había perdido la primera vez, y no quiero volverme arriesgar.
-Pero Bill no es el culpable de todas las cosas malas que me pasen a mí –lo defendí casi intentando no reírme.
-Te digo que es un presentimiento muy malo –me repitió temerosa, casi rogándome que lo dejara. –Verte embarazada me enfureció mucho más, por qué algo los unirá para siempre.
-Lo sé –asentí entusiasmada. Mi sonrisa creció pero en un instante desapareció al ver el rostro de mi madre serio.
-Temo por ti –admitió finalmente y solo ahí pude recordar el rostro de Ani, mirándome sigilosamente esperando a que yo llegara a ella.
Mi corazón se exaltó y mi cuerpo comenzó a adormilarse poco a poco hasta no sentir nada. Un sudor frío recorrió mi nuca rápidamente hasta sentir escalofríos.
-¿Podrías intentar llevarte bien con él? Sabes que, pronto seremos familia –hablé pausadamente para que no notara lo nerviosa que estaba. Pues en cada una de las palabras se podía repetir constantemente el nombre de “Ani, Ani, Ani” que temía tanto decirla.
-¿Te casaras con él? –mis ojos se abrieron de par en par mientras la respiración de mi madre se detuvo bruscamente.
-No –solté mientras me detenía a parpadear. –Simplemente ahora habrá algo que no unirá para siempre como tú lo dices. –le señalé justo en mi abdomen mientras esperaba su respuesta.
Suspiró un poco cansada, luego se acercó a mí acariciando suavemente mi frente sin dejar de mirarme a los ojos.
-Solo espero nunca decirte “te lo advertí”
No pude dejar de vitar que eso me causo miedo, tanto que solo asentí con la cabeza mientras la escena de Ani se esparcía más por mi cabeza.
Me faltó el aire y todo comenzó a darme vueltas la cabeza. Mi madre ni siquiera lo notó. Se había retirado justo cuando corrí por un vaso de agua. Mi corazón se aceleró sin dejar de tranquilizarme. Un sudor frio recorrió toda mi frente haciendo que mi cuerpo se entumiera lentamente.
Me detuve a respirar poco a poco. Me estaba asustando pero no sabía por qué.
Me giré para ver a través de la puerta la escena en la que mi madre saludaba de buena manera a Bill. “Que bonito, dije sin dejar de ver la escena……….
-¿Y a ti que te sucede? –me asustó mi padre quien me habló justo detrás de mí.
-Nada –intenté calmarme. ¿Por qué justo ahora me tenía que sentir tan mal?
Mi padre no me creyó –como era de esperarse- y se detuvo a escanearme el rostro. Intenté bajarla, por miedo a que me descubriera.
Después de analizarme muy bien, sus ojos se abrieron como platos y soltó el vaso que sostenía de agua.
-¡Has visto a Ani!
Hubiera deseado que me lo preguntara, para por lo menos negarlo, pero no se trataba de una pregunta, sino de una afirmación.
En ningún momento su voz me pareció fuerte, sino todo lo contrario, habló en voz baja para que nadie lo escuchara.
-¿Qué ocurre? –gritó mi madre al otro lado de la sala.
Nadie de los dos dijimos nada. Hubiera deseado ser yo la que dijera “nada, solo un mal entendido, mi padre ha entendido muy mal las cosas” pero nada de eso pasó. Dejé que el silencio me invadiera y dejé que pasara el momento.
-Nada –gritó al fin mi papá un poco más tranquilo.
¡Corre! Escuché una voz en mi interior, pero antes de poderme largar –como siempre me gustaba hacer- la mano fuerte y dura de mi padre me detuvo mi brazo haciendo que me detuviera justo antes de tocar la puerta y eso que me faltaba muy poco.
-Puedes explicármelo –sentí como un dolor me estremecía por todo el brazo hasta adormilarse. Ahora era una exigencia que no podía hacerla parar. ¿Pero qué le diría? ¿Nada? Ya no me creería. ¡Era mala con las mentiras!
-Suéltame –jaloneé haciendo mi voz dura pero no tan fuerte para que nadie pudiera escuchar. “Error” solo estaba afirmando que mi padre tenía razón. ¿Por qué? Fácil; Si hubiera sido “inteligente” hubiera negado rápidamente “No papá, es solo que esto del embarazo hace que me dé mareos intensos” y no hubiera tenido que bajar la voz, pero opté por la peor respuesta “Suéltame” traducido es “déjame huir” y bajé la voz porque tenía miedo de que los demás oyeran.
Me soltó.
-Me lo dirás –volvió a exigirme- esto es importante y más justo en estos momentos- Sus ojos me señalaron a mi vientre que se encontraba en medio de nosotros.
Era verdad, no solo estaba en juego yo, sino también mi bebe Aquella ternura indefensa. Me asusté.
-No te espantes –me tranquilizó enseguida- simplemente debes decirme que ocurrió.
-Solo la vi –mi voz temblorosa hizo el trabajo sucio- estaba en la calle, pude verla mientras íbamos en el auto.
Mi padre me tomó por los hombros acercándose más a mi rostro. Su rostro era pura preocupación. ¿Cómo no asustarme por ello?
Pensé que me diría algo, pero no lo hizo. Me soltó y se largó sin decir palabra alguna.
Intenté tomar un agua tratando de que mi mano no temblara tanto, pero era inevitable y más fingir que me encontraba bien frente a Bill y mi madre quienes me esperaban impacientes para lo que sería nuestra primera convivencia juntos. Y yo lo había echado a perder.
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Cap 1.0
Cap 9.- ¿Pero qué diablos hacía aquí?
martes, 28 de junio de 2011
Mis ojos comenzaron a pestañar sin que yo lo deseara. Intentaba mantenerlos cerrados apretándolos fuertemente mientras me aferraba a las sabanas que mantenían cubierto mi cuerpo desnudo. Pero un rayo de luz hizo lo que tanto odiaba. Despertar.
Bill aun continuaba dormido, por lo que cuidadosamente me levantaba sin hacer un movimiento brusco. Aquello me gustó demasiado. Me era difícil creer que habíamos dormido juntos después de tanto tiempo.
Sonreí de oreja a oreja.
Un pantalón –uno de mis favoritos- me lo coloqué enseguida junto con una blusa beige que disimulaba mi panza.
Bajé demasiado contenta muy lentamente, aparte de que tenía miedo de que Bill se despertara mis músculos ya no reaccionaban de la misma forma.
-Buenos días –cantó Tom demasiado alegre como para no saber que algo raro pasaba.
En la cocina se encontraban como siempre Tom, Georg y David en la mesa compartiendo un poco de pasta italiana, pero aun así pensar en comida hacía que se me revolviera el estomago.
-Sabes que es lo que más me encanta –continuó Tom dirigiéndose hacia Georg con la misma sonrisa fingiendo que yo no estaba ahí.- que utilicen el sexo como una forma de reconciliarse.
¡Con que era eso! Refunfuñé a mis adentros mientras pasaba cautelosa a su lado. Justo cuando me encontraba cerca de él, le di un codazo golpeándolo en su torso. Mis oídos escuchaban campanadas cuando escuchaba que se quejaba del dolor.
-¡Cállate Tom! –pidió David muy seriamente, aunque admito que estaba avergonzada que Tom dijera eso en frente de David.
Miré a David aun avergonzada esperando alguna reacción como enchuecarme la cara o poner los ojos como platos. Solo echó un vistazo sin poder adivinar su reacción y se dedico a mirar el periódico de esta mañana.
-¿Ustedes pudieron dormir? –Gustav, de la persona a quien menos espera que dijera eso, lo gritaba desde que había bajado para llegar a la cocina. Incluso venía tallándose los ojos mientras se quitaba las lagañas de los ojos.
-¿Por qué lo dices? –preguntó Tom divertido. Aquello me pareció de lo más estúpido. Siguiendo un juego que no parecía tener límites.
-Anoche hubo ruidos extraños –respondió Gustav. Incluso casi podía parecer inocente su respuesta.
-Lo sé –admitió Tom sin dejar de reír- fue una de las noches más largas que he tenido en este estudio…..
-Pueden callarse –interrumpió de nuevo David quien solo podía adivinar “seriedad” en su rostro y lo dudaba.
Gustav se detuvo en seco antes de llegar completamente a la comida mientras nos miraba atentos. Solo ahí supe que Gustav no tenía ni la menor idea.
-Buenos días –apareció Bill frente a mí con una gafas oscuras cubriendo sus ojos. Llegó a mí abrazándome y plantándome un beso frente a todos. Sentí mucho calor.
Miré a mí alrededor solo para admirar los rostros de nuestro publico. Unos aun con seriedad, otros riéndose y otros….¿Sorprendidos? ahh sí Gustav apenas había comprendido los ruidos extraños.
Mi día apenas había comenzado como un día maravilloso, después de tanto tiempo había esperado este gran momento. Era demasiado bello y lo mejor de todo es que no podía esperar el nacimiento de mi pequeña hija. Dentro de poco seríamos padres.
Y no es que la idea de ser padre me atemorizara a mí. Más bien estaba ansiosa por saber cómo sería, por saber acerca de esa pequeña criatura, de ser madre.
Mientras nos preparábamos para ir a casa de mi padre, no pude evitar ver a Bill todo el tiempo. En veces su mirada se perdía a través de las cosas como si deseara atravesarlas, otras veces simplemente se mostraba ido.
-No sabes cuánto te agradezco que hagas esto por mi –pase mi mano sobre la de él mientras me dejaba consumir por un escalofrió interminable.
-Te amo –me respondió dedicándome una de mis sonrisa favoritas. Yo también lo amaba demasiado.
Ni siquiera podía describir lo que esto me provocaba. No había palabras para describir las emociones encontradas en ese momento. Simplemente encantador, no, más que encantador.
Salimos un poco aprisa, ya que mi ansiedad por verlos en ese momento era necesaria. Me sentía fatal después de estar días enojados sin tener razones para no hablarnos. Me parecían más que estúpidas, pero estaba dispuesta a hacerlo todo para mejorar mi relación con ellos. No quería que algo terminara mi relación sabiendo que son las personas que mas amaba.
Sonreía de oreja a oreja sin dejar de mirar la ciudad que recorríamos a gran velocidad gracias a su auto. Estaba emocionada, y eso hacía que mirara el mundo desde una perspectiva que no creí conocer….un mundo positivo.
Cada que podía miraba a Bill estupefacta, sus ojos le brillaban como dos estrellas irremediablemente bellas. Su rostro liso y perfectamente maquillado me dejaba cada vez boca abierta. Aunque…solo por un momento sentí una mirada tan fuerte. Al principio supuse que se trataba de un fan, pero me inquieto mucho que fuera algo más que solo un fan. Quizá una cámara fotográfica. ¡Si, de seguro eso era! Pues entonces sería mejor que aprovechen de un rostro más que feliz.
Sonreí mirando lentamente por la ventanilla esperando buscar la tan famosa cámara, pero no la encontré. ¿Me había equivocado? Seguí buscando con mi mirada aquella mirando cuando entonces….mi corazón se detuvo drásticamente.
La mirada de Ani hizo que el mundo se detuviera haciendo que los segundos se convirtieran en minutos. Se encontraba parada en una esquina sonriendo de oreja a oreja sin quitarme la mirada de encima.
Mi cuerpo automáticamente se volvió para atrás tomando la mano de Bill fuertemente para atrás. Había logrado sacarme un suspiro mientras intentaba hacer latir mi corazón haciendo respiraciones.
Tuve que parpadear dos veces para poder creer lo que mis ojos estaban viendo.
-¿Qué sucede? –preguntó Bill mientras me miraba atónito por mi rostro.
Pero aunque intentara mirarlo no podía. Tenía toda la mirada puesta en ella como si temiera acercarse a mí.
-¡Bill! –grité apretando su mano fuertemente.
Fue entonces cuando pude mirarlo demasiado sorprendida, pero fueron solo segundos. Pero cuando volver a ver el rostro al que tanto había temido tanto tiempo, ahora había desaparecido.
Los clac son de los carros que esperaban detrás de nosotros se hicieron escuchar. Bill apenas puso darse cuenta de que el semáforo había cambiado a verde.
Mi abdomen comenzó a dolerme un poco, pero enseguida se fue el dolor.
-¿Qué sucede Neily? –Bill continuaba preocupado por mi y solo fue entonces cuando lo mejor fue decirle otra cosa.
-Una patada de mi bebe –mentí mientras intentaba volver en sí. Casi podía jurar que me había quedado blanca.
Mis manos se quedaron entumidas por un buen rato hasta darme cuenta que yo mantenía el brazo de Bill fuertemente apretada con mi mano. Lo solté.
-¿Te duele? –me creyó.
-Pensé que…. -¿mentirle más? Si seguirle el cuento era aun peor. Decidí cambiar de tema- mejor olvidémoslo.
Bill suspiró. Pude notarlo que estaba un poco más tranquilo, pero aun así el miedo seguía invadiéndome por completo. Era Ani, podía apostar mi vida a que era ella. ¿Pero diablos hacía aquí? ¿Buscaba alguna venganza?
Tampoco era una verdadera mentira sobre el dolor en mi abdomen. Todo parecía indicar que conforme más sustos o preocupaciones, mayor es el dolor en mi abdomen.
-Neily –me habló de una forma tranquilizante que incluso sentí que con él me sentía segura- debes de tranquilizarte, hace unos momentos te encontrabas pálida.
Sonreí forzadamente para disimular mi miedo. Escondí mis manos para que Bill no notara lo temblorosa que se encontraba y miré de nuevo por los alrededores. Sin dejar de ver en mi mente la brusca imagen de esa chica.
En estos momentos era cuando necesitaba saber de Chelsey, era la única chica que me podía decir a ciencia cierta dónde se encontraba ella, y las razones por las que estaba en tal lugar. Lo difícil no era decírselo, si no contactarla.
-Llegamos –anunció Bill aun sin dejar de ver por el rabillo del ojo- ¿Estás segura de que te encuentras bien?
-¡Y cómo no voy a estarlo si venimos a hablar con mis papás! –casi gritaba entusiasmada.
Los ojos de Bill se abrieron sorprendentemente rápidos y era ahora él quien estaba pálido.
-¡Respira! –Me apresuré a decirle- no te pongas tan mal. No creo que mis padres….perdón, mi papá sea realmente cruel.
-No lo sé –lo dudo tomándome de la mano para dirigirnos hacia la casa.
Tragué saliva antes de poder practicar lo que haría o algo por el estilo y poner en orden mis pensamientos. Eliminar por completo la imagen de Ani y enfocarme solamente en lo que le diría a mis padres.
Toqué la puerta un poco dudosa, parecía tratarse como la de un extraño.
Abrió la puerta. Era mi padre.
-¡Buenos días! –saludó Bill mostrándose completamente seguro.
Yo sonreí de oreja a oreja y corrí hacia sus brazos.
-Hola papá –saludé felizmente sin dejar de abrazar.
Justo por el hombro de mi padre, vi la figura de mi madre sentada en el sillón con las piernas cruzadas tomando una taza de café. Ella estaba aun más sorprendida.
Solté a mi padre y corrí hacia mi madre quien me abrazó de igual forma. Y era así como una larga charla nos esperaba.
Bill aun continuaba dormido, por lo que cuidadosamente me levantaba sin hacer un movimiento brusco. Aquello me gustó demasiado. Me era difícil creer que habíamos dormido juntos después de tanto tiempo.
Sonreí de oreja a oreja.
Un pantalón –uno de mis favoritos- me lo coloqué enseguida junto con una blusa beige que disimulaba mi panza.
Bajé demasiado contenta muy lentamente, aparte de que tenía miedo de que Bill se despertara mis músculos ya no reaccionaban de la misma forma.
-Buenos días –cantó Tom demasiado alegre como para no saber que algo raro pasaba.
En la cocina se encontraban como siempre Tom, Georg y David en la mesa compartiendo un poco de pasta italiana, pero aun así pensar en comida hacía que se me revolviera el estomago.
-Sabes que es lo que más me encanta –continuó Tom dirigiéndose hacia Georg con la misma sonrisa fingiendo que yo no estaba ahí.- que utilicen el sexo como una forma de reconciliarse.
¡Con que era eso! Refunfuñé a mis adentros mientras pasaba cautelosa a su lado. Justo cuando me encontraba cerca de él, le di un codazo golpeándolo en su torso. Mis oídos escuchaban campanadas cuando escuchaba que se quejaba del dolor.
-¡Cállate Tom! –pidió David muy seriamente, aunque admito que estaba avergonzada que Tom dijera eso en frente de David.
Miré a David aun avergonzada esperando alguna reacción como enchuecarme la cara o poner los ojos como platos. Solo echó un vistazo sin poder adivinar su reacción y se dedico a mirar el periódico de esta mañana.
-¿Ustedes pudieron dormir? –Gustav, de la persona a quien menos espera que dijera eso, lo gritaba desde que había bajado para llegar a la cocina. Incluso venía tallándose los ojos mientras se quitaba las lagañas de los ojos.
-¿Por qué lo dices? –preguntó Tom divertido. Aquello me pareció de lo más estúpido. Siguiendo un juego que no parecía tener límites.
-Anoche hubo ruidos extraños –respondió Gustav. Incluso casi podía parecer inocente su respuesta.
-Lo sé –admitió Tom sin dejar de reír- fue una de las noches más largas que he tenido en este estudio…..
-Pueden callarse –interrumpió de nuevo David quien solo podía adivinar “seriedad” en su rostro y lo dudaba.
Gustav se detuvo en seco antes de llegar completamente a la comida mientras nos miraba atentos. Solo ahí supe que Gustav no tenía ni la menor idea.
-Buenos días –apareció Bill frente a mí con una gafas oscuras cubriendo sus ojos. Llegó a mí abrazándome y plantándome un beso frente a todos. Sentí mucho calor.
Miré a mí alrededor solo para admirar los rostros de nuestro publico. Unos aun con seriedad, otros riéndose y otros….¿Sorprendidos? ahh sí Gustav apenas había comprendido los ruidos extraños.
Mi día apenas había comenzado como un día maravilloso, después de tanto tiempo había esperado este gran momento. Era demasiado bello y lo mejor de todo es que no podía esperar el nacimiento de mi pequeña hija. Dentro de poco seríamos padres.
Y no es que la idea de ser padre me atemorizara a mí. Más bien estaba ansiosa por saber cómo sería, por saber acerca de esa pequeña criatura, de ser madre.
Mientras nos preparábamos para ir a casa de mi padre, no pude evitar ver a Bill todo el tiempo. En veces su mirada se perdía a través de las cosas como si deseara atravesarlas, otras veces simplemente se mostraba ido.
-No sabes cuánto te agradezco que hagas esto por mi –pase mi mano sobre la de él mientras me dejaba consumir por un escalofrió interminable.
-Te amo –me respondió dedicándome una de mis sonrisa favoritas. Yo también lo amaba demasiado.
Ni siquiera podía describir lo que esto me provocaba. No había palabras para describir las emociones encontradas en ese momento. Simplemente encantador, no, más que encantador.
Salimos un poco aprisa, ya que mi ansiedad por verlos en ese momento era necesaria. Me sentía fatal después de estar días enojados sin tener razones para no hablarnos. Me parecían más que estúpidas, pero estaba dispuesta a hacerlo todo para mejorar mi relación con ellos. No quería que algo terminara mi relación sabiendo que son las personas que mas amaba.
Sonreía de oreja a oreja sin dejar de mirar la ciudad que recorríamos a gran velocidad gracias a su auto. Estaba emocionada, y eso hacía que mirara el mundo desde una perspectiva que no creí conocer….un mundo positivo.
Cada que podía miraba a Bill estupefacta, sus ojos le brillaban como dos estrellas irremediablemente bellas. Su rostro liso y perfectamente maquillado me dejaba cada vez boca abierta. Aunque…solo por un momento sentí una mirada tan fuerte. Al principio supuse que se trataba de un fan, pero me inquieto mucho que fuera algo más que solo un fan. Quizá una cámara fotográfica. ¡Si, de seguro eso era! Pues entonces sería mejor que aprovechen de un rostro más que feliz.
Sonreí mirando lentamente por la ventanilla esperando buscar la tan famosa cámara, pero no la encontré. ¿Me había equivocado? Seguí buscando con mi mirada aquella mirando cuando entonces….mi corazón se detuvo drásticamente.
La mirada de Ani hizo que el mundo se detuviera haciendo que los segundos se convirtieran en minutos. Se encontraba parada en una esquina sonriendo de oreja a oreja sin quitarme la mirada de encima.
Mi cuerpo automáticamente se volvió para atrás tomando la mano de Bill fuertemente para atrás. Había logrado sacarme un suspiro mientras intentaba hacer latir mi corazón haciendo respiraciones.
Tuve que parpadear dos veces para poder creer lo que mis ojos estaban viendo.
-¿Qué sucede? –preguntó Bill mientras me miraba atónito por mi rostro.
Pero aunque intentara mirarlo no podía. Tenía toda la mirada puesta en ella como si temiera acercarse a mí.
-¡Bill! –grité apretando su mano fuertemente.
Fue entonces cuando pude mirarlo demasiado sorprendida, pero fueron solo segundos. Pero cuando volver a ver el rostro al que tanto había temido tanto tiempo, ahora había desaparecido.
Los clac son de los carros que esperaban detrás de nosotros se hicieron escuchar. Bill apenas puso darse cuenta de que el semáforo había cambiado a verde.
Mi abdomen comenzó a dolerme un poco, pero enseguida se fue el dolor.
-¿Qué sucede Neily? –Bill continuaba preocupado por mi y solo fue entonces cuando lo mejor fue decirle otra cosa.
-Una patada de mi bebe –mentí mientras intentaba volver en sí. Casi podía jurar que me había quedado blanca.
Mis manos se quedaron entumidas por un buen rato hasta darme cuenta que yo mantenía el brazo de Bill fuertemente apretada con mi mano. Lo solté.
-¿Te duele? –me creyó.
-Pensé que…. -¿mentirle más? Si seguirle el cuento era aun peor. Decidí cambiar de tema- mejor olvidémoslo.
Bill suspiró. Pude notarlo que estaba un poco más tranquilo, pero aun así el miedo seguía invadiéndome por completo. Era Ani, podía apostar mi vida a que era ella. ¿Pero diablos hacía aquí? ¿Buscaba alguna venganza?
Tampoco era una verdadera mentira sobre el dolor en mi abdomen. Todo parecía indicar que conforme más sustos o preocupaciones, mayor es el dolor en mi abdomen.
-Neily –me habló de una forma tranquilizante que incluso sentí que con él me sentía segura- debes de tranquilizarte, hace unos momentos te encontrabas pálida.
Sonreí forzadamente para disimular mi miedo. Escondí mis manos para que Bill no notara lo temblorosa que se encontraba y miré de nuevo por los alrededores. Sin dejar de ver en mi mente la brusca imagen de esa chica.
En estos momentos era cuando necesitaba saber de Chelsey, era la única chica que me podía decir a ciencia cierta dónde se encontraba ella, y las razones por las que estaba en tal lugar. Lo difícil no era decírselo, si no contactarla.
-Llegamos –anunció Bill aun sin dejar de ver por el rabillo del ojo- ¿Estás segura de que te encuentras bien?
-¡Y cómo no voy a estarlo si venimos a hablar con mis papás! –casi gritaba entusiasmada.
Los ojos de Bill se abrieron sorprendentemente rápidos y era ahora él quien estaba pálido.
-¡Respira! –Me apresuré a decirle- no te pongas tan mal. No creo que mis padres….perdón, mi papá sea realmente cruel.
-No lo sé –lo dudo tomándome de la mano para dirigirnos hacia la casa.
Tragué saliva antes de poder practicar lo que haría o algo por el estilo y poner en orden mis pensamientos. Eliminar por completo la imagen de Ani y enfocarme solamente en lo que le diría a mis padres.
Toqué la puerta un poco dudosa, parecía tratarse como la de un extraño.
Abrió la puerta. Era mi padre.
-¡Buenos días! –saludó Bill mostrándose completamente seguro.
Yo sonreí de oreja a oreja y corrí hacia sus brazos.
-Hola papá –saludé felizmente sin dejar de abrazar.
Justo por el hombro de mi padre, vi la figura de mi madre sentada en el sillón con las piernas cruzadas tomando una taza de café. Ella estaba aun más sorprendida.
Solté a mi padre y corrí hacia mi madre quien me abrazó de igual forma. Y era así como una larga charla nos esperaba.
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Cap 9
Cap. 8 ¡Un Amor verdadero!
viernes, 17 de junio de 2011
“Te recomiendo que está noche hables con él y le digas que lo apoyaras en todo momento, dile que no lo abandonaras y verás cómo se solucionaran las cosas”
¿Cómo? ¿Así de fácil?
Esas palabras llegaban a mí como un soplón fuertemente arribando hacia mi rostro, chocaban fuertemente, tanto, que incluso pensaba que harían algún corto o algo.
No puedo explicar exactamente como eso me hizo sentir y las reacciones que este provocó en mí. Todo el camino de regreso a mi “supuesto hogar” me la pasé pensando solo en eso. La vergüenza aun no se me quitaba pues casi provoco una escena completa en la casa de mi amiga.
Puse los ojos en blanco.
¿Qué podía hacer? No podía llegar de la nada y decirle a Bill “solucionado todo ¿Borrón y cuenta nueva?” ¿y olvidar todo? Digo, hasta a él le sorprendería verme así.
Ni siquiera le agradecí a Christopher por haberme llevado como siempre lo hacía. Simplemente me encontraba demasiado perdida como para dar gracias y para saber que pronto anochecería.
Llegué un tanto atormentada por los miles de sermones que de nuevo recibiría, pero nadie dijo nada como esperaba. Es más, nadie prestó mucha atención a mi llegada. Si acaso David echó un vistazo para luego volver a mirar su computadora portátil que se colocaba entre sus piernas, pero de ahí en más nada. Había absoluto silencio que incluso me daba miedo hacer añicos el silencio con mis torpezas haciendo un ruido insoportable.
Caminé con cuidado hasta chocar contra Georg quien sonreía de oreja a oreja masticando una simple manzana.
-¿Qué ha pasado aquí? –le susurré muy cercas de él para que nadie pudiera oírme. Aunque aun así lo dudaba.
Georg puso cara serio –aunque sabía que estaba bromeando-Hizo un gesto con su dedo índice para acercarme a él lo cual me causo un poco de risa. Echó un vistazo a su alrededor y después se acercó a mi oído.
-Bill llegó muy molesto.
Puse los ojos en blanco. ¿Ahora definitivamente no terminaríamos bien? Eso pensé enseguida.
-¿Porqué? –todavía me tomaba la molestia de preguntar sabiendo que ya me la sabía.
Georg suspiró. Eso solo me aseguró que tenía razón.
-Pero se fue de inmediato a casa de su mamá –me respondió.
Eso definitivamente no me lo esperaba. Bill solo acudía a ella cuando verdaderamente lo necesitaba. Era algo muy grave, porque influía un poco en su madre y no le podíamos quitar de su cabeza lo que decidieran.
-Lo mejor es que arreglen sus cosas –continuó Georg dándole un gran mordisco a su manzana.
-¿Él está aquí?
Georg simplemente asintió con su cabeza señalándome justo en el patio trasero. Sonreí un poco sabiendo que estaría mirando las estrellas como solía hacerlo cada anochecer.
Georg se sorprendió un poco al no ir a la dirección que él me señalaba. Miraba atentamente como subía las escaleras esperando a que regresara pero no lo hice. Llegué hasta mi cuarto y miré las maletas aun llenas. Tomé una en especial y busqué entre todas mis cosas un collar que Bill me había regalado hace algún tiempo.
¡Bingo! Grité con entusiasmo al hallar mi cadenita. Me la coloqué enseguida y corrí directo al patio trasero. Solo ahí pude ver el rostro más tranquilo de Georg.
Traté de caminar lo más normal que pude pero aun así las piernas me temblaban mucho.
Al verlo sentí como un escalofrió comenzaba a relampaguear justo en mi pecho.
Estaba sentado con las manos apoyadas en el césped sin dejar de mirar hacia las estrellas justo como yo supuse.
Llegué dándole un beso en la mejilla. Me senté junto a él sin decirle absolutamente nada, preferí que pasaran las cosas. Al final de cuentas no sabía que decir.
Error, pensé después de que había pasado mucho tiempo en silencio. Era mejor disculparse y decir “que lo apoyaría en todo” a pesar de que no estaba muy de acuerdo en eso.
Abrí un poco mis labios, pero me interrumpió enseguida, aunque él tampoco se lo esperaba.
-Lo siento –se disculpó seriamente. Ahora sí que estaba con la boca abierta- nunca debí tratarte como lo hice y quiero arreglar todo.
¿Acaso había ido a casa de Lizzi?
-Yo tampoco me comporté como una santa –comenté un poco más feliz. Me costaba trabajo creer que de verdad se estaba disculpando- yo sé que esto no es fácil para ti…
-No es fácil para ambos –me interrumpió un poco avergonzado- y no nos estamos facilitando las cosas peleando.
En eso sin duda estaba de acuerdo.
-Te extraño mucho -admití a pesar de sentir demasiado calor en mi rostro- te necesito ahora que siento que no tengo a nadie.
Bill cerró los ojos enseguida, me pareció que estaba frustrado pero no quise arruinar el momento.
-Mañana mismo hablaré con tus papás. No quiero que por mi culpa estés pasando por eso.
Mis ojos no podían creer lo que veía ni mis oídos lo que estaban escuchando.
-¡Bill! –grité emocionada abalanzándome hacia él. Lo besé en todo su rostro. -¿Harás eso? –lo miré a los ojos. Solo así sabría si estaba mintiendo. Pero asintió lentamente sin dejar de mirarme. Lo amé profundamente.
Sin esperarlo, sus labios instantáneamente chocaron contra mis labios. Los sentía tan suaves y húmedos. Me besó desenfrenadamente hasta sentir que me faltaba la respiración, pero eso no hizo que me detuviera, solo hizo que lo enrollara con mi brazo todo su cuello hasta tenerlo acorralado. Lo apreté fuertemente más hacia mis labios para que no se detuviera. Lo deseaba más que a nada en el mundo. Ahora mi mente solo se formaba él, él y más él.
Sus manos se enrollaron en mi cintura hasta sentirme protegida.
Mi fuerza cada vez se debilitaba hasta dejarme acostada sobre el pasto mientras me besaba. Poco a poco sus labios fueron bajando hasta mi garganta, dejándome totalmente…… excitada.
-¡Será mejor irnos de aquí! –mencionó un poco aturdido.
Asentí con mi cabeza mientras respiraba insaciable algo que me costaba trabajo creer. Con un beso me sentía ahora más cansada. ¿Cómo era posible?
Bill me ayudó a levantarme y junto nos adentramos hasta mi habitación lo más rápido que pudimos. No nos importaron las miraditas discretas de los chicos, ahora estábamos juntos.
Me era poco creíble lo que me hizo cambiar de opinión con el simple hecho de hablar con mis padres. Era algo que me ponía de buenas y muy feliz.
Cuidadosamente me cargó hasta dejarme caer en la cama. Me robó un beso lentamente y después mi miró a los ojos como si me pidiera permiso para desabrochar mi blusa. Yo sonreí nerviosa –como siempre- y lo besé de nuevo casi pidiéndole a gritos que lo hiciera rápido. Bill desabrochó mi blusa mientras yo desabrochaba sus pantalones de cuero negro extremadamente pegados a su piel. Se quitó la playera sin darme cuenta. Solo así pude explorar con mis manos todo su torso desnudo. Bill tomó con sus manos las mías y las besó con delicadeza, luego de eso las colocó arriba de mí para quitarme mi sostén sin ningún problema. Sus manos se esparcieron por todo mi pecho hasta erizarme la piel completamente. Los labios que me dejaban sin aliento se colocaron suavemente hasta mi garganta bajando lentamente hasta mi abdomen –inflada- la acarició suavemente dando otro beso que me dejó inquietada. Aquello era nuevo para mí y algo hermoso. Bajó mi falda lentamente, lo cual le resultó bastante sencillo por el resorte. Mis bragas estaban fuera y ahora sí estaba completamente desnuda. Sus labios de nuevo estaban junto a los míos lo cual hizo que eso me excitara muchísimo más.
-¡Bill hazlo ya! –Grité desesperada jalándole los cabello- ¡hazlo! –le susurré en su oreja, algo que a Bill le causó un poco de risa. Lo ignoré.
Su miembro comenzó a meterlo lentamente hasta sentirme completa. Lo besé de nuevo sin dejar de desearlo. Aquello, después de tanto tiempo sin tenerlo junto a mí me dificultaba creerlo. Ahora me sentía completa, demasiado completa.
Aunque era un poco más difícil ahora que mi barriga se encontraba más hinchada. Bill ya no podía penetrarme y besarme al mismo tiempo. Pero el placer de estar acostada y que me estuviera…… era lo mejor.
Me volteé rápidamente para poder hacer una mejor penetración. Solo el que yo estuviera encima de él hacía mucho mejor nuestro placer. Un movimiento –ahora más difícil- hice sacarle un suspiro que incluso me sentí más que satisfecha. Lo besé como nunca lo había hecho, lo había extrañado durante tanto tiempo. Y ahora que su cuerpo estaba al lado del mío me parecía en verdad muy poco creíble.
Su mano siempre me acariciaba con tanta delicadeza, que sin desearlo, mi piel se erizaba completamente hasta sentir cierto escalofrió.
No supe en qué momento me encontraba debajo de él haciendo las cosas más difíciles. Pero aun así intenté disfrutarlo de la mejor manera.
En un momento Bill se detuvo lentamente hasta ya no moverse. Solo dedico a mirarme a los ojos, luego de verme fijamente, inesperadamente sus labios chocaron contra los míos. Yo lo abracé fuertemente sin dejar de soltarlo hasta volver a comenzar nuestro ritmo. Quizá para él no fue la gran cosa, pero durante casi toda la noche fue mi parte favorita. Me gusto que me haya mirado como lo hizo y me besara como tal. Sentí que me respondía de la misma forma que deseé con todas mis fuerzas que el tiempo se detuviera, pero solo logró dejarme con las ganas de más.
Un beso finalizó otro de nuestros maravillosos encuentros. Algo que sin duda yo titularía con letras enormes “Un Amor verdadero”. Estaba feliz y complacida, por fin me sentía amada y correspondida de la misma forma.
No me fue difícil agarrar el sueño y mucho menos en los brazos de Bill quien me arrullaba una canción sin dejar de besar mi frente. Poco a poco mis ojos se iban cerrando hasta quedar completamente dormida.
¿Cómo? ¿Así de fácil?
Esas palabras llegaban a mí como un soplón fuertemente arribando hacia mi rostro, chocaban fuertemente, tanto, que incluso pensaba que harían algún corto o algo.
No puedo explicar exactamente como eso me hizo sentir y las reacciones que este provocó en mí. Todo el camino de regreso a mi “supuesto hogar” me la pasé pensando solo en eso. La vergüenza aun no se me quitaba pues casi provoco una escena completa en la casa de mi amiga.
Puse los ojos en blanco.
¿Qué podía hacer? No podía llegar de la nada y decirle a Bill “solucionado todo ¿Borrón y cuenta nueva?” ¿y olvidar todo? Digo, hasta a él le sorprendería verme así.
Ni siquiera le agradecí a Christopher por haberme llevado como siempre lo hacía. Simplemente me encontraba demasiado perdida como para dar gracias y para saber que pronto anochecería.
Llegué un tanto atormentada por los miles de sermones que de nuevo recibiría, pero nadie dijo nada como esperaba. Es más, nadie prestó mucha atención a mi llegada. Si acaso David echó un vistazo para luego volver a mirar su computadora portátil que se colocaba entre sus piernas, pero de ahí en más nada. Había absoluto silencio que incluso me daba miedo hacer añicos el silencio con mis torpezas haciendo un ruido insoportable.
Caminé con cuidado hasta chocar contra Georg quien sonreía de oreja a oreja masticando una simple manzana.
-¿Qué ha pasado aquí? –le susurré muy cercas de él para que nadie pudiera oírme. Aunque aun así lo dudaba.
Georg puso cara serio –aunque sabía que estaba bromeando-Hizo un gesto con su dedo índice para acercarme a él lo cual me causo un poco de risa. Echó un vistazo a su alrededor y después se acercó a mi oído.
-Bill llegó muy molesto.
Puse los ojos en blanco. ¿Ahora definitivamente no terminaríamos bien? Eso pensé enseguida.
-¿Porqué? –todavía me tomaba la molestia de preguntar sabiendo que ya me la sabía.
Georg suspiró. Eso solo me aseguró que tenía razón.
-Pero se fue de inmediato a casa de su mamá –me respondió.
Eso definitivamente no me lo esperaba. Bill solo acudía a ella cuando verdaderamente lo necesitaba. Era algo muy grave, porque influía un poco en su madre y no le podíamos quitar de su cabeza lo que decidieran.
-Lo mejor es que arreglen sus cosas –continuó Georg dándole un gran mordisco a su manzana.
-¿Él está aquí?
Georg simplemente asintió con su cabeza señalándome justo en el patio trasero. Sonreí un poco sabiendo que estaría mirando las estrellas como solía hacerlo cada anochecer.
Georg se sorprendió un poco al no ir a la dirección que él me señalaba. Miraba atentamente como subía las escaleras esperando a que regresara pero no lo hice. Llegué hasta mi cuarto y miré las maletas aun llenas. Tomé una en especial y busqué entre todas mis cosas un collar que Bill me había regalado hace algún tiempo.
¡Bingo! Grité con entusiasmo al hallar mi cadenita. Me la coloqué enseguida y corrí directo al patio trasero. Solo ahí pude ver el rostro más tranquilo de Georg.
Traté de caminar lo más normal que pude pero aun así las piernas me temblaban mucho.
Al verlo sentí como un escalofrió comenzaba a relampaguear justo en mi pecho.
Estaba sentado con las manos apoyadas en el césped sin dejar de mirar hacia las estrellas justo como yo supuse.
Llegué dándole un beso en la mejilla. Me senté junto a él sin decirle absolutamente nada, preferí que pasaran las cosas. Al final de cuentas no sabía que decir.
Error, pensé después de que había pasado mucho tiempo en silencio. Era mejor disculparse y decir “que lo apoyaría en todo” a pesar de que no estaba muy de acuerdo en eso.
Abrí un poco mis labios, pero me interrumpió enseguida, aunque él tampoco se lo esperaba.
-Lo siento –se disculpó seriamente. Ahora sí que estaba con la boca abierta- nunca debí tratarte como lo hice y quiero arreglar todo.
¿Acaso había ido a casa de Lizzi?
-Yo tampoco me comporté como una santa –comenté un poco más feliz. Me costaba trabajo creer que de verdad se estaba disculpando- yo sé que esto no es fácil para ti…
-No es fácil para ambos –me interrumpió un poco avergonzado- y no nos estamos facilitando las cosas peleando.
En eso sin duda estaba de acuerdo.
-Te extraño mucho -admití a pesar de sentir demasiado calor en mi rostro- te necesito ahora que siento que no tengo a nadie.
Bill cerró los ojos enseguida, me pareció que estaba frustrado pero no quise arruinar el momento.
-Mañana mismo hablaré con tus papás. No quiero que por mi culpa estés pasando por eso.
Mis ojos no podían creer lo que veía ni mis oídos lo que estaban escuchando.
-¡Bill! –grité emocionada abalanzándome hacia él. Lo besé en todo su rostro. -¿Harás eso? –lo miré a los ojos. Solo así sabría si estaba mintiendo. Pero asintió lentamente sin dejar de mirarme. Lo amé profundamente.
Sin esperarlo, sus labios instantáneamente chocaron contra mis labios. Los sentía tan suaves y húmedos. Me besó desenfrenadamente hasta sentir que me faltaba la respiración, pero eso no hizo que me detuviera, solo hizo que lo enrollara con mi brazo todo su cuello hasta tenerlo acorralado. Lo apreté fuertemente más hacia mis labios para que no se detuviera. Lo deseaba más que a nada en el mundo. Ahora mi mente solo se formaba él, él y más él.
Sus manos se enrollaron en mi cintura hasta sentirme protegida.
Mi fuerza cada vez se debilitaba hasta dejarme acostada sobre el pasto mientras me besaba. Poco a poco sus labios fueron bajando hasta mi garganta, dejándome totalmente…… excitada.
-¡Será mejor irnos de aquí! –mencionó un poco aturdido.
Asentí con mi cabeza mientras respiraba insaciable algo que me costaba trabajo creer. Con un beso me sentía ahora más cansada. ¿Cómo era posible?
Bill me ayudó a levantarme y junto nos adentramos hasta mi habitación lo más rápido que pudimos. No nos importaron las miraditas discretas de los chicos, ahora estábamos juntos.
Me era poco creíble lo que me hizo cambiar de opinión con el simple hecho de hablar con mis padres. Era algo que me ponía de buenas y muy feliz.
Cuidadosamente me cargó hasta dejarme caer en la cama. Me robó un beso lentamente y después mi miró a los ojos como si me pidiera permiso para desabrochar mi blusa. Yo sonreí nerviosa –como siempre- y lo besé de nuevo casi pidiéndole a gritos que lo hiciera rápido. Bill desabrochó mi blusa mientras yo desabrochaba sus pantalones de cuero negro extremadamente pegados a su piel. Se quitó la playera sin darme cuenta. Solo así pude explorar con mis manos todo su torso desnudo. Bill tomó con sus manos las mías y las besó con delicadeza, luego de eso las colocó arriba de mí para quitarme mi sostén sin ningún problema. Sus manos se esparcieron por todo mi pecho hasta erizarme la piel completamente. Los labios que me dejaban sin aliento se colocaron suavemente hasta mi garganta bajando lentamente hasta mi abdomen –inflada- la acarició suavemente dando otro beso que me dejó inquietada. Aquello era nuevo para mí y algo hermoso. Bajó mi falda lentamente, lo cual le resultó bastante sencillo por el resorte. Mis bragas estaban fuera y ahora sí estaba completamente desnuda. Sus labios de nuevo estaban junto a los míos lo cual hizo que eso me excitara muchísimo más.
-¡Bill hazlo ya! –Grité desesperada jalándole los cabello- ¡hazlo! –le susurré en su oreja, algo que a Bill le causó un poco de risa. Lo ignoré.
Su miembro comenzó a meterlo lentamente hasta sentirme completa. Lo besé de nuevo sin dejar de desearlo. Aquello, después de tanto tiempo sin tenerlo junto a mí me dificultaba creerlo. Ahora me sentía completa, demasiado completa.
Aunque era un poco más difícil ahora que mi barriga se encontraba más hinchada. Bill ya no podía penetrarme y besarme al mismo tiempo. Pero el placer de estar acostada y que me estuviera…… era lo mejor.
Me volteé rápidamente para poder hacer una mejor penetración. Solo el que yo estuviera encima de él hacía mucho mejor nuestro placer. Un movimiento –ahora más difícil- hice sacarle un suspiro que incluso me sentí más que satisfecha. Lo besé como nunca lo había hecho, lo había extrañado durante tanto tiempo. Y ahora que su cuerpo estaba al lado del mío me parecía en verdad muy poco creíble.
Su mano siempre me acariciaba con tanta delicadeza, que sin desearlo, mi piel se erizaba completamente hasta sentir cierto escalofrió.
No supe en qué momento me encontraba debajo de él haciendo las cosas más difíciles. Pero aun así intenté disfrutarlo de la mejor manera.
En un momento Bill se detuvo lentamente hasta ya no moverse. Solo dedico a mirarme a los ojos, luego de verme fijamente, inesperadamente sus labios chocaron contra los míos. Yo lo abracé fuertemente sin dejar de soltarlo hasta volver a comenzar nuestro ritmo. Quizá para él no fue la gran cosa, pero durante casi toda la noche fue mi parte favorita. Me gusto que me haya mirado como lo hizo y me besara como tal. Sentí que me respondía de la misma forma que deseé con todas mis fuerzas que el tiempo se detuviera, pero solo logró dejarme con las ganas de más.
Un beso finalizó otro de nuestros maravillosos encuentros. Algo que sin duda yo titularía con letras enormes “Un Amor verdadero”. Estaba feliz y complacida, por fin me sentía amada y correspondida de la misma forma.
No me fue difícil agarrar el sueño y mucho menos en los brazos de Bill quien me arrullaba una canción sin dejar de besar mi frente. Poco a poco mis ojos se iban cerrando hasta quedar completamente dormida.
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Cap 8
Cap 7-. Etapas
viernes, 10 de junio de 2011
-Christopher –llamé a mi chofer quien anteriormente lo había sido cuando Bill no podía traerme-.
-¿Hacia dónde? –preguntó una vez que habíamos salido acompañados de dos guardaespaldas.
Suspiré mirando la ventanilla pensando en donde podría ser mi primera parada. No tenía ganas de estar sola, quería que alguien me escuchara, que alguien pudiera llorar conmigo…..Lizzi.
-Christopher –sonreí- ya sé cuál será la primera parada.
Mi angustia por saber qué habría ocurrido en ese pequeño lugar que había visitado por primera vez que regrese a venir con mi padre.
Mis manos estaban un poco inquietas al no saber que responder o que decir frente a ella.
Me costó un poco de trabajo explicarle las calles a donde quería ir pero al final de cuentas me las arreglé.
Habíamos llegado al lugar donde casi podía decir que alguna vez fue mi segundo hogar cuando más mal me sentía. Mi memoria navegó rápidamente a esos recuerdos en los que yo llegaba llorando totalmente destrozada para hablar con ella….Lizzi.
No me importaba mucho que ella no estuviera en su casa, pero realmente necesitaba saber de ella o que habría sido de ella. La idea de nunca más volverla a ver me aterraba mucho.
Toqué la puerta dudando de hacer lo correcto para ya no había vuelta atrás, pues mi chofer esperaba afuera del auto con una sonrisa de idiota tal vez apostando a que yo me retiraría. Entonces toqué fuertemente hasta sentir como mis manos tenían la adrenalina de hacer lo que sea.
Se abrió la puerta y yo casi golpeaba a la mamá de Lizzi de no ser por su rostro bellísimo. Seguía siendo joven y muy delgada. Si no la conociera juraría que es su hermana.
-¡Pero qué gusto volverte a ver! –me saludó abrazándome con mucha delicadeza. –No sabía que Bill y tu lo habían intentado de nuevo –me apuntó hacia la parte que resaltaba más….mi vientre.
Me reí un poco nerviosa sin dejar de sentirme totalmente idiota. Estaba incomoda al desear estar dentro y no afuera. ¿Qué respondería si me preguntaba a que se debía mi visita?
-¿Quieres pasarte? –pensé que había leído mi mente y sonreí asintiendo mi cabeza
-¡Por favor!
-Me alegra mucho que des una vuelta por aquí –su madre me llevó hasta la sala donde también me trajo algunos recuerdos. Nuestra pelea de leche y pastel.
-A mí también me alegra –admití un poco apenada.
Justo en ese momento llegó su hermana mayor desde el fondo de la casa. Estaba un poco distraída con su pequeño niño en brazos, ya tenía más de un añito. Tenía todo el rostro de ella y su cabello era lacio y rubio como el de Lizzi.
Luego de echar un vistazo rápido y darse cuenta de que estaba sentada en el sillón se sorprendió mucho hasta abrazarme.
-¡No puedo creerlo! –Exclamó con mucha alegría- lamento mucho lo de tu otra perdida.
Supuse que Lizzi les había contado mi incidente.
-Pero me alegra mucho que de nuevo estés esperando un hijo ¿Ya sabes lo que será?
-Será una niña –dije un poco tímida sin dejar de ver al hermoso niño que cargaba en brazos.
-¡Justo íbamos a llamar a Lizzi
Su nombre hizo que me entusiasmara logrando en que mi rostro por fin hubiera una sonrisa.
-¿Qué han sabido de ella?
-Hasta el momento que regresará dentro de unas semanas –respondió su hermana, al parecer le estaba batallando con su hijo volviéndose un poco inquieto. Eso hizo que soltara una carcajada.
-¡Unas semanas! –me entusiasmé- ya no es nada a comparación del tiempo que no la veo. ¿Pero será visita o ya vivirá aquí.
-Ella se fue para tener un tiempo para ella misma –comentó su madre un poco seria al respecto- por lo que recuerdo nunca en mi vida la había visto como el día que empacó sus maletas para irse a Italia.
Yo ya me sabía la historia de pies a cabeza y por diferentes versiones. Me inquietó un poco que Lizzi llegara a esas alturas pero no sé cómo habría actuado yo.
-En fin –su madre intentó no hacer el ambiente más incomodo de lo que ya se estaba formando.- la llamaremos dentro de unos cinco minutos para poder …….
El sonido de mi celular hizo que interrumpiera su anuncio algo que me avergonzó hasta el alma.
Saqué de mi bolsillo mi celular. En mi pantalla apareció el número de Bill.
Me tuve que disculpar para salirme al aire fresco frente a la mamá y a su hermana para no estar avergonzada en caso de que Bill y yo tuviéramos una pelea. No me sorprendería si la tuviéramos.
-¿Dónde estás? –preguntó.
Aquello me fastidió más de lo que pude imaginar. Él si tenía derecho a preguntarme pero yo a él no.
-¿Dónde estás tu? –pregunté mas enojada que curiosa.
-No has respondido a mi pregunta.
-Donde quiera que esté no es de tu incumbencia.
-Neily no me saques de quicio, no ahora –se molestó.
Deseé colgarle con todo el coraje acumulado pero no lo hice.
-En casa de Lizzi –respondí de mala gana.
-No quiero que llegues tarde –anunció finalmente para colgarme. Lo odié.
“Estúpido” solté enojada. Tuve que inhalar varias veces antes de llegar con ellas de nuevo.
Al principio creí que era mi imaginación cuando entre, pero luego de darme cuenta de que mi voz nunca la había bajado para nada, supe que habían escuchado mi conversación.
-Si no te conociera diría que tienes algo –comentó la hermana un poco angustiada al ver mi rostro ¿Apoco tan mal me veía?
-Lo que sea –me hizo sentarme su madre en el sillón tomándome de la mano- sabes que puedes confiar en nosotros.
Me sentí realmente apenada. Mis intenciones al venir aquí jamás fueron contarle mis problemas de diario.
Pero algo en ella hizo que un sentimiento que quizá yo creí que andaba perdido, volvía repentinamente provocando que un mar de lagrimas pasaron por todo mi rostro. Eso fue aun más vergonzoso.
-Quiero entenderlo –lloré- últimamente él y yo hemos estado muy mal.
Su madre presionó más mi mano.
Su hermana tuvo que llevar a su bebe a un cuarto donde no pudiera ver la vergonzosa escena, ni yo misma querría estar ahí para verlo.
-¿Bill y tú? –preguntó su hermana después de dejar a su bebe.
Yo asentí con mi cabeza.
-Toda pareja pasa por una etapa –me consoló su madre.- Es cuestión de tiempo.
-No lo sé, desde que le anuncié que estaríamos esperando un hijo jamás se ha vuelto a comportar igual.
Su madre y su hija intercambiaron una larga mirada, algo que me indicó que quizá yo estaba haciendo las cosas mal.
-¿Hice mal? –pregunté estúpida sin dejar de llorar.
-Neily –habló lentamente su hermana- Hay ciertos hombres que también pasan una etapa…
-Una etapa en la que –continuó su madre- muchos les cuesta trabajo pensar que serán padres. Y es muy difícil tanto para ti como para ellos aceptar que serán padres. Quizá ya se dio cuenta de la realidad.
-Y no le ayudas en nada si solo peleas –afirmó su hermana- debes de apoyarlo ahora que le será más difícil.
-Pero yo no lo veo de esa forma –reproché- yo si quiero ser madre.
-Ojala los hombres pensaran como Bill –Sonrió su hermana- estoy segura de que está pensando en cómo cuidarlo, mientras que otros hombres no se hacen responsabilidad de lo que lleva tener un hijo.
Me quedé sorprendida. Nunca pensé verlo de esa forma. ¡Jamás!
-He llegado a pensar que ya no siente lo mismo por mi –comenté dudosa pero un poco más tranquila que antes.
-Solo es parte de tu imaginación –sonrió su madre al ver que estaba entrando en razón- tienes que apoyarlo. Recuerda que ahora algo mucho más fuerte lo unirá para toda la vida.
La madre de Lizzi tocó suavemente mi vientre haciendo que sintiera muchas nauseas, pero aun así a pesar del coraje que tenía quizá tenía razón.
-Te recomiendo que está noche hables con él y le digas que lo apoyaras en todo momento, dile que no lo abandonaras y verás cómo se solucionaran las cosas.
-¿Hacia dónde? –preguntó una vez que habíamos salido acompañados de dos guardaespaldas.
Suspiré mirando la ventanilla pensando en donde podría ser mi primera parada. No tenía ganas de estar sola, quería que alguien me escuchara, que alguien pudiera llorar conmigo…..Lizzi.
-Christopher –sonreí- ya sé cuál será la primera parada.
Mi angustia por saber qué habría ocurrido en ese pequeño lugar que había visitado por primera vez que regrese a venir con mi padre.
Mis manos estaban un poco inquietas al no saber que responder o que decir frente a ella.
Me costó un poco de trabajo explicarle las calles a donde quería ir pero al final de cuentas me las arreglé.
Habíamos llegado al lugar donde casi podía decir que alguna vez fue mi segundo hogar cuando más mal me sentía. Mi memoria navegó rápidamente a esos recuerdos en los que yo llegaba llorando totalmente destrozada para hablar con ella….Lizzi.
No me importaba mucho que ella no estuviera en su casa, pero realmente necesitaba saber de ella o que habría sido de ella. La idea de nunca más volverla a ver me aterraba mucho.
Toqué la puerta dudando de hacer lo correcto para ya no había vuelta atrás, pues mi chofer esperaba afuera del auto con una sonrisa de idiota tal vez apostando a que yo me retiraría. Entonces toqué fuertemente hasta sentir como mis manos tenían la adrenalina de hacer lo que sea.
Se abrió la puerta y yo casi golpeaba a la mamá de Lizzi de no ser por su rostro bellísimo. Seguía siendo joven y muy delgada. Si no la conociera juraría que es su hermana.
-¡Pero qué gusto volverte a ver! –me saludó abrazándome con mucha delicadeza. –No sabía que Bill y tu lo habían intentado de nuevo –me apuntó hacia la parte que resaltaba más….mi vientre.
Me reí un poco nerviosa sin dejar de sentirme totalmente idiota. Estaba incomoda al desear estar dentro y no afuera. ¿Qué respondería si me preguntaba a que se debía mi visita?
-¿Quieres pasarte? –pensé que había leído mi mente y sonreí asintiendo mi cabeza
-¡Por favor!
-Me alegra mucho que des una vuelta por aquí –su madre me llevó hasta la sala donde también me trajo algunos recuerdos. Nuestra pelea de leche y pastel.
-A mí también me alegra –admití un poco apenada.
Justo en ese momento llegó su hermana mayor desde el fondo de la casa. Estaba un poco distraída con su pequeño niño en brazos, ya tenía más de un añito. Tenía todo el rostro de ella y su cabello era lacio y rubio como el de Lizzi.
Luego de echar un vistazo rápido y darse cuenta de que estaba sentada en el sillón se sorprendió mucho hasta abrazarme.
-¡No puedo creerlo! –Exclamó con mucha alegría- lamento mucho lo de tu otra perdida.
Supuse que Lizzi les había contado mi incidente.
-Pero me alegra mucho que de nuevo estés esperando un hijo ¿Ya sabes lo que será?
-Será una niña –dije un poco tímida sin dejar de ver al hermoso niño que cargaba en brazos.
-¡Justo íbamos a llamar a Lizzi
Su nombre hizo que me entusiasmara logrando en que mi rostro por fin hubiera una sonrisa.
-¿Qué han sabido de ella?
-Hasta el momento que regresará dentro de unas semanas –respondió su hermana, al parecer le estaba batallando con su hijo volviéndose un poco inquieto. Eso hizo que soltara una carcajada.
-¡Unas semanas! –me entusiasmé- ya no es nada a comparación del tiempo que no la veo. ¿Pero será visita o ya vivirá aquí.
-Ella se fue para tener un tiempo para ella misma –comentó su madre un poco seria al respecto- por lo que recuerdo nunca en mi vida la había visto como el día que empacó sus maletas para irse a Italia.
Yo ya me sabía la historia de pies a cabeza y por diferentes versiones. Me inquietó un poco que Lizzi llegara a esas alturas pero no sé cómo habría actuado yo.
-En fin –su madre intentó no hacer el ambiente más incomodo de lo que ya se estaba formando.- la llamaremos dentro de unos cinco minutos para poder …….
El sonido de mi celular hizo que interrumpiera su anuncio algo que me avergonzó hasta el alma.
Saqué de mi bolsillo mi celular. En mi pantalla apareció el número de Bill.
Me tuve que disculpar para salirme al aire fresco frente a la mamá y a su hermana para no estar avergonzada en caso de que Bill y yo tuviéramos una pelea. No me sorprendería si la tuviéramos.
-¿Dónde estás? –preguntó.
Aquello me fastidió más de lo que pude imaginar. Él si tenía derecho a preguntarme pero yo a él no.
-¿Dónde estás tu? –pregunté mas enojada que curiosa.
-No has respondido a mi pregunta.
-Donde quiera que esté no es de tu incumbencia.
-Neily no me saques de quicio, no ahora –se molestó.
Deseé colgarle con todo el coraje acumulado pero no lo hice.
-En casa de Lizzi –respondí de mala gana.
-No quiero que llegues tarde –anunció finalmente para colgarme. Lo odié.
“Estúpido” solté enojada. Tuve que inhalar varias veces antes de llegar con ellas de nuevo.
Al principio creí que era mi imaginación cuando entre, pero luego de darme cuenta de que mi voz nunca la había bajado para nada, supe que habían escuchado mi conversación.
-Si no te conociera diría que tienes algo –comentó la hermana un poco angustiada al ver mi rostro ¿Apoco tan mal me veía?
-Lo que sea –me hizo sentarme su madre en el sillón tomándome de la mano- sabes que puedes confiar en nosotros.
Me sentí realmente apenada. Mis intenciones al venir aquí jamás fueron contarle mis problemas de diario.
Pero algo en ella hizo que un sentimiento que quizá yo creí que andaba perdido, volvía repentinamente provocando que un mar de lagrimas pasaron por todo mi rostro. Eso fue aun más vergonzoso.
-Quiero entenderlo –lloré- últimamente él y yo hemos estado muy mal.
Su madre presionó más mi mano.
Su hermana tuvo que llevar a su bebe a un cuarto donde no pudiera ver la vergonzosa escena, ni yo misma querría estar ahí para verlo.
-¿Bill y tú? –preguntó su hermana después de dejar a su bebe.
Yo asentí con mi cabeza.
-Toda pareja pasa por una etapa –me consoló su madre.- Es cuestión de tiempo.
-No lo sé, desde que le anuncié que estaríamos esperando un hijo jamás se ha vuelto a comportar igual.
Su madre y su hija intercambiaron una larga mirada, algo que me indicó que quizá yo estaba haciendo las cosas mal.
-¿Hice mal? –pregunté estúpida sin dejar de llorar.
-Neily –habló lentamente su hermana- Hay ciertos hombres que también pasan una etapa…
-Una etapa en la que –continuó su madre- muchos les cuesta trabajo pensar que serán padres. Y es muy difícil tanto para ti como para ellos aceptar que serán padres. Quizá ya se dio cuenta de la realidad.
-Y no le ayudas en nada si solo peleas –afirmó su hermana- debes de apoyarlo ahora que le será más difícil.
-Pero yo no lo veo de esa forma –reproché- yo si quiero ser madre.
-Ojala los hombres pensaran como Bill –Sonrió su hermana- estoy segura de que está pensando en cómo cuidarlo, mientras que otros hombres no se hacen responsabilidad de lo que lleva tener un hijo.
Me quedé sorprendida. Nunca pensé verlo de esa forma. ¡Jamás!
-He llegado a pensar que ya no siente lo mismo por mi –comenté dudosa pero un poco más tranquila que antes.
-Solo es parte de tu imaginación –sonrió su madre al ver que estaba entrando en razón- tienes que apoyarlo. Recuerda que ahora algo mucho más fuerte lo unirá para toda la vida.
La madre de Lizzi tocó suavemente mi vientre haciendo que sintiera muchas nauseas, pero aun así a pesar del coraje que tenía quizá tenía razón.
-Te recomiendo que está noche hables con él y le digas que lo apoyaras en todo momento, dile que no lo abandonaras y verás cómo se solucionaran las cosas.
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Cap 7
Cap. 6-.Sorpresa inesperada
domingo, 5 de junio de 2011
Ahí se encontraban mis maletas. Todas las que había empacado se encontraban en la sala. Fue cuando todo comenzó a tener lógica. Eso era. ¡¡Me estaban corriendo de aquí!!
-Así es como quieren las cosas –grité furiosa. No esperaba una respuesta puesto que no iban a tener el coraje alguno para decírmelo.
-No –intervino mi madre aun más furiosa- es lo que tú has escogido.
-Esperaba un mejor momento para despedirme. Nunca lo pensé de esta forma.
Mi madre cerró su boca inmediatamente. Me confundí un poco por no haber proferido palabra alguna, simplemente trataba de no llorar frente a mí. ¿Acaso me estaba perdiendo de algo?
-Señorita Neily –escuché una voz cercas de la sala. No pude creer lo que mis ojos veían. Era uno de los que cuidaban a Bill, un tipo alto, gordo y fuerte. Venía vestido de traje con unos lentes oscuros. –Bill me ha pedido que recogiera sus cosas para llevarla a su nuevo hogar.
¡¡Qué!! Cobarde fue la única palabra que pude pensar de Bill en ese momento. Ni siquiera pude atreverme a mirar a mis padres de toda la vergüenza que sentía. Un fuerte nudo se acumuló en mi garganta rápidamente y dejé que el coraje cesara.
Tragué saliva antes de dar indicaciones al tipo a quien era el único que podía mirar bien.
-Estaré en diez minutos –respondí pausada para que mi voz no se quebrara.
Corrí desesperada a mi cuarto sin dejar de creer como era posible que esto me sucediera a mí.
Mi vientre nunca me había dolido como ese dia. Incluso me asusté tanto que intenté calmarme dejándome caer por completo sobre mi cama. Me detuve a mirar mi habitación con tanta tristeza. ¿Porqué me dolia separarme de mis padre? Era algo que ya había hecho anteriormente. Me había alejado de mi madre sin ningún problema, me había alejado de mi padre sufriendo un poco pero al final lo superé.
Quizás eme costaba trabajo ahora que mis padres estaban más unidos que nunca. Quizás este dolor deje de cesar y pueda superar lo mismo.
Preocuparme, enojarme o lo que sea le está haciendo más daño a mi bebe. Ya no quiero sufrí más.
No proferí palabra alguna con mis padres. Simplemente me marché en silencio luego de que un baño con agua caliente me hiciera tranquilizarme mejor. Al subir al carro otro nudo en la garganta se había formado. No quise hacerlo notar para que no se preocuparan. Pero solo en ese momento pude ver sus rostros tristemente. “Su única hija se estaba yendo”
“lo lamento” dije en mis pensamientos mientras una lagrima se desbordaba sobre mi mejilla. Ya era de noche como para que mis padres pudieran notarlo.
Podía ver aquellas figuras paradas sobre la puerta mirando detenidamente como su hija se marchaba. Eso me dolió más a mí.
-¡Bienvenida Neily! –me recibió David con un abrazo con quien solo pude responderle “gracias” luego de que una sonrisa seca apagara todo su energía positiva.
Tom no se atrevió a voltearme a ver a la cara. Miraba la televisión pasando de un canal a otro. Incluso fingió no verme para que esto no se le hiciera más difícil.
-¡Neily! –se acercó a mi Georg. Mi querido Georg. Quería llegar a él y abrazarlo fuertemente para contarle todas mis penas, pero simplemente sonreí seca. –Estoy seguro de que le diste una buena paliza.
¡Vaya! Tom les había contado rápidamente lo sucedido. Todos parecían estar felices excepto Tom y …..
Ahí estaba parado junto a Tom mirándome de la forma más escalofriante, quieto con una sonrisa que apagó toda la ilusión.
No lo saludé. Seguí al tipo que ayudaba por mis maletas hasta mi cuarto. Bill también me siguió.
-Gracias –agradecí con el nudo en la garganta intentando no pensar en el dolor. El tipo alto se marchó sin decir absolutamente nada dejándome a solas con él.
Bill cerró la puerta de mi habitación cautelosamente. Fingí no notarlo mirando mi habitación que hacía años que había estado aquí. Como la primera vez.
Todo estaba en su lugar, casi podía jurar que incluso la cama estaba como la dejé.
-Tom me dijo lo sucedido –escuché como soltaba una carcajada.
Nunca debió recordarme porqué estaba molesta con él desde la mañana.
-¿Te causa gracia? –le pregunté atreviéndome a mirarlo a la cara.
-Un poco –respondió sincero.
-A mi no –intenté que mi voz no se alzara pero no pude evitarlo- En mi primer lugar, tú debiste estar conmigo, no Tom, en segunda, eres un cobarde y un imbécil.
-Tenía cosas que hacer.
-Se presentó un problema y tuve que ir.
-Eso no justifica nada. Debiste haberme avisado.
Bill volvió a sonreír y eso me causo más coraje.
-¿Sabes lo que acabas de hacer el día de hoy?
Bill me miró por leves segundo y después bajó la mirada.
-Te hice un favor.
-¡Eres un cobarde! –le grité- ni siquiera te pones a pensar todo lo que esto me provoca. El sentimiento que me da que no estés conmigo cuando lo necesito. Que no te importe.
Solté en llanto mientras me abalanzaba en mi cama.
-Ni siquiera pude despedirme bien de ellos –le lloré más.
Durante un momento pensé que se marcharía sin decirme nada. Solo escuchaba el suave viento acariciar lentamente la ventana. Deseé ser viento para poder volar y sentirme libre de poder hacer lo que quiera sin problema de nada.
-No llores –me calmó tomándome por los hombros. Llegó hasta a mí para besarme la mejilla. Y eso me tranquilizó.
Me atreví a mirarlo a los ojos, quise cerciorarme de que en realidad lo conocía.
-A veces te desconozco…..
Escupí aquello que me molestaba desde hace tiempo.
De pronto sus ojos se abrieron bruscamente levantándose de inmediato. Solo me miró una vez más, tal vez esperando a que me retractara, pero no lo hice. Así que se marchó sin decirme nada.
Cerré los ojos en busca de hallar mi paz interna……solo tranquilidad.
Justo como pensé, Bill y yo no habíamos dormido la primera noche. Pero era algo que no me dolía. Supongo que imaginaba que habría un problema “como siempre” y al final de cuentas saldríamos peleados.
-¡Buenos días! –cantó Georg animado mientras me servía un poco de cereal- ¿Qué tal tu primera noche?
Suspiré. Eso fue una respuesta para Georg, por lo que no volvió a preguntar.
-¿Al menos dormiste bien toda la noche?
O pensé que no volvería preguntar, pero solo me limité a mi cereal.
-Buenos días –saludó Gustav como todos los días……serio.
Siempre que podía me mantenía alejada de Gustav y algunas veces inclusive pensaba que todavía sospechaba de mí.
De acuerdo, de un momento a otro yo tuve la culpa pero ¿Todos cometemos errores o no?
La cocina en vez de mantenerse un poco más alegré se torno más silencioso e incomodo. No pude elevar mis miradas a las dos personas que desayunaban junto a mí con sus miradas llenas de pensamientos.
Comí un poco más de mi cereal tratando de ignorar lo incomodo. Solo después de que Gustav apareciera, Tom atravesó esa puerta como de rayo y no saludó.
Supuse que aun estaba molesto por lo de anoche.
-¿Ya te dije que lo lamento? –mi comentario al final de cuenta terminó siendo una pregunta.
Todos esperaron la respuesta de Tom, mirando como servía leche en un vaso de cristal.
-No –refunfuñó sin verme a la cara.
Con mucho orgullo se sentó junto a mí de una manera brusca sin ni siquiera mirarme al rostro. Tomó su vaso de leche hasta terminárselo y con mucho cuidado se acercó a mi oído y me dijo:
-Tienes suerte de que no sea rencoroso.
Dicho esto lo volteé a verlo a los ojos y se echó a reír.
Por más que traté de verle el lado bromista a su “comentario” no le vi nada gracioso. Me sentí incomoda.
-Tranquila Neily –me tomó del hombro y me acercó a él- sé que te tuviste una mala noche y no quiero ser otro problema para ti.
Qué raro, pensé mientras miraba a Tom atónita como sonreía de oreja a oreja. ¡Seguro Alex le dio una buena cogida! Dije irónica soltando una carcajada.
-¿Me perdí de algo? –insinuó Georg con una mirada extraña mientras elevaba su mirada hacia el de nosotros.
Tom se quedó con la boca abierta, quedando con las palabras en el aire. Pues en cuanto Bill atravesó la puerta, la cocina había quedado de nuevo silenciosa.
No dejo de admitir que aun estaba un poco enfada pero deseaba estar con él lo más que podía pues yo seguía enamorada de Bill.
-¡Buenos días! –saludó a los demás haciéndoles un gesto que casi no lo noté. Caminó lentamente hasta llegar a mí y robarme un beso en mi mejilla. Eso hizo que me diera calor.
-¡No puede ser! –exclamó Tom sorprendido- A pesar del tiempo que han estado juntos me sorprende que todavía te sonrojes.
¡¡¡¡Demasiado calor!!!
Ignoré las risitas que se acomodaron alrededor de mí comiendo más y más de mi cereal, aunque sabía que no era la gran cosa.
También deseé que por lo menos eso hiciera sonreír a Bill pero no fue así.
-Llegaré un poco tarde –anunció Bill mientras abría la puerta. Esta vez pude distinguir como Bill le guiñó el ojo a Tom mientras que a mí solo me dedico una débil sonrisa.
No pude ser, dije para mis adentros, aquello me estaba afectando emocionalmente. Ni siquiera podía decirme a donde iba por que si le preguntaba quizá se enojaría. ¿Acaso no podía acompañarlo? Tal vez pensaba que estaba enojada. Realmente lo necesito.
-¿Qué planes tienes para el día de hoy? –preguntó Georg luego de que mi gesto de tristeza me empezaba a invadir.
-La verdad no tengo idea –suspiré-.
¡Es verdad! No tenía nada de planes para el día de hoy. Por lo general en mi casa ya peleaba y Bill no tardaba ni un segundo en venir por mí. ¡Vaya! Como son las cosas, pedía a gritos mudarme con él para estar más cerca y nos hemos distanciado más.
-¿Podemos hacer planes? –insinuó Tom al ver que no dejaba de pensar. Mi mirada estaba totalmente perdida.
-¿A dónde ha ido Bill? –se me escapó esa pregunta cuando en realidad debió estar siempre en mis pensamientos.
¡Demonios!
Miré a mi alrededor maldiciendo en voz baja pero a la vez intentando leer sus miradas. No era tan estúpida como para no saber que algo pasaba y solo ahí me di cuenta de que algo no andaba bien. Los tres se miraron sospechosamente esperando que uno de ellos respondiera. Pero cometieron el fatal error de decir al mismo tiempo respuestas diferentes.
-Con David –comentó Tom un poco nervioso.
-Comprar zapatos –le siguió Georg.
-El carro está fallando –finalizó Gustav dándose cuenta que se habían descubierto.
Ellos mismos descubrieron a Bill. De seguro…..estaba con otra…
El miedo me invadió de pies a cabeza y me hizo levantar de mi silla automáticamente.
-Pensándolo bien –me esforcé tanto en que mi voz no se quebrara y traté mucho en disimular que nada me ocurría- tenía pensado ir a visitar a un amiga.
-¿A quién? –Tom sabía exactamente que no tenía a nadie para poder platicar y llorar. Aliz había desaparecido y no había nadie en quien pudiera confiar.
-Aliz –mentí y me fui directamente a mi cuarto intentando no caerme y tropezarme. Mis piernas débiles y mi corazón latiendo a toda velocidad me hacían perder mi equilibrio pero aun así luché.
Salí de la casa con mucha tranquilidad como naturalmente lo hacía.
-Christopher –llamé a mi chofer quien anteriormente lo había sido cuando Bill no podía traerme-.
-¿Hacia dónde? –preguntó una vez que habíamos salido acompañados de dos guardaespaldas.
Suspiré mirando la ventanilla pensando en donde podría ser mi primera parada. No tenía ganas de estar sola, quería que alguien me escuchara, que alguien pudiera llorar conmigo…..Lizzi.
-Christopher –sonreí- ya sé cuál será la primera parada.
-Así es como quieren las cosas –grité furiosa. No esperaba una respuesta puesto que no iban a tener el coraje alguno para decírmelo.
-No –intervino mi madre aun más furiosa- es lo que tú has escogido.
-Esperaba un mejor momento para despedirme. Nunca lo pensé de esta forma.
Mi madre cerró su boca inmediatamente. Me confundí un poco por no haber proferido palabra alguna, simplemente trataba de no llorar frente a mí. ¿Acaso me estaba perdiendo de algo?
-Señorita Neily –escuché una voz cercas de la sala. No pude creer lo que mis ojos veían. Era uno de los que cuidaban a Bill, un tipo alto, gordo y fuerte. Venía vestido de traje con unos lentes oscuros. –Bill me ha pedido que recogiera sus cosas para llevarla a su nuevo hogar.
¡¡Qué!! Cobarde fue la única palabra que pude pensar de Bill en ese momento. Ni siquiera pude atreverme a mirar a mis padres de toda la vergüenza que sentía. Un fuerte nudo se acumuló en mi garganta rápidamente y dejé que el coraje cesara.
Tragué saliva antes de dar indicaciones al tipo a quien era el único que podía mirar bien.
-Estaré en diez minutos –respondí pausada para que mi voz no se quebrara.
Corrí desesperada a mi cuarto sin dejar de creer como era posible que esto me sucediera a mí.
Mi vientre nunca me había dolido como ese dia. Incluso me asusté tanto que intenté calmarme dejándome caer por completo sobre mi cama. Me detuve a mirar mi habitación con tanta tristeza. ¿Porqué me dolia separarme de mis padre? Era algo que ya había hecho anteriormente. Me había alejado de mi madre sin ningún problema, me había alejado de mi padre sufriendo un poco pero al final lo superé.
Quizás eme costaba trabajo ahora que mis padres estaban más unidos que nunca. Quizás este dolor deje de cesar y pueda superar lo mismo.
Preocuparme, enojarme o lo que sea le está haciendo más daño a mi bebe. Ya no quiero sufrí más.
No proferí palabra alguna con mis padres. Simplemente me marché en silencio luego de que un baño con agua caliente me hiciera tranquilizarme mejor. Al subir al carro otro nudo en la garganta se había formado. No quise hacerlo notar para que no se preocuparan. Pero solo en ese momento pude ver sus rostros tristemente. “Su única hija se estaba yendo”
“lo lamento” dije en mis pensamientos mientras una lagrima se desbordaba sobre mi mejilla. Ya era de noche como para que mis padres pudieran notarlo.
Podía ver aquellas figuras paradas sobre la puerta mirando detenidamente como su hija se marchaba. Eso me dolió más a mí.
-¡Bienvenida Neily! –me recibió David con un abrazo con quien solo pude responderle “gracias” luego de que una sonrisa seca apagara todo su energía positiva.
Tom no se atrevió a voltearme a ver a la cara. Miraba la televisión pasando de un canal a otro. Incluso fingió no verme para que esto no se le hiciera más difícil.
-¡Neily! –se acercó a mi Georg. Mi querido Georg. Quería llegar a él y abrazarlo fuertemente para contarle todas mis penas, pero simplemente sonreí seca. –Estoy seguro de que le diste una buena paliza.
¡Vaya! Tom les había contado rápidamente lo sucedido. Todos parecían estar felices excepto Tom y …..
Ahí estaba parado junto a Tom mirándome de la forma más escalofriante, quieto con una sonrisa que apagó toda la ilusión.
No lo saludé. Seguí al tipo que ayudaba por mis maletas hasta mi cuarto. Bill también me siguió.
-Gracias –agradecí con el nudo en la garganta intentando no pensar en el dolor. El tipo alto se marchó sin decir absolutamente nada dejándome a solas con él.
Bill cerró la puerta de mi habitación cautelosamente. Fingí no notarlo mirando mi habitación que hacía años que había estado aquí. Como la primera vez.
Todo estaba en su lugar, casi podía jurar que incluso la cama estaba como la dejé.
-Tom me dijo lo sucedido –escuché como soltaba una carcajada.
Nunca debió recordarme porqué estaba molesta con él desde la mañana.
-¿Te causa gracia? –le pregunté atreviéndome a mirarlo a la cara.
-Un poco –respondió sincero.
-A mi no –intenté que mi voz no se alzara pero no pude evitarlo- En mi primer lugar, tú debiste estar conmigo, no Tom, en segunda, eres un cobarde y un imbécil.
-Tenía cosas que hacer.
-Se presentó un problema y tuve que ir.
-Eso no justifica nada. Debiste haberme avisado.
Bill volvió a sonreír y eso me causo más coraje.
-¿Sabes lo que acabas de hacer el día de hoy?
Bill me miró por leves segundo y después bajó la mirada.
-Te hice un favor.
-¡Eres un cobarde! –le grité- ni siquiera te pones a pensar todo lo que esto me provoca. El sentimiento que me da que no estés conmigo cuando lo necesito. Que no te importe.
Solté en llanto mientras me abalanzaba en mi cama.
-Ni siquiera pude despedirme bien de ellos –le lloré más.
Durante un momento pensé que se marcharía sin decirme nada. Solo escuchaba el suave viento acariciar lentamente la ventana. Deseé ser viento para poder volar y sentirme libre de poder hacer lo que quiera sin problema de nada.
-No llores –me calmó tomándome por los hombros. Llegó hasta a mí para besarme la mejilla. Y eso me tranquilizó.
Me atreví a mirarlo a los ojos, quise cerciorarme de que en realidad lo conocía.
-A veces te desconozco…..
Escupí aquello que me molestaba desde hace tiempo.
De pronto sus ojos se abrieron bruscamente levantándose de inmediato. Solo me miró una vez más, tal vez esperando a que me retractara, pero no lo hice. Así que se marchó sin decirme nada.
Cerré los ojos en busca de hallar mi paz interna……solo tranquilidad.
Justo como pensé, Bill y yo no habíamos dormido la primera noche. Pero era algo que no me dolía. Supongo que imaginaba que habría un problema “como siempre” y al final de cuentas saldríamos peleados.
-¡Buenos días! –cantó Georg animado mientras me servía un poco de cereal- ¿Qué tal tu primera noche?
Suspiré. Eso fue una respuesta para Georg, por lo que no volvió a preguntar.
-¿Al menos dormiste bien toda la noche?
O pensé que no volvería preguntar, pero solo me limité a mi cereal.
-Buenos días –saludó Gustav como todos los días……serio.
Siempre que podía me mantenía alejada de Gustav y algunas veces inclusive pensaba que todavía sospechaba de mí.
De acuerdo, de un momento a otro yo tuve la culpa pero ¿Todos cometemos errores o no?
La cocina en vez de mantenerse un poco más alegré se torno más silencioso e incomodo. No pude elevar mis miradas a las dos personas que desayunaban junto a mí con sus miradas llenas de pensamientos.
Comí un poco más de mi cereal tratando de ignorar lo incomodo. Solo después de que Gustav apareciera, Tom atravesó esa puerta como de rayo y no saludó.
Supuse que aun estaba molesto por lo de anoche.
-¿Ya te dije que lo lamento? –mi comentario al final de cuenta terminó siendo una pregunta.
Todos esperaron la respuesta de Tom, mirando como servía leche en un vaso de cristal.
-No –refunfuñó sin verme a la cara.
Con mucho orgullo se sentó junto a mí de una manera brusca sin ni siquiera mirarme al rostro. Tomó su vaso de leche hasta terminárselo y con mucho cuidado se acercó a mi oído y me dijo:
-Tienes suerte de que no sea rencoroso.
Dicho esto lo volteé a verlo a los ojos y se echó a reír.
Por más que traté de verle el lado bromista a su “comentario” no le vi nada gracioso. Me sentí incomoda.
-Tranquila Neily –me tomó del hombro y me acercó a él- sé que te tuviste una mala noche y no quiero ser otro problema para ti.
Qué raro, pensé mientras miraba a Tom atónita como sonreía de oreja a oreja. ¡Seguro Alex le dio una buena cogida! Dije irónica soltando una carcajada.
-¿Me perdí de algo? –insinuó Georg con una mirada extraña mientras elevaba su mirada hacia el de nosotros.
Tom se quedó con la boca abierta, quedando con las palabras en el aire. Pues en cuanto Bill atravesó la puerta, la cocina había quedado de nuevo silenciosa.
No dejo de admitir que aun estaba un poco enfada pero deseaba estar con él lo más que podía pues yo seguía enamorada de Bill.
-¡Buenos días! –saludó a los demás haciéndoles un gesto que casi no lo noté. Caminó lentamente hasta llegar a mí y robarme un beso en mi mejilla. Eso hizo que me diera calor.
-¡No puede ser! –exclamó Tom sorprendido- A pesar del tiempo que han estado juntos me sorprende que todavía te sonrojes.
¡¡¡¡Demasiado calor!!!
Ignoré las risitas que se acomodaron alrededor de mí comiendo más y más de mi cereal, aunque sabía que no era la gran cosa.
También deseé que por lo menos eso hiciera sonreír a Bill pero no fue así.
-Llegaré un poco tarde –anunció Bill mientras abría la puerta. Esta vez pude distinguir como Bill le guiñó el ojo a Tom mientras que a mí solo me dedico una débil sonrisa.
No pude ser, dije para mis adentros, aquello me estaba afectando emocionalmente. Ni siquiera podía decirme a donde iba por que si le preguntaba quizá se enojaría. ¿Acaso no podía acompañarlo? Tal vez pensaba que estaba enojada. Realmente lo necesito.
-¿Qué planes tienes para el día de hoy? –preguntó Georg luego de que mi gesto de tristeza me empezaba a invadir.
-La verdad no tengo idea –suspiré-.
¡Es verdad! No tenía nada de planes para el día de hoy. Por lo general en mi casa ya peleaba y Bill no tardaba ni un segundo en venir por mí. ¡Vaya! Como son las cosas, pedía a gritos mudarme con él para estar más cerca y nos hemos distanciado más.
-¿Podemos hacer planes? –insinuó Tom al ver que no dejaba de pensar. Mi mirada estaba totalmente perdida.
-¿A dónde ha ido Bill? –se me escapó esa pregunta cuando en realidad debió estar siempre en mis pensamientos.
¡Demonios!
Miré a mi alrededor maldiciendo en voz baja pero a la vez intentando leer sus miradas. No era tan estúpida como para no saber que algo pasaba y solo ahí me di cuenta de que algo no andaba bien. Los tres se miraron sospechosamente esperando que uno de ellos respondiera. Pero cometieron el fatal error de decir al mismo tiempo respuestas diferentes.
-Con David –comentó Tom un poco nervioso.
-Comprar zapatos –le siguió Georg.
-El carro está fallando –finalizó Gustav dándose cuenta que se habían descubierto.
Ellos mismos descubrieron a Bill. De seguro…..estaba con otra…
El miedo me invadió de pies a cabeza y me hizo levantar de mi silla automáticamente.
-Pensándolo bien –me esforcé tanto en que mi voz no se quebrara y traté mucho en disimular que nada me ocurría- tenía pensado ir a visitar a un amiga.
-¿A quién? –Tom sabía exactamente que no tenía a nadie para poder platicar y llorar. Aliz había desaparecido y no había nadie en quien pudiera confiar.
-Aliz –mentí y me fui directamente a mi cuarto intentando no caerme y tropezarme. Mis piernas débiles y mi corazón latiendo a toda velocidad me hacían perder mi equilibrio pero aun así luché.
Salí de la casa con mucha tranquilidad como naturalmente lo hacía.
-Christopher –llamé a mi chofer quien anteriormente lo había sido cuando Bill no podía traerme-.
-¿Hacia dónde? –preguntó una vez que habíamos salido acompañados de dos guardaespaldas.
Suspiré mirando la ventanilla pensando en donde podría ser mi primera parada. No tenía ganas de estar sola, quería que alguien me escuchara, que alguien pudiera llorar conmigo…..Lizzi.
-Christopher –sonreí- ya sé cuál será la primera parada.
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Cap 6
Cap. 5.- Agua y Aceite
miércoles, 25 de mayo de 2011
-No puedes estar hablando en serio –llegó furiosa a mi lado junto con una bolsas de mandado. Las dejó caer con brusquedad y comenzó a dar vueltas de un lado a otro.
Era sin duda algo que en realidad nunca esperaba. ¿Qué podía hacer? Solo podía quedarme congelada junto con mi padre mientras esperaba el largo sermón de mi madre.
“Dile algo a tu hija Harold” escuchaba eso en mi mente. Podía apostar mi vida a que eso lo diría.
-Esto es el colmo, no podrás tu sola –refunfuñó mientras se aferraba fuertemente al fregadero.
-Tu hija ya está muy grande –intervino mi padre un poco atemorizado- déjala.
-No –negó pegando un fuerte grito- no sabes en lo que te estás metiendo. Vivir junto con una persona y más siendo tan famosa te hará la vida imposible.
-Lo amo –me defendí mientras una lagrima se deslizaba por mi mejilla.
Ella no podía entender mi situación y lo peor de todo es que no me comprendía.
-No. No dejaré que cometas una estupidez.
-Tú comenzaste con esto. Tú y tus problemas hacia con Bill y conmigo.
-Él no es un buen esposo para ti. ¿Por qué no entiendes esa parte?
¿Qué parte tenía que entender? Yo amaba a Bill y eso era suficiente para irme con él. Tendríamos una hija en el cual lo único mejor para los tres era estar juntos siempre. Ella era la que no podía entenderme.
Sin desearlo mi cuerpo se encogió y mis manos se hicieron puños.
Ya estaba hecho un desastre, podía sentir miles de lágrimas pasar una y otra vez por mi mejilla y esto no paraba.
-Lo lamento…pero ya no puedes hacer nada al respecto –tragué saliva poniéndome de pie- mi decisión ya está tomada.
Antes de poder irme del lugar, mi madre me miró llena de sufrimiento llorando sin dejar de mirarme.
-No quiero que sufras….
Su voz se quebró totalmente y corrió a dar en los brazos de mi padre. Yo también hubiera deseado que Bill estuviera conmigo, pero no estaba. Por esa misma razón debíamos de estar juntos.
*****
Toda la tarde la había pasado encerrada en mi habitación. Ninguno de los dos se atrevía ni siquiera a tocar. Ya no sentían la necesidad de llegar a castigarme o incluso a no dejarme salir. Incluso yo misma sentía que no tenía la necesidad de cumplir las normas. Todo eso se perdió instantáneamente.
No me sorprendió que Bill marcara mi celular para saber cómo estaba. Aunque el desconociera lo sucedido de hoy.
-Hola –me saludó.
Por el simple hecho de escuchar su voz hizo que se me viniera todo aquello en la mente. La pelea de mis padres. Por lo que deseé estar solo con él y más en estos momentos en los que más sola en esto. Sin duda el mudarme con él cada vez me estaba gustando.
-Hola –le saludé mientras la garganta se me desgarraba poco a poco. Intenté fingir que estaba bien pero él pudo notarlo enseguida.
-¿Qué sucedió, de nuevo has peleado con ellos verdad?
-Ya se los dije….
-¿Y como reaccionaron?
Volteé a mil lados con tal de olvidar la desgarradora escena. Aquello me provocaba un sentimiento y quería llorar con todas mis fuerzas, pero me contuve.
-Ya te imaginaras –dije cortante. No me era fácil explicárselo, pues saldría llorando.
-Quiero compensarte todo –dijo- mañana te llevaré a comprarte ropa y todo lo que te haga falta. Mañana mandaré por tus cosas para que las traigan al estudio.
¡Qué fácil! Pensé mientras planeaba mi día para mañana.
-No te esfuerces tanto –bufé- podría hacerte daño- puse mis ojos en blanco.
-Es lo mejor –respondió seco- te veo mañana.
El coraje volvió a correr por mis venas haciendo lanzar el celular con mucha fuerza hacia la pared.
No sentí su apoyo, no sentí su propósito, no sentí nada. ¿Qué caso tenía llamar? Si de todos modos yo iba hacer el trabajo sucio. Era fácil mandar a los demás, pero si él lo puede hacer porque no hacerlo juntos. Cuanto hubiera deseado decirles que me mudaría acompañado de él. Que fuera Bill quien les diera la noticia. Pero no, cobardemente se escondía.
Nunca en mi vida había llorado como en tal momento. Fue una noche terrible y llena de pesar. No podía hablar con nadie porque sentía que todas las puertas estaban cerradas para mí. Ni siquiera una amiga.
Me volví a hundir en mis propios pensamientos hasta llegar en la mañana siguiente. Nada mejor que salir de compras para olvidar los problemas.
Mis ojos se abrieron rápidamente mientras mi mente trabajaba rápidamente para recordar todos mis problemas. Está mañana no me sentía normal. Las maletas que empaqué anoche justo después de colgar con mi pequeña y corta plática con Bill me dieron más ganas de mudarme. Aun estaba ropa sobre una silla que se colocaba justo en frente de mi cama. Ahí descansaba mucho más ropa de la que pude haber imaginado y es que el cansancio fue un punto débil y no me ayudaba mucho el que mis ojos estuvieron secos de tanto llorar.
Los tomé con cuidado y lo coloqué suavemente hasta la maleta pequeña. Aproveché para yo misma colocarme una ropa. Que importaba si me veía bien, si de todos modos mi barriga estorbaba un poco.
-¡Neily! –gritaron desde abajo. Esa voz era de mi padre.- te buscan en la puerta.
Que raro. Pensé en ese momento. Bill no me ha pitado con su clac son ni mucho menos hacerme una llamada perdida. También jamás se animaba a tocar por la puerta por los problemas que tenia con mis padres.
Bajé rápidamente para entender cómo era posible todo esto.
-¿Tom? –mi pregunta floreció rápidamente por toda la casa. Fue entonces cuando mis padres supieron que en verdad no me lo esperaba.
-Así es nena –me guiñó el ojo y se acercó hacia a mí.
Me tomo del brazo aprovechando que mi mente aun no terminaba de procesar aquello. ¿Qué hacía Tom aquí?
-Espera –le pedí después de que había logrado sacarme de mi casa- ¿Qué haces aquí? Se suponía que Bill vendría.
-Losé -chasqueó con la lengua lo cual me hizo enfurecerme. Otra vez Bill lo hizo de nuevo- Bill está bastante ocupado y me hizo venir por ti para hacer las compras.
-No –pegué un fuerte grito. No le impedí a mi furia que me esparciera hasta sentir la necesidad de dejar a Bill. ¿Porqué me hacia esto?
-Vamos –me rogó- nos divertiremos mucho.
-No sabes nada así que mejor cierra la boca.
-De acuerdo –sus manos se levantaron como quien se rinde ante la policía. –es mi hermano gemelo ¿Por qué habría de saberlo? –me envió una indirecta que casi le daba un buen golpe. –pero no te rogaré. Te dejaré que pases una linda tarde con tu familia.
¡Maldición! Tom sabía exactamente que hoy más que nada no deseaba estar con ellos. No me quedaba remedio, tenía que ir con él a la fuerza.
-Está bien –gruñí y me volví hacia mi casa para tomar celular y llaves. Solo eché un vistazo a las maletas que estaban colocadas sobre mi cama.
-Te divertirás –me prometió una vez que abrochaba mi cinturón de seguridad- será como una de esas tardes que ríes y compras.
Pude ver por el retrovisor como dos personas con gafas oscuras y gordos nos seguían detrás de nosotros. Venían en un auto negro de un modelo muy genial.
-No te preocupes –se apresuró a decir Tom al no ver que les quitaba la mirada de encima- vienen con nosotros. David ya nos ha puesto un castigo por cada vez que no llevemos a alguien con nosotros.
-Yo llevaba a Bill –bromee seria sin esperar ninguna carcajada de ambos. Lo miré seriamente.
-Creo que sabes a lo que me refiero –se aguantó la risa y luego de eso tragó saliva.- No te he contado la mejor parte del día.
-¿Cuál? –fingí no estar interesada.
Jamás en toda mi vida había visto a Tom de esa manera. Su risa nerviosa me hizo perder los estribos, tanto que no sabía si estaba bien haberme ido de la casa.
-¿Qué ocurre? –insistí un poco nerviosa.
-Primero que nada –se detuvo precipitadamente para tomar aire- déjame explicarte.
Eso ya no me sonaba nada bien. Supe que me enfadaría.
-¡Tom!
-Bill apenas me avisó está mañana y yo ya tenía un compromiso.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? Me lo hubieras dicho antes de salir de casa.
-No –negó rápidamente aunque muy nervioso- no quise crearle más problemas a ustedes.
-¿Desde cuándo piensas así? Es raro que le hagas favores y que te preocupes por los problemas de Bill.
Casi soltaba una carcajada pero me aguanté.
-Quise ayudarlo –respiró profundo- así que decidí llevarme a ambas.
-¿Ambas?.....te refieres a….
¡¡¡¡Su novia!! Estoy segura que se trataba de ella. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Ahora?
-Se trata de ella verdad –le grité dejando muy abajo el sonido de la radio.
No pude hablar más, puesto que justo en ese momento el auto de Tom se detuvo. Ahí una chica nos esperaba. Aquella chica era delgada de tés blanca, cabello castaño y ondulado. Muy buen cuerpo y un poco alta.
Tom le hizo una seña que yo apenas pude mirar, pues me quedé un poco impresionada al saber que ella era la tal “Alex”
Se subió a la parte de atrás saludando amigablemente algo que yo no hice.
-Tú debes ser la famosa “Neily” –saludó aquella chica intentando ser amigable con una sonrisa de oreja a oreja.
Así es……famosa, pensé en mis adentros.
-Y tu eres la tal “Alex” –mi actitud no fue la misma y al juzgar por su rostro creo que no le pareció.
Vaya que sí era una diferencia muy grande si comparábamos dos palabras como “famosa y tal” sin duda sonaba mejor “famosa”
Alex se quedó sin palabras seguramente porque pensó lo mismo que yo.
-Perdón –se disculpó Tom de una manera torpe- no las presenté; Alex ella es Neily.
-¡Mucho gusto! –se arrimó para extenderme su mano pero incluso fingí que no la miraba.
-Intento ser amable…de veras –le susurró a Tom pero pude escucharlo muy claramente.
El silencio hizo de las suyas haciendo pasar un momento incomodo para los tres aunque a mí no me importaba mucho.
-Alex espero que no te importe que vayamos a comprar ropa para Neily.
-No me molesta en lo absoluto.
Yo estaba más que indignada al no poderle reclamar en frente de ella todo lo que Tom se merecía en ese momento. Mi plan hoy más que nada era intentar no verla ni siquiera de vista. Fingir que ella no estuviera con nosotros.
-¡Llegamos! –anunció Tom muy contento al no tener que lidiar el momento incomodo durante todo el largo camino.
Le ayudó a bajarse de la camioneta y yo no me bajé hasta que él hiciera lo mismo.
Lo había logrado, fingí que ella no estaba aquí.
Me reí un poco al ver como la dejaba solo para ayudarme más a mí.
Comenzamos las compras y verlos tomados de la mano me daba un poco de coraje.
-Tom, necesito que me ayudes con algunas bolsas –le pedí humildemente.
Tom no lo negó y me ayudó con las bolsas cargadas de ropa que ya había comprado.
-Lo lamento –llegué hacia ella. Aunque no me importara mucho sí sabía a lo que me refería.
-Quieren algo de tomar –se ofreció Tom al ver una cafetería en la enorme plaza que nos rodeaba en ese momento.
-¿Por qué no? –afirmé sonriendo de oreja a oreja.
Fui la primera en llegar a la cafetería y me sorprendió un poco al ver que ellos no llegaban. Me voltee rápidamente solo para darme cuenta que ella venía susurrándole al oído. “De seguro estaría hablando mal de mí”
-Neily por que no vas pidiendo en lo que llevamos estás cosas –sus manos se alzaron hasta la altura de mi rostro mostrando las bolsas de ropa-.
La palabra “llevamos” me sonó a manada. Aquel se iba a ir con la tipa. Una buena excusa para zafarme de mí. No se lo permitiría.
-¿Me dejarás sola? –chillé.
-No nos tardaremos –me tranquilizó- está aquí el estacionamiento.
-Me dejarás sola –le chillé más fuerte- ¿Qué no puede hacerlo ella sola?
Me mordí la lengua al quererme reír por la reacción de Alex. Sus ojos se abrieron de par en par mientras esperaba que sus labios profirieran alguna obscenidad por lo que decía yo.
-Que te pasa, son tus cosas –respondió ella un poco enojada. Cada vez subía el tono de su voz- debería agradecernos por todo el favor que te estamos haciendo….
-Alex –la calló Tom y le hizo una mirada suplicando- ¿Por favor?
No sé cómo pero lo había logrado. Miró a Tom y tuvo compasión arrebatándole las bolsas con furia y se encamino rápidamente al estacionamiento.
-Neily no seas tan egoísta con ella –me suplicó Tom- ella también está haciendo todo lo posible. Es de carácter fuerte y tú tampoco tienes el carácter paciente. No me gustaría saber cómo terminarán las cosas si las dos hacen las paces.
-No te prometo nada Tom.
No tardó mucho tiempo para saber que la tendría a esa justo al lado de mí.
Su café frio le llegó muy rápido en lo que estaba tomando asiento. Se acercó la silla, quien le quedaba muy retirada. Al momento de acercarse su silla chocó contra la mesa haciendo su café se tirara justo encima de mí.
-Lo siento –se levantó inmediatamente.- No fue mi intención.
Eso no ayudó en lo absoluto. Esperaba que Tom la regañara pero solo pude ver como sus manos cubrían todo su rostro.
Yo me levanté de la silla enfurecida ignorando las miles de miradas hacia a mí. Cuando la miré a ella solo podía ver como una risita se le escapaba.
-La guerra comienza ahora –le susurré a ella para que Tom no escuchara. Aunque después me pareciera estúpido porqué de todos modos ella lo sabría.
-Creí que la guerra había comenzado.
Me reí un poco al no saber con quién se metía ella. Nuestro juego comenzó.
Llegué al baño corriendo para cambiarme y estrenar una de las ropas que me había comprado. Algo se me ocurriría para mi venganza.
-Quiero una nieve –le insistí a Tom- se me ha antojado.
Tom me lo concedió mientras que la mirada de Alex no me perdía de vista.
*La nieve terminó estando en el trasero de Alex al querer sentarse.
*Un chicle terminó pegándose en mi cabello sin entender cómo.
*La ropa de Alex desapareció instantáneamente al querer probarse ropa.
*Un mechón de mi cabello fue cortado por accidente.
*Alex quedó empapada de los pies a la cabeza al caer espantosamente a una fuente mientras que yo solo terminé enlodada gracias a que un niño me hizo el favor de aventarme bolas de eso. Aunque supe que Alex le había pagado a ese niño.
Cuando entramos a la camioneta, mojadas y enlodadas no pudimos evitar pelearnos y discutir hasta revolcarnos en los sillones de Tom. Terminamos enlodadas y empapadas. Jaloneábamos el cabello porqué no podía golpearla, ni ella a mí a causa de mi barriga.
-Estúpida –me gritaba Alex jalándome el cabello.
-No, tu eres la estúpida –le respondía de la misma forma tomándola por la cabeza hasta estamparla contra los sillones.
No me sorprendió que en nuestra pelea Tom no dijera absolutamente nada. Solo recuerdo que dijo “Mis sillones” y después de eso quedaron totalmente sucios.
Pero no hizo nada por detenernos. Lo único que hizo fue encender la camioneta y manejar de la peor manera.En los afrenones caíamos pero solo para respirar y continuar con nuestra pelea. Casi podía describir la escena como Agua y Aceite. Algunas veces me daba risa por lo que estábamos haciendo pues no sentía algún morete. Solo sentía mi cuerpo sucio y pegajoso.
-Llegamos –gritó Tom furioso- Alex bájate del auto.
De algún modo me detuve y me alejé de ella.
No pude soltar una carcajada al verla toda desgreñada con lodo en todo su cuerpo y las bolas de nieve pegado en su trasero. Ella tampoco pudo evitar soltar una carcajada.
Al mirarnos al espejo ambas soltamos una carcajada que abundó por toda la camioneta.
¿Qué era esto? Me pregunté al ver que no era tan mala como esperaba. Las dos actuamos de la misma manera y no nos importó. Acaso tendría razón Bill en parecernos física e interiormente. No lo sé pero supe enseguida que me había divertido muchísimo.
-Lo siento –ambas hablamos al mismo tiempo-.
Nos miramos fijamente soltando de nuevo más carcajadas hasta llegar a abrazarnos.
-Espero volver a vernos –se despidió con la mano sin abandonar la enorme sonrisa de su rostro. Yo tampoco podía borrarla a pesar de que ella ya se había ido y que yo ya me encontrara en mi hogar.
Tom me abrió la puerta que no pude describir a ciencia cierta lo que sentía en ese momento. Todo me indicaba que estaba en neutro.
Ninguno de los dio absolutamente nada. Incluso antes de entrar por aquella puerta de la que antes era mi hogar –por así decirlo- me atreví a voltear donde Tom no se había movido del lugar. No pude evitar soltar varias carcajadas a causa de rostro horrorizado de Tom. Mirando los hermosos sillones de cuero manchados de lodo. Después de escuchar mis carcajadas hubiera deseado no haber volteado, pues en mi vida Tom me había visto de la forma en la que lo hizo. Su rostro furioso, apretando los dientes fuertemente con dos puños a sus costados.
Me metí de inmediato como si eso evitara más problemas. Cerré la puerta recargándome en ella como si estuviera deteniendo la puerta.
Al principio no me había dado cuenta que la casa me parecía fría y sola. Luego de parpadear dos veces me di cuenta que mis padres estaban de pie junto a la escalera acompañado de rostros serios que miraban atónitos a una Neily desgreñada.
Caminé lentamente hacia ellos hasta ver claramente el rostro perfecto de mi madre. Entonces llegaron a mí dos suposiciones que para mí ya eran bastante aceptables. Una de ellas era que mi madre había llorado mucho, puesto que tenía los ojos rojos e hinchados.
-¿Qué sucede? –me atreví a preguntar mientras el silencio se adueñaba de mí.
Mi segunda suposición fue que pudo haber una pelea entre ellos. No me hubiera sorprendido el día en que me dijeran “se canceló la boda”.
A pesar del momento largo y silencioso que había entre nosotros, ninguno se atrevió a responderme.
Una mirada triste y extrañada fue lo que me respondió todo. Mi padre fijó la mirada hacia el suelo justo donde se encontraba la sala. Yo fijé también mi mirada.
Ahí se encontraban mis maletas. Todas las que había empacado se encontraban en la sala. Fue cuando todo comenzó a tener lógica. Eso era. ¡¡Me estaban corriendo de aquí!!
-Así es como quieren las cosas –grité furiosa. No esperaba una respuesta puesto que no iban a tener el coraje alguno para decírmelo.
-No –intervino mi madre aun más furiosa- es lo que tú has escogido.
-Esperaba un mejor momento para despedirme. Nunca lo pensé de esta forma.
Mi madre cerró su boca inmediatamente. Me confundí un poco por no haber proferido palabra alguna, simplemente trataba de no llorar frente a mí. ¿Acaso me estaba perdiendo de algo?
-Señorita Neily –escuché una voz cercas de la sala. No pude creer lo que mis ojos veían. Era uno de los que cuidaban a Bill, un tipo alto, gordo y fuerte. Venía vestido de traje con unos lentes oscuros. –Bill me ha pedido que recogiera sus cosas para llevarla a su nuevo hogar.
Era sin duda algo que en realidad nunca esperaba. ¿Qué podía hacer? Solo podía quedarme congelada junto con mi padre mientras esperaba el largo sermón de mi madre.
“Dile algo a tu hija Harold” escuchaba eso en mi mente. Podía apostar mi vida a que eso lo diría.
-Esto es el colmo, no podrás tu sola –refunfuñó mientras se aferraba fuertemente al fregadero.
-Tu hija ya está muy grande –intervino mi padre un poco atemorizado- déjala.
-No –negó pegando un fuerte grito- no sabes en lo que te estás metiendo. Vivir junto con una persona y más siendo tan famosa te hará la vida imposible.
-Lo amo –me defendí mientras una lagrima se deslizaba por mi mejilla.
Ella no podía entender mi situación y lo peor de todo es que no me comprendía.
-No. No dejaré que cometas una estupidez.
-Tú comenzaste con esto. Tú y tus problemas hacia con Bill y conmigo.
-Él no es un buen esposo para ti. ¿Por qué no entiendes esa parte?
¿Qué parte tenía que entender? Yo amaba a Bill y eso era suficiente para irme con él. Tendríamos una hija en el cual lo único mejor para los tres era estar juntos siempre. Ella era la que no podía entenderme.
Sin desearlo mi cuerpo se encogió y mis manos se hicieron puños.
Ya estaba hecho un desastre, podía sentir miles de lágrimas pasar una y otra vez por mi mejilla y esto no paraba.
-Lo lamento…pero ya no puedes hacer nada al respecto –tragué saliva poniéndome de pie- mi decisión ya está tomada.
Antes de poder irme del lugar, mi madre me miró llena de sufrimiento llorando sin dejar de mirarme.
-No quiero que sufras….
Su voz se quebró totalmente y corrió a dar en los brazos de mi padre. Yo también hubiera deseado que Bill estuviera conmigo, pero no estaba. Por esa misma razón debíamos de estar juntos.
*****
Toda la tarde la había pasado encerrada en mi habitación. Ninguno de los dos se atrevía ni siquiera a tocar. Ya no sentían la necesidad de llegar a castigarme o incluso a no dejarme salir. Incluso yo misma sentía que no tenía la necesidad de cumplir las normas. Todo eso se perdió instantáneamente.
No me sorprendió que Bill marcara mi celular para saber cómo estaba. Aunque el desconociera lo sucedido de hoy.
-Hola –me saludó.
Por el simple hecho de escuchar su voz hizo que se me viniera todo aquello en la mente. La pelea de mis padres. Por lo que deseé estar solo con él y más en estos momentos en los que más sola en esto. Sin duda el mudarme con él cada vez me estaba gustando.
-Hola –le saludé mientras la garganta se me desgarraba poco a poco. Intenté fingir que estaba bien pero él pudo notarlo enseguida.
-¿Qué sucedió, de nuevo has peleado con ellos verdad?
-Ya se los dije….
-¿Y como reaccionaron?
Volteé a mil lados con tal de olvidar la desgarradora escena. Aquello me provocaba un sentimiento y quería llorar con todas mis fuerzas, pero me contuve.
-Ya te imaginaras –dije cortante. No me era fácil explicárselo, pues saldría llorando.
-Quiero compensarte todo –dijo- mañana te llevaré a comprarte ropa y todo lo que te haga falta. Mañana mandaré por tus cosas para que las traigan al estudio.
¡Qué fácil! Pensé mientras planeaba mi día para mañana.
-No te esfuerces tanto –bufé- podría hacerte daño- puse mis ojos en blanco.
-Es lo mejor –respondió seco- te veo mañana.
El coraje volvió a correr por mis venas haciendo lanzar el celular con mucha fuerza hacia la pared.
No sentí su apoyo, no sentí su propósito, no sentí nada. ¿Qué caso tenía llamar? Si de todos modos yo iba hacer el trabajo sucio. Era fácil mandar a los demás, pero si él lo puede hacer porque no hacerlo juntos. Cuanto hubiera deseado decirles que me mudaría acompañado de él. Que fuera Bill quien les diera la noticia. Pero no, cobardemente se escondía.
Nunca en mi vida había llorado como en tal momento. Fue una noche terrible y llena de pesar. No podía hablar con nadie porque sentía que todas las puertas estaban cerradas para mí. Ni siquiera una amiga.
Me volví a hundir en mis propios pensamientos hasta llegar en la mañana siguiente. Nada mejor que salir de compras para olvidar los problemas.
Mis ojos se abrieron rápidamente mientras mi mente trabajaba rápidamente para recordar todos mis problemas. Está mañana no me sentía normal. Las maletas que empaqué anoche justo después de colgar con mi pequeña y corta plática con Bill me dieron más ganas de mudarme. Aun estaba ropa sobre una silla que se colocaba justo en frente de mi cama. Ahí descansaba mucho más ropa de la que pude haber imaginado y es que el cansancio fue un punto débil y no me ayudaba mucho el que mis ojos estuvieron secos de tanto llorar.
Los tomé con cuidado y lo coloqué suavemente hasta la maleta pequeña. Aproveché para yo misma colocarme una ropa. Que importaba si me veía bien, si de todos modos mi barriga estorbaba un poco.
-¡Neily! –gritaron desde abajo. Esa voz era de mi padre.- te buscan en la puerta.
Que raro. Pensé en ese momento. Bill no me ha pitado con su clac son ni mucho menos hacerme una llamada perdida. También jamás se animaba a tocar por la puerta por los problemas que tenia con mis padres.
Bajé rápidamente para entender cómo era posible todo esto.
-¿Tom? –mi pregunta floreció rápidamente por toda la casa. Fue entonces cuando mis padres supieron que en verdad no me lo esperaba.
-Así es nena –me guiñó el ojo y se acercó hacia a mí.
Me tomo del brazo aprovechando que mi mente aun no terminaba de procesar aquello. ¿Qué hacía Tom aquí?
-Espera –le pedí después de que había logrado sacarme de mi casa- ¿Qué haces aquí? Se suponía que Bill vendría.
-Losé -chasqueó con la lengua lo cual me hizo enfurecerme. Otra vez Bill lo hizo de nuevo- Bill está bastante ocupado y me hizo venir por ti para hacer las compras.
-No –pegué un fuerte grito. No le impedí a mi furia que me esparciera hasta sentir la necesidad de dejar a Bill. ¿Porqué me hacia esto?
-Vamos –me rogó- nos divertiremos mucho.
-No sabes nada así que mejor cierra la boca.
-De acuerdo –sus manos se levantaron como quien se rinde ante la policía. –es mi hermano gemelo ¿Por qué habría de saberlo? –me envió una indirecta que casi le daba un buen golpe. –pero no te rogaré. Te dejaré que pases una linda tarde con tu familia.
¡Maldición! Tom sabía exactamente que hoy más que nada no deseaba estar con ellos. No me quedaba remedio, tenía que ir con él a la fuerza.
-Está bien –gruñí y me volví hacia mi casa para tomar celular y llaves. Solo eché un vistazo a las maletas que estaban colocadas sobre mi cama.
-Te divertirás –me prometió una vez que abrochaba mi cinturón de seguridad- será como una de esas tardes que ríes y compras.
Pude ver por el retrovisor como dos personas con gafas oscuras y gordos nos seguían detrás de nosotros. Venían en un auto negro de un modelo muy genial.
-No te preocupes –se apresuró a decir Tom al no ver que les quitaba la mirada de encima- vienen con nosotros. David ya nos ha puesto un castigo por cada vez que no llevemos a alguien con nosotros.
-Yo llevaba a Bill –bromee seria sin esperar ninguna carcajada de ambos. Lo miré seriamente.
-Creo que sabes a lo que me refiero –se aguantó la risa y luego de eso tragó saliva.- No te he contado la mejor parte del día.
-¿Cuál? –fingí no estar interesada.
Jamás en toda mi vida había visto a Tom de esa manera. Su risa nerviosa me hizo perder los estribos, tanto que no sabía si estaba bien haberme ido de la casa.
-¿Qué ocurre? –insistí un poco nerviosa.
-Primero que nada –se detuvo precipitadamente para tomar aire- déjame explicarte.
Eso ya no me sonaba nada bien. Supe que me enfadaría.
-¡Tom!
-Bill apenas me avisó está mañana y yo ya tenía un compromiso.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? Me lo hubieras dicho antes de salir de casa.
-No –negó rápidamente aunque muy nervioso- no quise crearle más problemas a ustedes.
-¿Desde cuándo piensas así? Es raro que le hagas favores y que te preocupes por los problemas de Bill.
Casi soltaba una carcajada pero me aguanté.
-Quise ayudarlo –respiró profundo- así que decidí llevarme a ambas.
-¿Ambas?.....te refieres a….
¡¡¡¡Su novia!! Estoy segura que se trataba de ella. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Ahora?
-Se trata de ella verdad –le grité dejando muy abajo el sonido de la radio.
No pude hablar más, puesto que justo en ese momento el auto de Tom se detuvo. Ahí una chica nos esperaba. Aquella chica era delgada de tés blanca, cabello castaño y ondulado. Muy buen cuerpo y un poco alta.
Tom le hizo una seña que yo apenas pude mirar, pues me quedé un poco impresionada al saber que ella era la tal “Alex”
Se subió a la parte de atrás saludando amigablemente algo que yo no hice.
-Tú debes ser la famosa “Neily” –saludó aquella chica intentando ser amigable con una sonrisa de oreja a oreja.
Así es……famosa, pensé en mis adentros.
-Y tu eres la tal “Alex” –mi actitud no fue la misma y al juzgar por su rostro creo que no le pareció.
Vaya que sí era una diferencia muy grande si comparábamos dos palabras como “famosa y tal” sin duda sonaba mejor “famosa”
Alex se quedó sin palabras seguramente porque pensó lo mismo que yo.
-Perdón –se disculpó Tom de una manera torpe- no las presenté; Alex ella es Neily.
-¡Mucho gusto! –se arrimó para extenderme su mano pero incluso fingí que no la miraba.
-Intento ser amable…de veras –le susurró a Tom pero pude escucharlo muy claramente.
El silencio hizo de las suyas haciendo pasar un momento incomodo para los tres aunque a mí no me importaba mucho.
-Alex espero que no te importe que vayamos a comprar ropa para Neily.
-No me molesta en lo absoluto.
Yo estaba más que indignada al no poderle reclamar en frente de ella todo lo que Tom se merecía en ese momento. Mi plan hoy más que nada era intentar no verla ni siquiera de vista. Fingir que ella no estuviera con nosotros.
-¡Llegamos! –anunció Tom muy contento al no tener que lidiar el momento incomodo durante todo el largo camino.
Le ayudó a bajarse de la camioneta y yo no me bajé hasta que él hiciera lo mismo.
Lo había logrado, fingí que ella no estaba aquí.
Me reí un poco al ver como la dejaba solo para ayudarme más a mí.
Comenzamos las compras y verlos tomados de la mano me daba un poco de coraje.
-Tom, necesito que me ayudes con algunas bolsas –le pedí humildemente.
Tom no lo negó y me ayudó con las bolsas cargadas de ropa que ya había comprado.
-Lo lamento –llegué hacia ella. Aunque no me importara mucho sí sabía a lo que me refería.
-Quieren algo de tomar –se ofreció Tom al ver una cafetería en la enorme plaza que nos rodeaba en ese momento.
-¿Por qué no? –afirmé sonriendo de oreja a oreja.
Fui la primera en llegar a la cafetería y me sorprendió un poco al ver que ellos no llegaban. Me voltee rápidamente solo para darme cuenta que ella venía susurrándole al oído. “De seguro estaría hablando mal de mí”
-Neily por que no vas pidiendo en lo que llevamos estás cosas –sus manos se alzaron hasta la altura de mi rostro mostrando las bolsas de ropa-.
La palabra “llevamos” me sonó a manada. Aquel se iba a ir con la tipa. Una buena excusa para zafarme de mí. No se lo permitiría.
-¿Me dejarás sola? –chillé.
-No nos tardaremos –me tranquilizó- está aquí el estacionamiento.
-Me dejarás sola –le chillé más fuerte- ¿Qué no puede hacerlo ella sola?
Me mordí la lengua al quererme reír por la reacción de Alex. Sus ojos se abrieron de par en par mientras esperaba que sus labios profirieran alguna obscenidad por lo que decía yo.
-Que te pasa, son tus cosas –respondió ella un poco enojada. Cada vez subía el tono de su voz- debería agradecernos por todo el favor que te estamos haciendo….
-Alex –la calló Tom y le hizo una mirada suplicando- ¿Por favor?
No sé cómo pero lo había logrado. Miró a Tom y tuvo compasión arrebatándole las bolsas con furia y se encamino rápidamente al estacionamiento.
-Neily no seas tan egoísta con ella –me suplicó Tom- ella también está haciendo todo lo posible. Es de carácter fuerte y tú tampoco tienes el carácter paciente. No me gustaría saber cómo terminarán las cosas si las dos hacen las paces.
-No te prometo nada Tom.
No tardó mucho tiempo para saber que la tendría a esa justo al lado de mí.
Su café frio le llegó muy rápido en lo que estaba tomando asiento. Se acercó la silla, quien le quedaba muy retirada. Al momento de acercarse su silla chocó contra la mesa haciendo su café se tirara justo encima de mí.
-Lo siento –se levantó inmediatamente.- No fue mi intención.
Eso no ayudó en lo absoluto. Esperaba que Tom la regañara pero solo pude ver como sus manos cubrían todo su rostro.
Yo me levanté de la silla enfurecida ignorando las miles de miradas hacia a mí. Cuando la miré a ella solo podía ver como una risita se le escapaba.
-La guerra comienza ahora –le susurré a ella para que Tom no escuchara. Aunque después me pareciera estúpido porqué de todos modos ella lo sabría.
-Creí que la guerra había comenzado.
Me reí un poco al no saber con quién se metía ella. Nuestro juego comenzó.
Llegué al baño corriendo para cambiarme y estrenar una de las ropas que me había comprado. Algo se me ocurriría para mi venganza.
-Quiero una nieve –le insistí a Tom- se me ha antojado.
Tom me lo concedió mientras que la mirada de Alex no me perdía de vista.
*La nieve terminó estando en el trasero de Alex al querer sentarse.
*Un chicle terminó pegándose en mi cabello sin entender cómo.
*La ropa de Alex desapareció instantáneamente al querer probarse ropa.
*Un mechón de mi cabello fue cortado por accidente.
*Alex quedó empapada de los pies a la cabeza al caer espantosamente a una fuente mientras que yo solo terminé enlodada gracias a que un niño me hizo el favor de aventarme bolas de eso. Aunque supe que Alex le había pagado a ese niño.
Cuando entramos a la camioneta, mojadas y enlodadas no pudimos evitar pelearnos y discutir hasta revolcarnos en los sillones de Tom. Terminamos enlodadas y empapadas. Jaloneábamos el cabello porqué no podía golpearla, ni ella a mí a causa de mi barriga.
-Estúpida –me gritaba Alex jalándome el cabello.
-No, tu eres la estúpida –le respondía de la misma forma tomándola por la cabeza hasta estamparla contra los sillones.
No me sorprendió que en nuestra pelea Tom no dijera absolutamente nada. Solo recuerdo que dijo “Mis sillones” y después de eso quedaron totalmente sucios.
Pero no hizo nada por detenernos. Lo único que hizo fue encender la camioneta y manejar de la peor manera.En los afrenones caíamos pero solo para respirar y continuar con nuestra pelea. Casi podía describir la escena como Agua y Aceite. Algunas veces me daba risa por lo que estábamos haciendo pues no sentía algún morete. Solo sentía mi cuerpo sucio y pegajoso.
-Llegamos –gritó Tom furioso- Alex bájate del auto.
De algún modo me detuve y me alejé de ella.
No pude soltar una carcajada al verla toda desgreñada con lodo en todo su cuerpo y las bolas de nieve pegado en su trasero. Ella tampoco pudo evitar soltar una carcajada.
Al mirarnos al espejo ambas soltamos una carcajada que abundó por toda la camioneta.
¿Qué era esto? Me pregunté al ver que no era tan mala como esperaba. Las dos actuamos de la misma manera y no nos importó. Acaso tendría razón Bill en parecernos física e interiormente. No lo sé pero supe enseguida que me había divertido muchísimo.
-Lo siento –ambas hablamos al mismo tiempo-.
Nos miramos fijamente soltando de nuevo más carcajadas hasta llegar a abrazarnos.
-Espero volver a vernos –se despidió con la mano sin abandonar la enorme sonrisa de su rostro. Yo tampoco podía borrarla a pesar de que ella ya se había ido y que yo ya me encontrara en mi hogar.
Tom me abrió la puerta que no pude describir a ciencia cierta lo que sentía en ese momento. Todo me indicaba que estaba en neutro.
Ninguno de los dio absolutamente nada. Incluso antes de entrar por aquella puerta de la que antes era mi hogar –por así decirlo- me atreví a voltear donde Tom no se había movido del lugar. No pude evitar soltar varias carcajadas a causa de rostro horrorizado de Tom. Mirando los hermosos sillones de cuero manchados de lodo. Después de escuchar mis carcajadas hubiera deseado no haber volteado, pues en mi vida Tom me había visto de la forma en la que lo hizo. Su rostro furioso, apretando los dientes fuertemente con dos puños a sus costados.
Me metí de inmediato como si eso evitara más problemas. Cerré la puerta recargándome en ella como si estuviera deteniendo la puerta.
Al principio no me había dado cuenta que la casa me parecía fría y sola. Luego de parpadear dos veces me di cuenta que mis padres estaban de pie junto a la escalera acompañado de rostros serios que miraban atónitos a una Neily desgreñada.
Caminé lentamente hacia ellos hasta ver claramente el rostro perfecto de mi madre. Entonces llegaron a mí dos suposiciones que para mí ya eran bastante aceptables. Una de ellas era que mi madre había llorado mucho, puesto que tenía los ojos rojos e hinchados.
-¿Qué sucede? –me atreví a preguntar mientras el silencio se adueñaba de mí.
Mi segunda suposición fue que pudo haber una pelea entre ellos. No me hubiera sorprendido el día en que me dijeran “se canceló la boda”.
A pesar del momento largo y silencioso que había entre nosotros, ninguno se atrevió a responderme.
Una mirada triste y extrañada fue lo que me respondió todo. Mi padre fijó la mirada hacia el suelo justo donde se encontraba la sala. Yo fijé también mi mirada.
Ahí se encontraban mis maletas. Todas las que había empacado se encontraban en la sala. Fue cuando todo comenzó a tener lógica. Eso era. ¡¡Me estaban corriendo de aquí!!
-Así es como quieren las cosas –grité furiosa. No esperaba una respuesta puesto que no iban a tener el coraje alguno para decírmelo.
-No –intervino mi madre aun más furiosa- es lo que tú has escogido.
-Esperaba un mejor momento para despedirme. Nunca lo pensé de esta forma.
Mi madre cerró su boca inmediatamente. Me confundí un poco por no haber proferido palabra alguna, simplemente trataba de no llorar frente a mí. ¿Acaso me estaba perdiendo de algo?
-Señorita Neily –escuché una voz cercas de la sala. No pude creer lo que mis ojos veían. Era uno de los que cuidaban a Bill, un tipo alto, gordo y fuerte. Venía vestido de traje con unos lentes oscuros. –Bill me ha pedido que recogiera sus cosas para llevarla a su nuevo hogar.
Publicado por
Nayelitita
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Cap 5
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